Telefunka: 20 años de nomadismo electrónico-orgánico

Telefunka cumple este año dos décadas de existencia y pese a las grandes penurias laborales que le ha infligido la pandemia en su actual residencia en Barcelona, el grupo se encuentra de plácemes y muy feliz de retomar su andar por la música electrónica. El estrafalario trío –conformado por los hermanos Giancarlo (saxofón tenor, guitarra, juguetes, theremín y coros) y Aldo (bajo, programación y voz) Fragoso, junto a John Zohlo (teclado y sintetizador)–  se originó en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y muy pronto se convirtió en un referente dentro de la música independiente. En su trayectoria cuentan con cinco discos LP, dos EP de remixes y un DVD; además, han colaborado con numerosos músicos, entre ellos el fallecido Gustavo Cerati, y su espectáculo audiovisual se ha presentado en importantes festivales nacionales e internacionales.

Durante su reciente visita por tierras mexicanas, se dio la ocasión de conversar con ellos sobre distintos temas que abarcan sus orígenes, los problemas suscitados por la pandemia y el futuro de Telefunka, entre algunos más.

Giancarlo, tengo entendido que tu hermano y tú pasaron parte de su infancia y adolescencia en el municipio poblano de Tehuacán. En distintos temas como “Motpaka”, “Datsun Azul” y otros encontramos algunas referencias. ¿Por qué es tan especial esa ciudad para ustedes?

G: Yo creo que a cualquier humano la infancia lo define y,  suena un poco freudiano, pero esa etapa forja tu personalidad. En aquel entonces Tehuacán era una ciudad pequeña, donde se podía jugar en la calle, y para nosotros fue una infancia que recordamos con cariño. Ahí se conocieron nuestros papás y estuvieron mucho tiempo. Es cierto, tenemos algunas canciones que se refieren a la ciudad como “Squash (Live Session en Tehuacán)”. Allí vivimos las primeras cosas que nos marcaron en la vida y por eso he tratado de imprimirle a Telefunka el sabor tehuacanero.

A: Concuerdo con Giancarlo. Además, siento que Tehuacán resulta especial porque tiene un montón de cosas. Nuestro papá no era de esa ciudad, sino del Estado de México, pero cuando llegó se enamoró por completo. Inclusive, hace dos años y medio el Ayuntamiento le rindió un homenaje póstumo por su gran labor en beneficio de la ciudad. Yo tenía muchísimo tiempo sin ir, pero cuando volví entendí por qué mi papá apreciaba el lugar. Es muy importante por su cultural e historia, es la cuna del maíz, hay manantiales de agua mineral y también alberga una amplia diversidad de flora y fauna. Uno crece con todo eso y a veces no se da cuenta, pero con los años llegas a valorarlo. Cuando vienes de un lugar pequeño es fácil ignorar esos factores y solo ves las limitaciones, pero después y ya fuera, reconsideras que posiblemente eso mismo ayudó a que nos sorprendieran determinadas cosas y nos fuéramos por ciertos caminos. Nos definió mucho.

¿Qué los hizo mudarse a Guadalajara? ¿Allá comenzó su interés por la música?

A: Fue debido al trabajo de mi papá. Él era profesor y lo invitaron como director de una escuela en Guadalajara. Teníamos algunos familiares y nos encantaba ir. De una forma u otra, sabíamos que íbamos a terminar por allá. Era el contraste total: de una ciudad muy pequeña, a una de las más grandes del país.

G: Respecto a la música, fíjate que nuestra familia no era de músicos. Mi abuelo tocaba el piano, pero nosotros nunca tuvimos la cultura de aprender a tocar. Cuando cursaba la preparatoria en Tehuacán, había un músico al cual yo admiro mucho y fue mi único contacto con la música. Se llama Beto Basurto. Él tocó en la época de los hoyos funkies de Ciudad de México, junto a Three Souls in My Mind y todos esos grupos. Posteriormente dejó de tocar, pero cuando llegó a Tehuacán era un personaje que me llamaba mucho la atención. Unos amigos y yo nos acercamos a él para que nos diera clases de guitarra, porque disque queríamos hacer una banda. Ahí empecé a darle a la guitarra eléctrica, pero fue muy poco. Ya en la capital de Jalisco, apliqué para la escuela de música y tuve la suerte de entrar a la Universidad de Guadalajara. Empecé a estudiar violín, luego saxofón, también batería. Nunca pensé que se convertiría en mi modo de vida, pero le agarré rápido y conocí a muchos amigos, entre ellos al mismo John. De eso hace treinta años. Ahí también estudiaban Jorge Corrales, de Playa Limbo; Daniel Padilla, quien fue violinista de Telefunka al comienzo; Edgar Huerta, de Belanova; Alejandro Pérez, de Azul Violeta. Fue una escuela que dejó muchos músicos. Yo tuve fortuna, porque antes de terminar el primer año ya estaba tocando en La Dosis. Ahí empezó mi carrera musical.

A: A mí siempre me gustó mucho la música, pero yo estudié arquitectura y en algún momento, mediante las bandas de Giancarlo, aprendí a tocar el bajo con Richie Arreola, bajista por aquel entonces de La Dosis y ahora de Belanova. Sí aprendí, pero acabé la carrera de arquitecto y entré a laborar. Después Giancarlo estaba trabajando en una tienda de música y empezamos a interesarnos por los secuenciadores. En realidad, no cuento con el conocimiento amplio de la teoría musical, esa parte la cubren Giancarlo y John, yo me fui más por la tecnología.

J: En mi caso, para cuestiones académicas me gusta la Física. De hecho me aceptaron en la escuela, pero no estudié esa carrera. Con respecto a la música, yo la veo como algo que te permite ser libre y creativo. Por ahí me decanté, pero eso fue cuando ya estaba grande y hasta que ingresé a la escuela de música de la U. de G.

Fotografía: cortesía Telefunka
Fotografía: cortesía Telefunka

Giancarlo, antes de formar Telefunka fuiste parte de otros proyectos interesantes, como La Dosis y GrandMama. ¿Cómo recuerdas la escena tapatía en ese entonces y qué experiencia te dejaron esas bandas?

G: No quiero caer en el cliché de que aquella época era mejor. Pienso que fue una muy buena etapa, como lo sigue siendo hoy. Guadalajara es muy prolífica, siempre hay proyectos. La recuerdo cariñosamente porque entré con el pie derecho en La Dosis; pero también estaban Azul Violeta, La Cuca y varias más. La escena era muy activa. Lo que sí creo es que ahora hay menos foros para la música original; aunque es algo nacional, porque abundan los lugares donde tocan covers y venden alitas de pollo. Pero Guadalajara era y sigue siendo muy fecunda. Además y gracias al aprendizaje en mis primeras bandas, Telefunka pudo realizar management, booking, relaciones públicas y yo creo que lo hicimos bien. Con La Dosis hubo un acercamiento al mainstream y uno aprende mucho sobre cómo es el interior de la gran industria. Con GrandMama no firmamos nunca, pero fue una banda muy exitosa que hizo giras con Pericos y Enanitos Verdes, por mencionar a algunos. Ahí aprendí un poco lo que es la autogestión y lo hice sin proponérmelo, pero posteriormente con Telefunka empezaron a presentarse algunas necesidades y apliqué esa experiencia. Jalé a mi hermano Aldo para cuestiones de oficina y terminamos siendo nuestra propia agencia.

¿Qué o quiénes fueron Los Hermanos Brothers y cuál era su relación con Telefunka?

A: El plan original con Los Hermanos Brothers era encontrar esta onda de la disquera, tocar en festivales y todo eso. Al mismo tiempo nació Telefunka, pero bajo una noción más laboral. Giancarlo trabajaba en lobbies de hoteles, tocando estándares de jazz, y surgió la idea de hacer lo mismo en versiones electrónicas. Entonces era música para escuchar, pero con secuenciador. Aunque las cosas verdaderamente importantes queríamos hacerlas con Los Hermanos Brothers y ahí ya estábamos nosotros tres, me refiero a Giancarlo, a John y a mí. Realizamos nuestro demo, lo llevamos a todas las disqueras que pudimos y nos cerraron las puertas en más de una. Sin embargo, lo que nos sorprendió mucho fue que Telefunka empezó a funcionar muy rápido y en algún momento optamos por ese lado. Pero creo que nos ayudó la combinación de ambas cosas, porque como Los Hermanos Brothers le abrimos a Jumbo y a Zurdok, tocamos en el Hard Rock de Guadalajara y varias cosas más. Inclusive las canciones “Prototipo” y “Motpaka” posteriormente se pasaron a Telefunka.

G: Entre Los Hermanos Brothers y el primer disco de Telefunka, Electrodoméstico (2003), fue cuando John se salió un rato y entró Daniel Padilla; pero yo creo que fue por saturación de trabajo, porque estábamos tocando hasta ocho veces a la semana y se convirtió en algo muy pesado.

A: Pero en varias rolas del disco, sino es que en todas, participó John.

J: Yo les dije que no quería ser millonario ni famoso, ja ja.

¿Cuál fue la propuesta de Los Hermanos Brothers?

A: Los Hermanos Brothers también era electrónica, pero mucho más desenfadada. Siempre nos han gustado Beck, Plastilina Mosh, Beastie Boys; o sea, un poco lo experimental con fusión de muchos estilos. Tenía letras divertidas y muchas guitarras eléctricas. Bastante diferente a la propuesta de Telefunka que es música más seria.

J: Telefunka es un poco más cuidado. No quiero decir que sea precisamente comercial, sino es nuestro trabajo y bien que mal tienes que atender otras cosas, incluyendo cuestiones técnicas. Con los Hermanos Brothers el sonido era sucio y yo diría que hasta lúdico.

¿Siempre tuvieron en mente que Telefunka además de la música abarcaría otros aspectos estéticos o artísticos, como la indumentaria, el diseño de discos, la elaboración de videoclips y demás cosas?

A: Se fue dando en el camino. Debido a la arquitectura, me gusta mucho el arte, el diseño y todo eso; además, era mi aporte, porque musicalmente tenía muy pocos elementos. Constantemente nos preguntábamos qué debíamos hacer para llamar la atención y que la gente nos viera, así surgió lo de los overoles naranjas y demás. Siempre nos ha gustado la parte musical, pero también nos interesa ofrecer algo extra. Yo soy el responsable de plasmarlo, aunque realmente los tres estamos de acuerdo en atraer la atención, darle el respeto al escenario, realizar buenas portadas de discos, etcétera. También influyó que en aquel entonces tuviéramos mucho trabajo y por ende algo de recursos. Grabamos Electrodoméstico no en un gran estudio, sino en la casa, pero pudimos pagarle a Edgar Huerta para producirlo. Además, Giancarlo siempre ha sido muy bueno para la gestión de cualquier cosa. Por ejemplo, una vez llegó el circo Tihany a Guadalajara y nos vieron tocar, Giancarlo los contactó y nos invitaron a una función. La estética del circo nos llamó mucho la atención y decidimos grabar algo ahí (el videoclip del tema “Brillantina”). Realizamos un trato para tocar al final de las funciones, nos prestaron a todos los actores, en fin. Entonces, es una combinación entre la parte estética y una buena gestión. Desde el principio teníamos muy claro que Telefunka era un proyecto audiovisual. Incluso el nombre del disco Electrodoméstico salió de los overoles, porque parecíamos unos técnicos que llegaban a proporcionar un servicio musical: Telefunka jazz electrodoméstico.

G: También tuvimos la suerte de hacer algunas cosas para Emilio Azcárraga de Televisa y él cuando nos requería pedía que le llevaran a “Los hombres de naranja”, ja ja.

Fotografía: cortesía Telefunka
Fotografía: cortesía Telefunka

Electrodoméstico presentó temas exitosos como “Zenit”, “Squash” o “Bésame mucho”. Al día de hoy, ¿qué opinión les merece el disco?

J: Para tocar en estas fechas recientes, volví a escuchar todos los discos y creo que Electrodoméstico es el más redondo. Tiene un principio y un fin con todas las rolas. Los otros son más eclécticos.

G: Yo creo que ese disco está más logrado porque las canciones las tocamos mucho y las probamos en vivo. No fue un álbum al vapor, sino que lo fuimos componiendo día con día y llegamos nomás a plasmarlo. También la mano de Edgar se nota, es el único disco que tiene productor. Además, los temas parece que no tienen edad y si los llega a escuchar un muchacho de dieciocho años también le pueden gustar.

En el tema “Electroshock” trabajaron al lado de Gustavo Cerati, ¿cómo surgió esa colaboración?

G: Lo más fregón de esa colaboración fue que no la teníamos pensada. Nosotros estuvimos en Argentina para la grabación del disco Cassette (2005) alrededor de seis meses y afortunadamente por la época del año estaban allá muchos músicos. A algunos ya los conocíamos, como a Babasónicos. Resulta que una amiga en común nos invitó a cenar y durante la velada Cerati nos contó que escuchaba a Telefunka para hacer ejercicio. Nosotros le habíamos regalado discos en algún Vive Latino y pensamos que los había tirado u olvidado en México, pero se los llevó. Entonces hicimos buena amistad y aproveché para proponerle que grabara con nosotros. Se rio y aceptó, pero me reprochó en broma el que hubiéramos invitado a todos antes que a él. Arreglamos fechas y compromisos para que pudiéramos permanecer un poco más en Argentina y coincidir. Cuando nos preguntó qué queríamos que grabara le pedimos que cantara. Hicimos una canción un poco pensada en el disco Canción animal, de Soda Stereo. En ese momento no sabíamos la importancia de lo que estaba sucediendo, pero aun cuando Gustavo se nos adelantó, nos sigue ayudando porque mucha gente se sorprende cuando descubre la canción. Con ese respaldo que le hizo a Telefunka, yo creo le sumó un booster que va a durar mucho tiempo.

J: Pero para grabar “Electroshock” nos impuso una condición: que trabajáramos en su estudio ¿Te imaginas rechazar la propuesta?

A: Entrabas al baño del estudio y ahí estaba el disco de oro de Canción animal, exhibido porque ya no había espacio para tantos premios.

Casi todos sus proyectos albergan diversas colaboraciones como con Adrián Dárgelos, Magos Herrera, Ugo Rodríguez, Anita Álvarez de Toledo, Renee Mooi, etcétera ¿A qué se debe esto?

G: La música electrónica se presta mucho a eso, surge de manera natural por la convivencia que existe entre tantos músicos. A veces te gustaría que tal canción tuviera una voz fregona y uno no canta, pero no por eso es imposible hacerla y esas son las virtudes de esta música. Yo recuerdo lo que ha hecho Moby con voces que no son las de él. Pienso que es un recurso que en la música electrónica enriquece. Cada caso ha sido diferente, pero a veces sabes que determinadas cosas sólo las puede hacer tal persona. También son sellos de amistad, como fue el caso con Babasónicos.

A: Todas las colaboraciones han sido con gente que admiramos, eso nos ha proporcionado credibilidad y satisfacción. Que Adrián Dárgelos participe en tu disco te da un refuerzo y también renombre. Otro aspecto chido de las colaboraciones es que se hacen cosas que por separado el artista no haría y tú tampoco. Hay una especie de sinergia.

Telefunka ha pasado la mayor parte de su trayectoria como banda independiente, ¿cuál es su experiencia en esa línea y qué ha sido lo más difícil de sortear?

G: Todo mundo me dice que estamos demostrando que la música independiente es esto y aquello. Yo les contesto que mi última recomendación es ser independiente. Todavía hay muchos románticos que piensan que resulta lo mejor, pero es mentira. Las bandas que te gustan las conoces porque dejaron de ser independientes en algún momento. Lo mejor que te puede pasar es que te firme una transnacional o una agencia de management importante, pues de lo contrario no logras algunas cosas. Yo considero que todos podemos ser como Daft Punk o Led Zeppelin, porque esa onda de quedarte como independiente, que mucha gente no te conozca y sacar tus discos… Yo creo que debemos aspirar siempre a que lo independiente sea un paso, pero no tu modus vivendi, porque es muy cansado. Por eso mismo muchos grupos se quedan a la mitad del camino.

A: Se oye muy materialista, pero lo más difícil de sortear en la independencia es el dinero. Lo mejor de ser independiente es que eres tú y tomas tus propias decisiones, pero tienes que comer, pagar renta y todo eso. Es duro no tener un sustento como el que te pueden dar una transnacional o una agencia de booking grande, algo  que te permita estar tranquilo seis meses o un año y puedas grabar porque tienes un sueldo o una gira en dieciocho ciudades. Lo más difícil es la incertidumbre de hacer lo que amas y que no te proporcione la manutención que necesitas. Eso puede afectar inclusive la parte creativa.

J: Para mí una cosa es la música y otra muy diferente la industria de la música. Esa industria, como cualquier otra, necesita dinero y nos guste o no, así son las cosas.

Fotografía: cortesía Telefunka
Fotografía: cortesía Telefunka

¿Cuáles fueron los motivos para dejar todo en México y trasladarse a España en 2018?

G: Siempre hemos sido muy inquietos. Hay gente que nace para estar en un solo lugar y existimos nómadas que constantemente estamos buscando nuevos destinos. No es para todos, migrar es duro. Mi papá tuvo muchísimos trabajos y nunca nos arraigamos. Luego con Telefunka desde el principio tuvimos la suerte de viajar a Colombia, Panamá, Ecuador, España, etcétera. Y nos fue muy bien. También todas estas cosas de la autogestión y la independencia son muy arduas y piensa uno que tal vez en Europa sea diferente. Entonces fuimos a España, estuvimos un rato y vimos que nos iba estupendo. Además, por suerte mi madre tenía la nacionalidad francesa y la heredamos, por lo que ahora tenemos ambas. Hoy día lo más difícil de migrar son los papeles. Cuando nos entregaron nuestras actas de nacimiento francesas, ya nos sentimos con un pie por allá y me fui primero con John a Madrid. Después mi hermano y yo vivimos algo muy duro, nuestros padres fallecieron, los dos de forma seguida e inesperada. Entonces ahí fue cuando ya no quise regresar a México. Fue un cambio de vida. Aldo me dijo que también se quería ir y vendimos todo. Siempre nos ha llamado el viajar y decidimos probar. Posteriormente, Aldo hizo el contacto con Dsk Pop y tuvimos la suerte de firmar con ellos, aunque eso permanece en stand by por la pandemia, pero aún seguimos y hay planes.

J: Yo de morro viajé a España y me gustó mucho el estilo de vida y se me quedó eso un poco, pero después, con todo esto de la música que viajas y conoces culturas, de repente tuve la inquietud de que nos fuéramos a Europa.

¿Cómo surgió la posibilidad de firmar con el importante sello Dsk Pop?

A: Pues son esas cosas que se dan. La Licorería San Pedrito, que por cierto hay una en Cholula, también se encuentra en Barcelona y nos conocemos desde hace años. Yo estaba trabajando de DJ y ahí iba mucho otro DJ que se llama Raxo, quien dentro del techno ahorita está muy bien colocado. Entonces tuve la oportunidad de tratarlo, me hice muy su amigo y vi que lo manejaba una agencia de booking llamada Dskonnect. Posteriormente, esta agencia abrió una rama de música pop a la que nombró Dsk Pop. Ahí tuve la ocasión de conocer a esta gente del sello, les comenté sobre nuestro proyecto, les mandé un correo y se interesaron. Surgió de manera muy natural y espontánea. Ya habíamos tenido antes acercamientos con otras disqueras, en Intolerancia estuvimos un ratito y creo que nos distribuyeron.

G: Con Intolerancia editamos Invisible (2011). Luego estuvimos en la carpa Intolerante para el Vive Latino un par de veces.

A: Y Eureka (2014) fue con el sello Sicario, también muy poquito tiempo. En fin, siempre independientes y con disqueras también independientes. Pero en realidad no ha sucedido mucho con Dsk Pop, porque el deal se dio a principios del 2020 y poco después llegó la pandemia. Europa la resintió mucho y especialmente España.

G: A ellos les ha pegado durísimo. Entonces, estamos esperando para retomar el paso.

En 2020 lanzaron su más reciente producción titulada Discothèque. ¿De qué trata este álbum, cómo lo concibieron?

G: Nació para musicalizar un proyecto de circo, nos gustó y lo empezamos a desarrollar. Fue un disco un poco más libre. Sabes, nunca hemos conceptualizado mucho los discos. Tratamos de tomarle una instantánea a lo que está sucediendo y dejar que fluya.

J: Ahora que recuerdo, ese disco tenía como propuesta musicalizar un performance y de alguna forma cada track tiene relación con cada evento de la obra. Entonces eso le da un poco de sentido, pero realmente es algo libre.

G: El performance giraba alrededor del universo, las constelaciones, etcétera. Por eso comienza con la canción “Big Bang”.

De esta última placa, el tema “Mil pedazos” destaca por ser muy emotivo, ¿cuál es su significado?

A: Esa va directamente dedicada a nuestra mamá. Traíamos ganas de expresar el sentimiento y fue por ahí.

G: Incluso hay un videoclip guardado que no hemos editado.

En contraste, el tema “Samurai” es muy dinámico y agradable, me parece que mucho de eso se debe a la colaboración con Renee Mooi, ¿qué opinan?

A: Renee Mooi ya había colaborado con nosotros en el tema “Estereoluz”, pero aquella vez fue a distancia porque ella se encontraba en Japón. Para esta última ocasión, íbamos Giancarlo y yo caminando por Barcelona, la vimos pasar y le hablamos. La acompañaba su mamá y se iba a quedar un par de días de visita. Nosotros estábamos terminando el disco y Giancarlo la invitó a participar. “Samurai” es una rola que me gusta mucho, porque quedó muy prendida. Al disco en parte lo nombramos Discothèque por varias canciones que dan mucho más para arriba, a diferencia de otros discos. Me gusta cómo canta Renee, le dio una melodía muy chida y también la letra. Por lo regular, en las colaboraciones que hemos tenido nosotros hacemos las letras, pero Renee es muy talentosa y en un ratito se armó una línea melódica que nos gustó mucho. El video lo hicimos porque ahí estaba ella y teníamos que aprovechar.

¿Cómo afrontaron la pandemia en el viejo continente y de qué manera los afectó?

A: Fue un knockout del cual nos levantamos; pero en su momento nos destrozó, porque justo empezábamos nuestro sueño europeo y apenas llevábamos dos toquines cuando nos cayó la pandemia. Ya habíamos quemado las naves, vendido nuestras pertenencias y apostado el todo por el todo. Se nos complicó por completo y la falta de recursos nos empezó a mermar: John tuvo que regresarse a México, yo trabajé de camarero un año, Giancarlo también retornó. Definitivamente es lo más duro que nos ha tocado vivir en nuestra carrera musical. Nunca habíamos interrumpido nuestro trabajo por algo externo.

¿Cómo llega Telefunka a sus dos décadas de existencia?

A: Pues bien, seguimos aquí y eso es un buen presagio. A pesar de los últimos años difíciles, estamos contentos de seguir. De hecho ni nos habíamos dado cuenta de que cumplíamos veinte años. Giancarlo está haciendo muchas cosas con su proyecto paralelo llamado Sax & Toys, me invitó y regresamos a México. En una de esas me dijo que este año cumplíamos dos décadas y si un grupo sigue vivo después de tanto tiempo, es sinónimo de que no va tan mal.

G: Sobre todo sorprendidos, porque luego de tres años de casi no tocar juntos, de repente surgió la posibilidad de presentarnos en el CG3 de Guadalajara y en el Burbula de Puebla. La gente respondió como si hubiera sido ayer. No hemos tenido que revivir nada, nos han llegado nuevas propuestas y yo creo que vamos a reactivar el proyecto Telefunka más de lo que creíamos.

¿Qué es lo que viene para el futuro?

G: Como independientes, nunca hemos sabido qué nos deparará el futuro, lo cual es muy cansado, porque si tú ves una banda con management te dicen lo que harán el próximo año y todo eso. Nosotros vamos al día, pero por lo menos tenemos la intención y disposición de reactivarnos. Esperemos que a partir de este año Europa haga lo mismo. Tenemos un par de rolas que están por salir.

A: Todavía tenemos muchas ganas de que Telefunka funcione por allá, al final esa era nuestra apuesta y no hemos acabado de intentarlo.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Entrevista

Un comentario en “Telefunka: 20 años de nomadismo electrónico-orgánico

  1. Felicitaciones al entrevistador que nos aporta esta información valiosa. Ojalá que siga por esa linea.

Comentarios cerrados