El regreso de Zebra a la jungla de asfalto

En 2018 y bajo los sellos Sade Records y OGHMI Records, apareció la reedición de una placa emblemática y fundamental para el rock poblano durante los años ochenta. Se trataba del álbum intitulado 3, lanzado originalmente en 1984 mediante ARE discos y perteneciente a la banda de rock pesado Zebra, comandada por los hermanos Miguel Ángel (guitarra y voz), Edmundo (bajo) y Arturo (batería) Cabrera. Tras 34 largos años, los seguidores del grupo no sólo tuvieron la oportunidad de revivir los diez temas que conforman el LP, sino también dos piezas adicionales (“Bienvenido a mi fantasía” y “Arlequín”), correspondientes a una segunda producción elaborada en 1991 pero oficialmente lanzada hasta inicios del nuevo milenio con el nombre de Camino al concierto. Todo en formato de CD, a manera de reconocimiento para un referente surgido entre los impetuosos años de los hoyos funkies.

Imágenes: cortesía del autor

Lo anterior sugirió la posibilidad de organizar un reencuentro que resultó difícil de concretar, pues el grupo se desvaneció desde el 2001, debido a la muerte tiempo atrás de Miguel Ángel y el retiro de Arturo de los escenarios. El asunto quedó entonces en manos de Edmundo Cabrera, el hermano y miembro restante.

Cuenta el propio Edmundo: “El encargado de remasterizar el disco 3 me dijo que quería una presentación en el Teatro de la Ciudad, con la finalidad de grabarla y sacar un DVD junto con el álbum. Le contesté que era muy difícil porque estaba solo, ya que no tenía cantante, guitarrista y baterista. Entonces no se hizo ningún concierto. Sin embargo, a raíz de la reedición del disco, apareció mucha información en internet y varios fans se encargaron de subir la música del grupo. Además, mi hijo Diego, entusiasmado por los buenos comentarios, me aconsejó que volviera a tocar y él se encargó de traer a los músicos para rearmar la banda. Empezamos a ensayar y ellos mismos me dijeron: ‘Señor, están muy padres sus canciones, nos gustan y le vamos a entrar’. Así fue como Diego organizó rápidamente la presentación”.

El gusto por la música en la familia se remonta hasta su antepasado, Filemón Cabrera, quien como trompetista de mariachi llegó a trabajar para personajes importantes del medio artístico como Pedro Infante, Lucha Villa, Lola Beltrán, Javier Solís, Vicente Fernández, Jorge Negrete, Juan Gabriel y el Mariachi Vargas, por mencionar a algunos. No obstante, fueron sus tres hijos quienes desde muy jóvenes y a lo largo de la década setentera se entusiasmaron profundamente por el rock. “En ese entonces, mi hermano Miguel Ángel nos propuso que asistiéramos a una tocada en Ciudad de México y fuimos los tres. El primer concierto al que llegamos se llevó a cabo en el Teatro Ferrocarrilero, donde tuvimos oportunidad de escuchar a Toncho Pilatos, Nuevo México, Los Dug Dug’s y Three Souls in my Mind. Para nosotros fue una experiencia muy bonita y decidimos que esa era la música que nos gustaba y queríamos tocar”, afirma el bajista.

La noticia del regreso de Zebra, aunque inesperada y algo precipitada, fue bien recibida por el público local y pronto adquirió tintes trascendentales. Para la ocasión, se manufacturaron cien imanes serigrafiados y numerados que sirvieron como boletos y a la vez de souvenirs, mismos que soólo se adquirieron en preventa.   Adicionalmente, la presentación inauguraría un foro destinado al rock nacional, el cual bautizaron como La Jungla de Asfalto, en referencia a uno de los temas más aclamados del conjunto.

El día del anhelado encuentro llegó y desde muy temprano se dieron cita muchos amigos, seguidores y familiares, entre los cuales estaban algunos adolescentes y hasta sexagenarios; se respiraba un aire íntimo, afable y expectante. Abundaban los atuendos de piel, los pantalones de mezclilla y las melenas largas o los cortes tipo punk. Asimismo, no faltó quien se pintó la cara de blanco y deambulaba con un abrigo semejante a la piel moteada del leopardo (“Ya sabes cómo es la banda, es muy trabajadora y normal, pero el día de la tocada se paran los pelos, se ponen las chamarras de cuero y todo eso; es difícil no voltear a verlos”, diría Edmundo acerca del asunto).

La Jungla había sido adornada con motivos selváticos sobre sus mesas y asientos. Al fondo se hallaba el escenario dispuesto entre instrumentos, cables y amplificadores. Destacaba en la parte superior, algún cuadro que contenía a manera de exhibición un ejemplar remasterizado del disco 3, el cual evocaba la valía del grupo que retomó las producciones discográficas al interior del rock angelopolitano después de casi veinte dolorosos años; igualmente, incursionaron en la organización de eventos a los que acudieron numerosas agrupaciones, tanto oriundas como nacionales, entre ellas El TRI, comandado por su paisano y amigo Alejandro Lora, o Las Insólitas Imágenes de Aurora.

Fidencio Ramos, fundador, guitarrista y cantante del conjunto poblano Insolente, fue el encargado de abrir la celebración. Subió al escenario para interpretar una de sus primeras composiciones titulada “Perdido en libertad”, posteriormente le sucedió “Navegando”, la cual forma parte de su próxima placa. Ramos es bien conocido entre los gustosos del rock desde hace aproximadamente tres lustros por sus temáticas urbanas, cotidianas y crudas, con fuertes cargas de blues y rock pesado. Insolente desempeñó su labor de forma diestra y animada con un repertorio comprobado: “Blues de las puertas”, “Otro día más”, “Esperando mi libertad” y “Nena”, pero fue con “Hipo el marihuano”, tema compuesto por el desaparecido Guillermo Mijangos, mejor conocido como “Memo Barrios”, cuando los asistentes corearon a plenitud (“Quien iba a pensar que aquel marihuano la iba a salvar / Quien iba a pensar que aquel drogadicto su vida iba a dar / Quien iba a pensar que toda la gente le iba a llorar”). Para cerrar su primera intervención, Ramos ejecutó “Arriesga tus alas”, parte de sus trabajos más recientes.

Llegó el turno de Zebra y prevalecía un profundo interés por conocer quienes ocuparían el lugar de los ausentes Arturo y Miguel Ángel. Las dudas se disiparon mientras diferentes generaciones de la familia Cabrera se acomodaban en sus respectivos sitios. El mayor era Edmundo, próximo a él estaba en la guitarra su nieto Diego y al otro lado del escenario se hallaba en el teclado, la flauta transversa y el sax su ya mencionado su hijo, tambiñen llamado Diego. Los acompañaban Carlos Contreras (guitarra), Alejandro Vélez “El Vikingo” (voz) y Enrique Aguilar “Mani” (batería), relacionados en su mayoría a otra banda angelina nombrada Los Dick’s.

Entre clamores y calurosos aplausos, el resurgimiento de Zebra inició sin preámbulos, con una melodía inspirada en el entorno citadino de la capital mexicana durante los años ochenta, a saber, “Jungla de asfalto” (“Ponte de pie, sal a trabajar / No te quedes sentado / Cambiar la ciudad es difícil lograrlo / Pero sólo así podremos vivir / En esta jungla de asfalto”). Al terminar, el público todavía no se reponía de la complacencia cuando nuevamente elevaron su vocerío ante los primeros acordes de “Camino al concierto”. Por lo visto, el grupo iría a fondo desde el comienzo. Le continuó “El talón de Aquiles”, pieza original del grupo Nuevo México, de Carlos Mata. Aquel no sería el único cover que despertaría un profundo interés entre los oyentes (al respecto, el veterano músico dice: “Hay muchos grupos que han dedicado parte de su vida a este movimiento del rock mexicano, entre ellos Enigma, Peace and Love, Náhuatl, etcétera. Entonces, es un pequeño reconocimiento y por eso retomamos esas canciones”).

Una ráfaga de composiciones poblanas se volvió a escuchar luego de varios años: “Arlequín”, “Bienvenido a mi fantasía”, “Lo logré” y “Amiga mía”, intercaladas con temas consagrados de los setenta y ochenta como “Corriendo con ella” (Toncho Pilatos), “Cuando tú no estás” (El TRI), “Let’s make it now” (Los Dug Dug’s) y “El llamado de la hembra” (Enigma).

Los asistentes cantaron, bailaron y se divirtieron por largos minutos, pero la noche aún estaba lejos de concluir. Para el tercer set, Insolente regresó con la intención de mantener el buen ánimo y tocó varias composiciones recientes: “No dejaré”, “El amor es rojo” y “Pensar en ti”. Antes de despedirse y ante la insistencia de algunos fanáticos, Ramos los complació con su emblemática canción “Nena”.

Con todo, no pasó demasiado tiempo para que los Cabrera y compañía retomaran la directriz del evento y volvieran a arremeter con diversas melodías propias, como “Vagabundo”, “Escalera” y “La última vez”. La audiencia coreó una tras otra las canciones y por momentos en forma muy apasionada, como fue el caso de “Luchando en el desierto” (“Miles de hombres / Músicos, poetas, religiosos / Han predicado la paz pero ha sido de más / Pues el mundo sigue su rumbo / Sigue el camino que el hombre va trazando / Sin importar lo que vaya destrozando / ¡Luchando en el desierto!”), y de igual manera que en su primera participación, interpretaron otras melodías clásicas del rock nacional, como “Bajo el signo de acuario” (Enigma), “Machismo” (Náhuatl) y algunas más.

Cerca del desenlace, los ánimos no decayeron y Zebra decidió entregarse por completo. Vélez, en estado eufórico, saltó del escenario para cantar en compañía de los presentes, estos le correspondieron tan espléndidamente que inclusive lo levantaron –a pesar de su voluminoso tamaño– sobre sus hombros y tras algunos versos de la repetida “Jungla de asfalto”, lo devolvieron junto a sus compañeros músicos. Después se escuchó la popular “Nostalgia” de El TRI y otra melodía autoría de los hermanos Cabrera llamada “Déjame ser”. Un pequeño slam conformado por alborozados fanáticos del grupo se asomaba entre las mesas, mientras otros subían al escenario para exclamar unánimemente los últimos versos de la noche, pertenecientes nuevamente a “Camino al concierto”, el cual adoptó por momentos un carácter solemne. Con eso terminó la gran fiesta.

Edmundo Cabrera, complacido por el ferviente recibimiento, comentó sobre sus deseos a futuro: “Quisiera que algún empresario enterado del regreso de Zebra nos llevara a diferentes lugares, pero no sólo empresarios de eventos masivos, también chavos que estén en barrios como la Romero Vargas, La María o Pueblo Nuevo, que se organicen y el grupo va a estar otra vez hasta en el último rincón de Puebla. Zebra quiere tocar donde creció, tanto en colonias como en pueblos y si podemos llegar a un foro grande, yo encantado. Lo que quiero es que nuestra música se vuelva a escuchar”.

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Publicado en: Crónica