Curvatura. No hay nada complejo en el término…, en apariencia. Vulgarmente lo entendemos como esa ligera circunferencia que se presenta en una línea recta y produce una desviación en el camino; sin embargo, si a uno le da cierta curiosidad, se topa con que curvatura (de acuerdo con Wikipedia), es “la cantidad por la cual un objeto geométrico dentro de un espacio euclideo se desvía de ser plano o lineal, pero esto se define de diferentes maneras dependiendo del contexto”.
Aquí, una palabra clave es “desvía”, porque puede ser una desviación accidental o completamente intencional y no necesariamente debe verse como algo malo; ese giro, especialmente cuando es intencional, además de sorpresivo, propicia interesantes resultados.
Eso ha sido el resultado del encuentro entre Leslie García y Rogelio Sosa, una alianza temporal, creemos, que arrojó un trabajo al cual han bautizado como Curvatura (Ensemble, 2022), fruto de una colaboración largamente planeada, pero que apenas logró concretarse el año pasado.

Cuenta Leslie García: “En 2017, nos conocimos en persona en la residencia Aki Aora. Desde entonces hubo mucha afinidad creativa y surgió la idea de tocar juntos, cosa que sucedió hasta 2021. Fue importante para ambos, porque por las propias condiciones de la pandemia habíamos estado confinados y obligados a trabajar de forma muy individual. Fue un proceso bastante liberador construir en conjunto”.

“Nubarrones” abre el álbum. Se trata de un comienzo premonitorio y pronto la oscuridad se cierne sobre nosotros. A los sonidos oscuros y funestos que se mueven y oscilan, se añaden esporádicos cañonazos, golpes. No hay resquicio para la luz, todo es tétrico, abstracto, plagado de atmósferas semi grises. Es como si un mundo se estuviera conformando. Totalmente subyugante, una cualidad que persiste en “Delta”, con sus bleeps intermitentes que crecen y se transmutan en una especie de ritmo primitivo en ciernes que luego se torna un continuo, al cual se anexa una especie de corno, sordo, como si anunciara algo, para derivar en un todo orgánico, con el piano que genera una monótona pero hermosa melodía.

Acerca del proceso creativo de Curvatura, cuenta Leslie: “Todo ocurrió de forma muy orgánica. Montamos nuestros instrumentos en el estudio de Rogelio. De entrada, la imagen de esa gran mesa parecía el centro de control de alguna nave espacial y ya marcaba mucho lo que sucedería. El hecho es que la nave estaba estacionada en algún lugar de Valle de Bravo, entre árboles y agua. Estuvimos cerca de cinco días completamente inmersos, día y noche, en este proceso que iniciaba por la mañanas con el ejercicio de sintonizar nuestros instrumentos de forma paralela y de ese proceso comenzaban a emerger formas sonoras muy interesantes. En algún punto alguien diría grabemos y eso podría tomar entre quince y veinte minutos, tomar un café y repetir el proceso. Algo curioso es que en esos momentos muy raramente hablamos, realmente era entrar en el mundo sonoro y comunicarnos desde ese lenguaje. No recuerdo que definiéramos un concepto, sólo nos dimos permiso de explorar. Después organizamos el material que se grabó en cuatro canales, hicimos mezcla y edición y finalmente Rogelio se encargó del máster”.
Hay en Curvatura un tono misterioso, es un trabajo electrónico con algunos resabios de la old school alemana, pero el todo es más denso, oscuro y algo de esto lo encontramos en un corte como “Mercurio”, de resonancias viajeras, espaciales, pero marcado por la negrura. Son paisajes que se construyen poco a poco y en los que colabora la extensión de los tracks. Dice Rogelio Sosa: “La duración de los tracks responde al tiempo que nos tomaba desarrollar completamente un gesto o una idea. Al igual que en las demás dimensiones sonoras y musicales de este material, no establecimos una duración fija, simplemente dejamos que cada corte se desarrollara en tiempo y forma sin imponer nada”.
Al acercarse al disco, que ha comenzado a circular hace unos días, se advierte la fusión alcanzada. Si bien una escucha cuidadosa (y aquí el uso de audífonos es recomendable) permite hacernos una idea de lo que cada uno de ellos hace, la realidad es que la dupla consiguió dotar a su música de un rostro distintivo.
Dice Sosa: “Cada uno utilizó su set de instrumentos habituales. Leslie trabajó con diversos sintetizadores y yo mi clásico sistema de feedback procesado, además de un sintetizador. En este disco la composición surge como proceso de entrelazamiento sonoro espontáneo, pero acotado a límites muy claros, en el que cada uno juega un rol específico pero no predeterminado”.
Curvatura es una obra de los elementos, de estados anímicos y fuerzas gravitatorias. En “Marea”, por citar una muestra, los sonidos están en un continuo vaivén. Aquí encontramos la presencia de un pulso que se ve atravesado por ráfagas que a veces lo ocultan, pero no le quitan su carácter omnipresente. Incluso aparece un sonido cercano a una voz, mientras en “Latencia”, como su nombre lo indica, hay una presencia latente, presta a mutar, crecer, transformarse. “Ataxia”, el corte final, es otro viaje, introspectivo, un bello corolario para este álbum en el que hay una invitación constante a la búsqueda de nuevas experiencias.
“A pesar de que el material del disco es de naturaleza electroacústica y experimental, se trata de un trabajo muy franco y expresivo. Más que plantearse como un despliegue de nuevas formas musicales y recursos sonoros, busca generar una experiencia, un viaje en cuyo trayecto se detonan emociones y sensaciones complejas. Así es que más que un viaje no placentero, se trata de un portal al imaginario profundo, el cual seguramente estuvo cargado del proceso que cada uno vivió de forma individual durante la pandemia y que posiblemente refleja ese paisaje sonoro oscuro de la vida interna de cada uno”, concluye Sosa.