Entre 1966 y 1967, se filmó la cinta Los ángeles de Puebla… ángeles a go-go, dirigida por Francisco del Villar, con fotografía de Gabriel Figueroa y protagonizada por Julio Alemán, Kitty de Hoyos, Juan Ferrara, Carlos East, María Elena Marqués, Fernando Soler y María Duval. Trabajo cinematográfico de corte humorístico, con algunos tintes fantasiosos y dramáticos, la película versa sobre tres historias amorosas inconexas que utilizan como trasfondo distintos paisajes y edificaciones de la capital poblana.

Durante algunos breves minutos, en el filme aparece el grupo local Los Santos, con sus integrantes completamente afeitados de la cabeza, aunque tal característica nunca formó parte habitual de su estilo. En realidad, dicho aspecto fue la desafortunada consecuencia del encuentro que tuvieron, en vísperas de la filmación, con uno de los grupos universitarios que solían disputarse férreamente el control político al interior de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), con el agregado de que acostumbraban escarmentar a cuanto greñudo descuidado podían capturar por la calle. Varios melenudos rocanroleros poblanos y de otras partes cayeron en sus manos.
Cuentan algunos pioneros rocanroleros angelinos que su actividad musical nunca estuvo vedada. Si bien llegaron a ser reprendidos –con cierta fuerza algunas veces–, esto se debió en gran medida al supuesto alboroto que producían. Para Alberto Reyes, baterista de Los Gypsies, las agresiones hacia su gremio eran nimias: “Te tachaban de escandaloso, pero no había represión. Decían que era música fea, que no se vendía y que puro ruido, aunque al final te dejaban tocar y hacer lo que quisieras. Yo nunca vi un pleito y fui a muchos eventos. Era todo lo contrario: a la gente le gustaba, te aplaudía y salía contenta”. Aunque existen hechos que discrepan con esto último. Es el caso del vocalista Carlos Rocha, integrante de los Zarps Teen Agers y Los Dabky’s, quien una vez, terminada una presentación en la feria de Huejotzingo, fue detenido arbitrariamente por policías locales, quienes le trasquilaron la cabellera, lo amedrentaron y afortunadamente lo liberaron después de un rato.

Fuera de los ámbitos musicales, pero casi a la par del nacimiento del rock poblano, una importante conmoción se gestaba dentro de la máxima casa de estudios. En 1961, surgió el Movimiento de Reforma Universitaria, el cual estuvo impulsado por estudiantes y profesores que buscaban la reestructuración de la Ley Orgánica al interior de la Universidad. Dicha comunidad (vulgarmente conocida como “Los carolinos”) estaba conformada por priistas, socialistas, comunistas, metodistas y masones que simpatizaban con la revolución cubana y con ideologías de corte progresista. En franca oposición, se encontraban diversas agrupaciones conservadoras y católicas (además de gran parte de la prensa y también altos funcionarios del gobierno local), las cuales se aglutinaron en el Frente Universitario Anticomunista (FUA) y posteriormente formarían parte del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO).
Las disputas, sumamente violentas, entre “carolinos” y partidarios del FUA marcarían el devenir histórico angelopolitano durante los años sesenta. Pese a todo, el incipiente rock and roll local permaneció –con algunas excepciones– alejado de las declaraciones de corte político o ideológico y su principal ámbito fue el divertimento juvenil y el desarrollo de su estilo musical.

En 1966, el equipo fílmico del director Del Villar se trasladó a la capital poblana para alistar los pormenores de la película. Por aquellos días cumplía su periodo el gobernador interino Aarón Merino Fernández (1964-1969) y la rectoría de la UAP se encontraba a cargo del doctor José F. Garibay Avalos (1965-1967). Las tensiones entre facciones universitarias antagónicas se habían distendido con la salida del gobernador Nava Castillo, pero permanecían las luchas por el poder y una abierta animadversión.
Bajo ese inquietante ambiente social, el novato y mancebo cuarteto Los Santos –integrado por José Luis Vázquez (bajista), Carlos Montiel (guitarra de acompañamiento), Hugo Mateos (baterista) y Enrique Duarte (guitarra solista)– se encontraba laborando con normalidad, cuando fue descubiertos por miembros de la producción cinematográfica.
“Tocábamos en el hotel del balneario Agua Azul y ahí nos vieron. A mí me gustan mucho las piezas instrumentales como ‘Vereda tropical’, ‘El paso del elefantito’ y varias de esas. Entonces, ellos me escucharon cuando interpretaba ‘Zorba el griego’ y yo creo que en ese momento se les ocurrió la idea. Después nos hicieron tocar para la película una versión un poco diferente: ‘Zorba el poblano’”, cuenta Duarte.
A pesar de los airados reclamos procedentes de otras agrupaciones y orquestas locales con mayor renombre, quienes exigían una oportunidad para aparecer en pantalla, Del Villar y compañía no se inmutaron y sostuvieron su decisión. Lo subsecuente para Los Santos fue viajar hacia el entonces Distrito Federal para grabar en los estudios Churubusco tres piezas instrumentales compuestas por Manuel Esperón, uno de los músicos más prolíficos de la llamada época de oro del cine mexicano. Sus melodías para la cinta fueron “El hombre orquesta”, “Este es el momento” y la mencionada “Zorba el poblano”.
Acerca de las razones que los orillaron a presentarse afeitados en el filme, Duarte dice: “Nos pelaron porque en ese entonces los estudiantes no dejaban que anduviera uno greñudo. Fuimos a firmar el contrato para la película al Zócalo de Puebla y resultó que también era el primer día de grabación. Estaba María Duval grabando en lo alto del campanario de la catedral, al lado de la campana María. Firmamos y de regreso caminábamos sobre Boulevard 5 de Mayo cuando muchos estudiantes nos alcanzaron a Vázquez y a mí; a José Luis lo tusaron de la cabeza como si fuera carreterita y a mí me dejaron la mitad con pelo y la otra rapada ¡Nos veíamos tremendos!”, comenta nuestro entrevistado, quien agrega: “El problema surgió después con Mateos y Montiel, porque ellos sí tenían su cabello y tuvieron que cortárselo, pues no podíamos vernos diferentes para la película. Eran los días en que los estudiantes estaban muy fuertes”. Aparte del guitarrista y el bajista, los universitarios también persiguieron al actor East, pero fracasaron en desfigurar su estampa cuando este logró escabullirse rápidamente a bordo de un taxi.
Semejantes trastadas se les suele atribuir a los adeptos del FUA, pero como se mencionó anteriormente, los rocanroleros además de ajenos a la política, realmente no tenían forma alguna de coincidir o simpatizar en ningún bando por sus intereses musicales y la estética que empleaban, la cual se inspiraba principalmente en grupos de Estados Unidos e Inglaterra (el lema de los “carolinos” era: “¡Cuba sí, yanquis no!”; mientras que los “fúas” defendían la expresión: “¡Cristianismo sí, comunismo no!”). Sin embargo, lo cierto es que tales abusos fueron habituales entre propios y extraños, siendo así que todavía se recuerda el correctivo efectuado a elementos de las bandas nacionales Los Yaki y Los Belmonts, cuando visitaron la entidad poblana, entre algunas más.
Para la cinta, Jorge Duarte, hermano de Enrique y quien fungía como representante del conjunto, se encargó de conseguir a los extras en la emblemática escena debut para Los Santos al interior del café del Barrio del Artista. Los músicos filmados fueron Mateos (batería), Duarte (guitarra) y Montiel (bajo). Mientras que Vázquez ocupó un sencillo papel de comensal bohemio entre las mesas del lugar, aunque el bajista más tarde participaría en otra entrega perteneciente a la saga del ídolo enmascarado Huracán Ramírez (La venganza de Huracán Ramírez, filmada en 1967 y lanzada en 1969), junto a otra agrupación angelopolitana llamada Los Novelistas.
Los ángeles de Puebla… ángeles a go-go se estrenó a comienzos de 1968 y sirvió en gran medida como escaparate para una ciudad que luchaba por modernizarse y equipararse a otras grandes urbes del país. No obstante, los acontecimientos registrados durante el fatídico 2 de octubre del mismo año en Tlatelolco no hicieron más que reavivar las energías insurrectas entre el estudiantado poblano por largos años y, consecuentemente, pusieron en entredicho la estabilidad política y social. Así, los idilios seráficos plasmados sobre la pantalla no podían ser más discordantes con el ambiente extremadamente polarizado de aquellos días (para reafirmar esta posición, basta con recordar otro suceso aberrante expuesto en la cinta Canoa: memoria de un hecho vergonzoso, de Felipe Cazals, filmada en 1976, pero situada temporalmente en septiembre de 1968).
Finalmente, Los Santos continuaron su bregar rocanrolero entre ferias, giras, convivios y frecuentes escapadas al D. F., donde se establecieron por algún tiempo con el nombre de Los Insantos, para luego disolverse. Enrique Duarte recorrió infinidad de agrupaciones (La Dinastía, Los Speedy, Grupo Zero, Rock Music, etcétera) con las que conoció gran parte del país, viajó a Guatemala e inclusive acompañó a Javier Bátiz en algunas aventuras. Actualmente, prosigue su actividad musical como elemento de la banda Retrorock.