Mito del Desierto: noise y sonidos alterados

Mito Elizondo nació en Monterrey, Nuevo León, en la década de los ochenta. Su relación con la música viene de sus primeros años. Recuerda: “Jugaba con mis amigos a hacer playback, tocando las rolas de Bronco y otras bandas de música norteña en cubetas de plástico como batería y escobas como guitarras, poniendo alguna estación de radio local a todo volumen”.

Fotografías: cortesía Mito Elizondo

Fue en 2003 cuando con uno de sus mejores amigos formó It’s Now, banda de punk-hardcore con la cual grabó un par de demos y un EP publicado por un sello holandés; pero la aventura acabó cuando a finales de 2011 se mudó a la capital de la república.

Entonces la música lo “abandonó” y se concentró en la poesía; con algunos colegas, comenzó a organizar espectáculos de poesía en voz alta. Pero en 2016 “conocí a un compa: Riff Daniels. Él estaba en la banda de noise Insectontos, así que entre cotorreos jameábamos: él hacía ruido con máquinas y yo recitaba mis poemas, usando sus pedales para jugar con mi voz. Ahí comenzamos Scarabaeus, ruido y poesía hablada; después le incorporé bajo y teclados. Luego Mabe Fratti se nos unió y llegamos a tocar en vivo los tres, pero al año siguiente a ninguno de los dos les daba tiempo para continuar y monté lo que ahora es mi proyecto solista”.

Así nació Mito del Desierto, nombre que adoptó por su “connotación enigmática o mística” y que a partir de ese instante ha llenado de noise y sonidos alterados la escena subterránea del país y cuyo debut se dio con Dunas que revolotean en gorjeo (Silencio Epi, 2018), obra de tres cortes, uno de ellos cercano a la media hora de duración. Se trata de una colección de sonidos ásperos, crudos, hirientes, un debut bordado por el caos, marcado por la aventura y lo radical de su planteamiento y que rezuma el desierto y sus atmósferas, obra preparatoria a lo que vendría el año siguiente cuando, nuevamente en el mismo sello, el regiomontano entregó Amuleto-Imán, hecho de venas, trabajo “saturado” de colaboraciones a la manera del hip hop.

En él encontramos la participación, entre otros, de Mabe Fratti, Grave, A L, Alina Maldonado, Concepción Huerta,  Ccoowwss, Ñois (Tajak), Le Trash Can, Sima Negra y Puzz Amatista, una diversidad de acercamientos en los que hay atmósferas y ritmos distintos, explosiones de ruido, un todo marcado por la densidad y la experimentación, siempre provocativo y en donde la melodía ha sido desechada. Fue un trabajo que le valió ser incluido en Anthology of Experimental Music from Mexico (Unexplained Sounds Group Production, 2020), con el corte “Larva ella que trastorna”.

Son colaboraciones nacidas de recorrer juntos el camino: “Con todos he compartido recitales y con la mayoría he colaborado en vivo o en publicaciones. El trabajo con las piezas fue a distancia, grabé primero todos los temas y elegí qué tracks visualizaba para decidir a quién incluir. La línea fue un poema que formulé de versos o palabras de los poemas de Jeta de santo (FCE), la antología de Mario Santiago Papasquiaro; la mayoría conocía al poeta, así que fluyó la construcción del disco”.

El cierre de la década fue prolífico para Mito del Desierto, porque poco tiempo después apareció Tótem (Hole Records), obra de temas más breves y prácticamente sin invitados. Hay ahí ráfagas sonoras, un trabajo de superposición de capas de sonido, con voces inintelegibles (“Abrir ojos”); voces de intención diferente, pero que interactúan y de nuevo “navegan” en esa edificación por capas (“es flagelarse”). Teclados que crean una base monótona, que cambia ligeramente a la mitad y termina abruptamente (“con largos grilletes”).

“en fango de fuego” es un corte largo en el cual colabora Álvaro Castro en los sintetizadores e inicia con una voz que se multiplica poco a poco conforme avanza la composición, mientras de fondo aparece un golpe que también se incrementa paulatinamente y forma un ritmo muy pedestre y se escucha una flauta de barro que cede a una panoplia de voces delirante, cual si se tratara de un coro de hienas; mientras “cabezas is”, con Coco Badán (Tajak) y Pedro Tirado, es el corte más largo de la placa y probablemente la muestra más abigarrada y caótica (aunque un teclado por allí parece contradecirme) y al mismo tiempo más ordenada en el sentido de que le permite concatenar y articular de mejor manera los elementos  de su trabajo.

“A lo largo de Tótem vengo recitando un poema –en cada pieza algún verso distinto, hasta formarlo en su totalidad–, el cual habla de los sueños o pesadillas recurrentes que tenía por el trauma que me dejó la llamada guerra contra el narco que me tocó vivir en Monterrey; dichos sueños desaparecieron después de grabar el disco, como por acto de magia. También usé la voz como un experimento personal, para ver hasta dónde lograba expandirla, y el resultado fue un recurso para generar sonido”, señala el ruidista.

Tótem tiene en su portada una imagen que puede resultar violenta. Es una foto de Mito del Desierto desnudo, una toma barrida acompañada de otros elementos que refrenda la fama de su autor como provocador. Dice: “Las fotos del disco fueron realizadas por Dorian Ulises López Macías. Mi idea fue, como aparece en la portada, construir un tótem figurando a la violencia, en especifico a la guerra.   Por ejemplo, hay una trinchera con sacos que acostumbran los militares y encima una cruz con objetos metálicos, así como el esqueleto de un órgano. La idea del cuerpo desnudo y del efecto técnico de la foto fue de él, lo cual me dio sentido a mostrarme violentamente, porque el cuerpo humano desnudo sigue siendo provocador. Aunque personalmente no lo creo así, para mí es sólo jugar con los elementos disponibles y nuestro cuerpo es siempre nuestro pilar”.

Asentado momentáneamente en Hole Records y con esos ires y venires propios de la vida y en especial de la música actual, en donde las colaboraciones y los proyectos surgen en cualquier instante, Mito del Desierto apareció en Flor de Kapomo, grupo completado por Coco Badán y Jorge Berumen, “un proyecto que tenemos juntos desde hace más de dos años y este es el primer material que grabamos. Me gustó totalmente, me sentí como un profesional del rock, porque estuvimos por una semana en el estudio que tuvo Hole Records en aquel tiempo. Lo peculiar fue que al grabar compusimos canciones, porque en vivo tocamos sets de improvisación de una media hora. En este EP hicimos una mezcla de ritmos y géneros que nos gustan a los tres”, comenta Elizondo.

Al cierre del 2021 apareció Viajeros planetas degollados (Hole Records), su más reciente producción, cinta en la que como en incursiones anteriores, incluido Word of Advice (Subliminal Kid, 2020), donde aparece con el corte “Apocalipsis en florae”, la palabra es un elemento importante, aunque no siempre del todo legible, como puede serlo en “del mensaje”, composición en la que ésta se escucha al principio con cierta claridad, pero después es enmascarada, ocultada, crea una contradicción con el título.

“La palabra siempre ha estado en mi trabajo. Ahora asimilo que lo que siempre he querido hacer es poesía con los sonidos y la poesía dice lo que quiere, pero lo hace sesgadamente. Entonces, cómo capto y me excita la poesía literaria es cuando aquella te hace partícipe, esto es que no te da las metáforas claras sino que te tomen, te arrebaten y te lleven de viaje. Entonces, la palabra hablada en mis piezas la pienso para involucrarte, que te demande si es que quieres saber qué te cuento; que te sumerja en la escucha para desencriptar las palabras. Aunque siento que en Viajeros planetas degollados todas las palabras son más legibles que en mis trabajos anteriores. Para mí tiene todo el sentido. Ya sea con palabras o sin ellas, busco que con mi música las metáforas sean una posibilidad, no un hecho”, explica.

“Viajeros” es un coro de voces ilegibles procesadas con eco, enmarcadas por un ruido profundo y voces, más legibles, que al final recitan el título del disco cual si fuera un mantra, mientras “Planetas” es como un interludio, con la colaboración de Gibrana Cervantes (Vyctoria) que por sus sonoridades se acerca más a la música contemporánea.

Por su parte, “Cruza el túnel”, con Mabe Fratti en las voces, es un corte más musical, de hecho uno de los mejores de la totalidad, en donde encontramos flautas y loops. Es un tema con un tono semitribal en su inicio que poco a poco se decanta hacia los páramos de la experimentación y la electrónica, en un  viaje que parece recorrer siglos de sonido. Junto con “de la esperanza” y “degollados” (el primero con la colaboración de Álvaro Castro, quien con sus sintetizador genera una atmósfera tenue sobre la cual Cósima Schietekat lee un poema), este corte dota al todo de un aura menos caótica, más ligera,  pero no por ello convencional.

¿Qué tan indispensables son los audífonos para acercarse a la música de Mito del Desierto? Mucho. “En especial con Viajeros planetas degollados, sobre todo si no te quieres perder de sonidos que es muy posible que se extravíen si no los usas. Y al usarlos, el momento se convierte en algo más íntimo, como un susurro, y es ahí cuando la narrativa en este disco cobra su significado”, señala.

Luego de un par de meses de haber puesto a circular Viajeros planetas degollados y para cerrar, Mito Elizondo  habla de su futuro: “ Está ya lista para ser publicada una colaboración con el poeta Gavtier García que también colaboró en Amuleto y con quien tocaba en It’s Now. Estos son claramente poemas sonorizados, uno al estilo de  Word of Advice y otro en el que la voz es el principal sonido; este saldrá en fanzine. También un split junto a Sima Negra, justo estoy en ello. Asimismo, me encuentro  trabajando en un tema para el próximo EP de Jorge Berumen y ya voy a comenzar a trabajar en mi próximo disco”, finaliza.

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Publicado en: Reportajes