A mediados de los años ochenta, el rock mexicano mainstream se aprestaba a dar la embestida que culminaría con su explosión mediática a finales de la década. Mientras tanto, el rock subterráneo nacional no se quedaba atrás. Evidentemente hacía ruido, aunque sus efectos no alcanzaban la misma dimensión.
¿Qué hacían los buscadores de nuevos sonidos a mediados de 1986? Vamos a hablar de uno de aquellos espectáculos, promovido en flyers, la clase de show que los enterados apuntaban en su agenda y al cual finalmente llegaban unos cuantos, ya sea porque el tráfico impedía el arribo de más gente o porque simplemente muchos lo habían olvidado.

Por tanto, quienes no tuvieron la fortuna de presenciar ese instante, tendrán que conformarse con el siguiente relato…
En julio 24 de aquel año 86, Carlos Alvarado (QEPD, teclados y sintetizador), José Álvarez (voz y trompeta) y Arturo Romo (trombatrón) se pararon sobre un escenario de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, para efectuar el cierre de la trilogía Oratorio para los presos políticos, espectáculo teatral y pictórico de un bisoño artista plástico llamado Alejandro Montoya.
La primera parte, el Oratorio en conmemoración de la muerte del Che Guevara, se había llevado a cabo el 8 de octubre de 1979, durante el Primer Encuentro de Rock en Oposición. Fue una noche que pudo haber acabado en desastre, dada la mala vibra de los asistentes, quienes deseosos de escuchar rock en su vertiente más clásica la emprendieron contra lo que siguió a continuación.
Se cuenta en el libro de mi autoría El otro rock mexicano (Times Editores, 1999): “La cita se desarrolló sin contratiempos hasta que tocó el turno a Krol Voldarepet. Cuando el telón se recorrió, sobre el escenario aparecieron dos hombres, ambos con la cara cubierta; uno estaba amarrado a una silla, mientras el otro, detrás de él, permanecía de pie. De fondo se escuchaba una música aterradora, una cinta preparada por Arturo Meza, líder del grupo, con los sonidos producidos al raspar el respaldo del yeloguerlizet con las manos embarradas de brea y, según él, similares a lo escuchado cuando una persona era torturada” (p. 348).
La parte dos se llevó a cabo el 16 de octubre de 1984, en la Academia de San Carlos, con el nombre de Tasajos. Esa vez, la musicalización corrió a cargo de Álvarez y Romo, quienes se valieron de instrumentos creados o habilitados por ellos mismos (trombatrón, yeloguerlizet, detefram 1927), más unas cintas pregrabadas.
El cierre de la trilogía fue, como apunté, el 24 de julio de 1986 y se tituló Ulgur Synectra. Hoy, gracias a la reciente aparición del soundtrack de ese espectáculo, tenemos por lo menos la mitad de la ecuación. Ignoto Records ha lanzado en un CD de edición limitada y con una portada de Alejandro Colunga (variaciones sobre la obra original El fantasma), la media hora de tan memorable ocasión. Es un solo corte que recoge a una parte de Oxomaxoma en esa vena radical, experimental, totalmente desparpajada y vanguardista, una pléyade de sonidos marcadas por oleadas de teclados, raspados y golpes al trombatrón, un sintetizador que genera efectos y crea drones, bleeps, pulsos y explosiones; cintas pregrabadas que contribuyeron a la construcción de una atmósfera inquietante, sórdida, negramente misteriosa; una voz que susurra, grita, exclama, pero siempre se mantiene como un instrumento más; ruidos que además de tensión –y que bien pueden ser considerados pioneros de la escena ruidista de este país– producen incomodidad, mucha incomodidad.
Aquí no hay espacio para melodía o armonía alguna, nada tarareable sacarás de aquí, lector, aunque una vez que hayas llegado al final te darán ganas de volver a escuchar el track e imaginar, imaginar, sólo así podrás completar el cuadro.
Cierra el disco (conseguible en el Facebook de José Álvarez) “La conjuración”, un ensayo-sesión de un corte que cuatro años más tarde aparecería, ya en su version final, en En el nombre sea de Dios, la primera grabación oficial de Oxomaxoma.
El nuevo Oxomaxoma
Hace siete años, ese grupo que comenzó como un combo de pobre instrumentación pero gran imaginación, viró totalmente cuando en sus filas se suscitó un cambió de alineación, mismo que conllevó modificaciones en su orientación: un sonido más electrónico, de poderosos beats, pero cuya modificación incidió en un cambio de carácter para bien.

Varios discos se han cocinado en este periodo, entre ellos ese pantagruélico vinil que es Laboratorio para la desocultación sonora de la ‘Patamúsica’ 2020. Sin embargo, los cambios no han hecho mella y ahora la agrupación, sin hacer a un lado a sus viejos seguidores, logra navegar en los mares de la escena electrónica y experimental sin problemas.
Eso la ha llevado a diseminar aquí y allá sencillos que ahora recogen en la compilación Compiurakenroff. Tuaken Gousk (2015) Tuaken Fakent (2022) (Discos Donovan).
El disco abre con una introducción perlada de voces extrañas, deformadas, sin significado alguno, al final de la cual, con el imperdible humor que los caracteriza, se escucha a José Álvarez exclamar: “Nosotros somos Oxomaxoma, ustedes no”. A partir de allí, entramos en la vorágine de un sonido agresivo, muy rítmico, demencialmente funky, vigoroso (“¡Chinga tu madre Donald Trump!”) y que conforme avanzan los tracks –y por ende el tiempo, pues están secuenciados cronológicamente– adquiere más la personalidad de ese nuevo Oxomaxoma.
Hay una colaboración con Dr. Kontra (“Canción de amor”), cortes que coquetean abiertamente con lo industrial (“Verda’ de Dios”), revisitaciones a su catálogo con una nueva versión tal vez menos sensual (con los coros de Sarmen Almond) pero más ácida de “Violentta MMXVII”, gracias a la guitarra tormenta de Rabit Doll –quien se integró a la banda en 2015–, experimentos a medio camino entre el noise y el breakbeat (“¡Pinche gringo!”), su inserción plena en la electrónica bailable (“Shot the Gun!”) y su respectivo remix de la mano de DMT Berzerk y temas en los que esa alianza de una guitarra rocker con los beats y percusiones metálicas marcan el derrotero de un nuevo camino (“Bestiario imaginario [¿Ustedes quieren saber lo que son]”).
Lejos de anquilosarse, sin temor a abrir nuevas puertas, Oxomaxoma da la bienvenida al 2022 y nos invita a acompañarlo en uno más de sus divertidos viajes.