Hacer cine es una carrera de obstáculos. Y a pesar de tenerlo suficientemente claro, hace ya algunos años que el realizador J. Xavier Velasco decidió volcar buena parte de su ímpetu creativo en la narrativa cinematográfica.

Fotografía: cortesía J. Xavier Velasco
Nació en Xalapa, Veracruz, en 1979. Su interés por la ciencia ficción lo llevó a estudiar la licenciatura en física. Desde su primer contacto con el cine –al colaborar con amigos que hacían cortometrajes como parte de sus proyectos escolares– y a lo largo de su trayectoria, Velasco ha sido del tipo de creadores que aprendió lo que sabe de manera autodidacta: trabajando en talleres, enviando cortos a festivales y, tal como él lo resume, “picando piedra”.
En 2005, empezó a explorar con los efectos visuales al hacer Redma (2005), un corto de ciencia ficción en el que probó con la técnica de matte painting y experimentó ideas distintas al jugar con la iluminación. En 2010 escribió el cortometraje G (2010), acerca de un personaje que logra levitar tan sólo con el poder de su mente. Esa fue su primera colaboración con Felipe Pérez-Burchard, quien a partir de entonces se convirtió en su cinefotógrafo de cabecera.
G representó un parteaguas en su carrera, pues a raíz de recibir el reconocimiento Vimeo Staff Pick, surgieron muchos otros proyectos. Poco después, el realizador veracruzano ganó el premio de Apoyo a la Producción de Proyectos de Cortometraje del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), gracias al cual hizo Juan y la Borrega (2011), obra que recibió una nominación al Ariel como Mejor Corto de Ficción en 2012 y fue seleccionado en más de 30 festivales internacionales.
Desde 2014 vive en Brooklyn, Nueva York, donde se sigue desarrollando como director, a la vez que colabora en distintos proyectos audiovisuales. En 2015, su cortometraje Zerch se estrenó en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bucheon, en Corea del Sur. A este le siguió el corto Above and Below the Waves (2018) que fue seleccionado en el Festival de Cine de Sitges, España, y cuyo estreno en México se dio en el Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror Mórbido Film Fest.
Velasco trabajó como productor y director de segunda unidad en el largometraje Mi América (2015), filmado en el estado de Nueva York y adquirido para su distribución por HBO. Fue coproductor del documental Ya me voy (2018, disponible en Netflix) y productor asociado de En el séptimo día (2017), ganadora del Premio John Cassavetes en la edición 34 de los Independent Spirit Awards. Obtuvo un Emmy regional por su trabajo de fotografía en el documental del canal PBS From the Streets to the Stage: The Journey of Fredrick Davis (2016).
Actualmente, su cortometraje Atl forma parte de Aztech, una antología de ciencia ficción mexicana que reúne una serie de historias bajo un mismo concepto: unos meteoritos se estrellan en la Tierra y generan fenómenos espacio-temporales completamente bizarros. El segmento de Velasco es una historia de amor romántico que pertenece al subgénero del cyberpunk: un meteorito se impacta en un poste y eso le da vida a una energía extraterrestre que se comunica con una mujer.
El cineasta veracruzano se encuentra desarrollando dos proyectos de largometraje: El ojo de los días, ganador del Gabriel Figueroa Film Fund 2020 en el marco del Festival Internacional de Cine de Los Cabos. Se trata de un thriller psicológico cuyo guion está basado en Hasta aquí el desierto, novela inédita del escritor César Silva Márquez. En paralelo, desarrolla un thriller sociopolítico llamado Cocodrilos, seleccionado en el taller de revisión de guion Cine Qua Non Lab 2021. En ambos casos y junto con sus productores, Velasco buscará empujar los proyectos para levantar fondos por medio del Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (Eficine) a principios de 2022. Su sitio en internet es jxaviervelasco.com.

¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Me cuentan que de bebé era fan de Cepillín, así que alguno de él. Pero el que recuerdo escuchar de principio a fin cuando era niño es Pedro y el lobo, de Sergei Prokofiev, en una versión en vinil que tenía mi padre desde su infancia. Por ahí sigue ese disco, es una reliquia.
¿Cuál es el primer disco que compraste?
El soundtrack de El retorno del Jedi. Soy generación Star Wars y me tocó ver esa peli en el cine. Habré tenido como cuatro o cinco años y me obsesioné tanto que le pedí a mis padres que me compraran el cassette. Lo escuchaba hasta el cansancio, deseando entrar en ese universo fantástico. Lo conservo hasta la fecha.
¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Ya entrado en la adolescencia, era fanático de Metallica. Su disco legendario –por ser inconseguible– era The $5.98 E.P.: Garage Days Re-Revisited, pues se editó limitadamente. Sin embargo, un amigo consiguió una versión pirata italiana en el bazar de Pericoapa. No fue sino hasta 2021 que Metallica reeditó el vinil y lo compré de inmediato, con lo que logré redimir mi frustración…, veintiséis años después.
¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Pensando en carretera, yo diría que el Ten de Pearl Jam, porque lo canto a todo pulmón y me mantiene despierto.
¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
El álbum negro de Metallica marcó un antes y un después en mi vida porque coincidió con mi pubertad, así que lo asocio con toda esa vorágine existencial relacionada con volverse adolescente y con la búsqueda por autodefinirse. Además, los vi en el Palacio de los Deportes en su gira de 1993. Fue mi primer concierto de metal.
¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Actualmente, ninguno. Hace ya mucho tiempo que me deshice de las vergüenzas. De niño me gustaba el rap y el pop, tuve el vinil de MC Hammer, Please Hammer Don’t Hurt ‘Em y el All or Nothing de Milli Vanilli, entre otros de moda en aquel entonces, pero cuando me volví metalero me deshice de todos.
¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Uy, cuando iba en la universidad se metieron a robar a mi departamento y se llevaron parte de mi colección de discos CD que había conseguido con mucha dificultad entre el Tianguis de El Chopo y Mixup. De esos discos, el que más me dolió fue el primero de Foo Fighters en su primera edición. Afortunadamente, años después lo volví a conseguir.
¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Sin duda el Superunknown de Soundgarden. Ya entrado en la adolescencia, brinqué del metal al grunge y ahí me quedé, en el eterno existencialismo. Soy un noventero irremediable.
¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
En ese caso, la música para mí se vuelve atmosférica. Tendría que ser algo sensual, por lo que me iría por el Black Cherry de Goldfrapp. Pero cualquiera de trip hop funciona, como el Dummy de Portishead o el Mezzanine de Massive Attack, noventero al fin.
¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Me voy con el Revolver de The Beatles, para terminar con “Tomorrow Never Knows”.
¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
Tener que elegir únicamente cinco me da “amsiedad”, pero creo que me llevaría el Echoes, Silence, Patience & Grace de Foo Fighters, el Superunknown de Soundgarden, el Crux de Moon Tooth, el Carmen-Fantasie interpretado por Anne-Sophie Mutter y el Surrender de The Chemical Brothers para echar la bailada.