Un rêve y Juan Pablo Villa conocían por separado a Luis Clériga, cabeza del sello Otono. Un día, cuenta Un rêve, “recibimos una invitación para colaborar con una canción para el compilado de aniversario de una película mexicana y decidimos invitar a Juan Pablo. Cayó a mi casa a grabar y de manera muy orgánica comenzamos este diálogo entre nuestros sonidos. Después hubo la intención de generar encuentros en vivo a los que hemos llamado ‘Meditaciones sonoras’, las cuales son improvisaciones en las que nos dejamos ir entre este diálogo”.
Así surgió I, trabajo de tres cortes, los dos primeros de más de 25 minutos de duración y el último cercano a los diez, en el que las atmósferas que Un rêve borda no son precisamente plácidas, aunque la presentación en bandcamp, lugar en donde está alojado el álbum, diga lo contrario (“procesos, gises, sonidos y cantos devocionales que emanan tranquilidad”).

Se trata de un rico tapiz sonoro que se mueve continuamente. La voz de Villa, multiplicada, expresa reposo en diferentes momentos, pero también puede volverse un quejido constante, como un ronroneo angustioso que luego se ve aplacado por sonidos ambientales (agua que fluye) o esa misma voz que, menos apasionada, emprende un cántico para después convertirse en una trompa humana, algo que sin duda pocos pueden hacer, pero a él parece dársele con facilidad.
“No proceso la voz de Juan Pablo, él se encarga de ello y en realidad sorprenden las múltiples expresiones y sensaciones que logra. Muchas veces, la dualidad entre su técnica y los procesamientos digitales y análogos que hago danzan tan bien que llegan a confundirse. Pero básicamente cada quien lleva su set por separado”, señala Un rêve, quien ahora se hace llamar Flores de Mezcalapa.
La meditación se grabó en el jardín “La mano”, dice, y “aunque fue un poco improvisada, permitió registrar esa magia que se vivió en aquel momento, un espacio de escucha y meditación en medio de la pandemia”.

Aunque la dupla las llama meditaciones –finalmente todo creador puede permitirse denominar a su trabajo como lo considere pertinente–, escucho esto como improvisaciones inmersivas, ambientales, en las cuales el tecladista ha tendido una alfombra sonora para que sobre ella se solace la privilegiada voz de Villa y éste utilice su garganta como un instrumento más.
En los ochenta, la música plácida, vacía, bonita, excesivamente bonita –obvio, había excepciones–, recibió el apelativo de new age y paulatinamente se le asoció con un hippismo trasnochado, plagado de cuarzos, cuencos, incienso, yoga y prácticas de meditación. Hace relativamente poco, esta corriente parece haber tomado un segundo aire, pero en esta renovación o resurgimiento, además de reconsiderarse a los exponentes de valía de esa primera oleada, se han sumado nuevos exponentes para ser tomados en cuenta, como Kaitlyn Aurelia Smith, Gigi Masin, Visible Cloaks o Gauassian Curve.
Sin embargo, I dista mucho de esos espacios puramente contemplativos. En él la luz penetra con increíble facilidad, pero jamás llega a iluminar el todo; aporta cierta claridad, pero luego de estos pasajes intermitentes, son las sombras las que se adueñan, aunque es preciso reconocer que si bien hay ocasiones en que estas “nubes” se posan bajo la luz e impiden su paso, su presencia está lejos de ser amenazante.
En los cortes que dan cuerpo a este proyecto, esos claroscuros se manifiestan de manera expansiva, se despliegan paulatinamente y tanto Un rêve como Villa tienen tiempo para explayarse, tomarnos de la mano e invitarnos a adentrarnos en esta geografía onírica en la la que ciertamente encontramos elementos que están anclados a la tierra, pero en donde el peso de los sueños es mucho mayor.
Los dos han construido un universo propio en el cual, a mi juicio, predominan el ambient y el dark ambient (esa siniestra reverberación con la que comienza “Fragmento I”, seguida de un canto ceremonial, aunque entonado a una deidad difusa, oscura, es un buen ejemplo), tendiéndose la mano y ayudándose mutuamente a atravesar, al mismo tiempo que construyen, este mar de sonidos que la dupla ya ha presentado en un par de ocasiones y lo harán una más próximamente.
¿Qué esperar de una presentación de estos dos? Dice Un Rêve: “Ha tenido una intención de dar libertad al público de digerir lo que escucha como desee. Al ser improvisaciones, se vuelve toda una sorpresa hasta para uno mismo, porque no sé qué dirección tomará, qué tipo de colores, intenciones, etcétera. Siento que esto lo definen muchísimos factores que están en nuestras vidas diarias y que el día de la tocada están ahí, siendo parte de nosotros mismos”.
El efecto transformador de esta música llevó a Un Rêve a abandonar ese nombre, decíamos atrás, para adoptar una nueva identidad como Flores de Mezcalapa que se antoja más acorde con sus nuevas miras y perspectivas.
“Me nombré Un Rêve por cerca de quince años y ahora que volteo me doy cuenta de que, como todo, uno cambia. Llegó un momento en que me pregunté qué significaba para mí llevar un nombre en otro idioma, llegué a cuestionarlo hasta el punto en que sentí la necesidad de redireccionar la intención de crear. Flores de Mezcalapa apareció desde un sitio muy íntimo, es la región de donde viene la familia de mi madre y en donde he crecido intermitente desde pequeño. Pienso en un homenaje a esos sitios, animales, plantas y seres que me han mostrado otras realidades en las que creo y que busco sinceramente, cómo con la creación, poder preservar”, concluye.
Juan Pablo Villa & Flores de Mezcalapa, Meditación sonora, Sábado 12 de marzo, 20:00 hrs., Foro del Tejedor, Álvaro Obregón 86, Col. Roma.