Es un misterio, profundo, insoluble… Al menos así me lo parece. ¿Cuáles son los mecanismos que convierten a un grupo en un éxito? No hablo de la gran industria y sus múltiples triquiñuelas para situar a una nueva agrupación o solista en los primeros lugares de popularidad, sino de la escena independiente.
Tal vez sea mejor replantear la pregunta y ubicarla en un contexto nacional: ¿qué hace que una banda oscura, de culto, esfumada hace tiempo, mucho…, resurja y comience a ser objeto de atención? La respuesta no la tengo, pero cuando esto sucede, simplemente es sorpresivo.
Hace un año todavía, Las Ánimas del Cuarto Oscuro era una especie de referencia para iniciados, un nombre cuya mención conjuraba a unos cuantos feligreses. Retrocedamos en el tiempo. Es la segunda mitad de la década de los ochenta y Toño Sánchez, quien había sido integrante de, entre otras agrupaciones, Alfil, The Vomits y Tríptico, regresa a México luego de haber estado en Europa y confiesa a quien esto escribe en El Otro Rock Mexicano: “En Berno conozco a muchos músicos y la vida tan depresiva me hace entrar en una crisis igual. Se me prende durísimo el alma por seguir lo gris del ser humano, encuentro un filón y empiezo a hacer mi música a partir de eso”.
Nace así Las Ánimas del Cuarto Oscuro, trío integrado por Antonio Sánchez, Juan y José Ezcurdia que luego de año y medio y ya con una grabación homónima a cuestas, pasa a mejor vida. Decía Sánchez en el citado libro: “Tronamos por la misma anarquía que dominaba al grupo. Caímos en el libertinaje. Yo nunca he hecho música para los demás, siempre he sido muy egoísta y por eso nunca me ha interesado vender, sino coincidir con personas que andan en mi mismo viaje. Y cuando eso lo haces en público, el sector de personas que gusta de tu música te respeta; pero cuando se obstruye esa comunicación, te lo pierden, algo se rompe. Y eso empezó a suceder con Las Ánimas del Cuarto Oscuro”.
Era tan críptico el grupo que ni siquiera en los créditos anotaron los instrumentos ejecutados por cada uno de ellos, aunque es preciso reconocer que esa placa estaba poblada de sonidos inusuales, grises, de claroscuros entregados más con la víscera que bajo un canon de preciosismo. Pero su paso fue fugaz y al año y medio de haber aparecido, Toño Sánchez regresaba como solista bajo el nombre con el cual atravesaría los noventa y los primeros años del presente siglo: Las Ánimas.
Las Ánimas del Cuarto Oscuro se tornaron un apéndice, un pie de página en una de las muchas entretelas del rock nacional.

Xynkronox
Fotografías: cortesía del autor
Hace más de un año, en Monterrey, Edson Ramos comenzó a agitar las profundas marismas del subterráneo al convocar abiertamente a un homenaje a Las Ánimas del Cuarto Oscuro, llamado que hace unos meses cristalizó en la grabación de Ojo Rojo. Un apasionado homenaje a Las Ánimas del Cuarto Oscuro (PoprobOt.Corp/Discos Donovan), con notas interiores de Fernanda Tapia, extraídas de un texto publicado en la revista Conecte en 1988.
Ojo Rojo –el nombre viene del fanzine que editaba Sánchez para hablar de las producciones editadas por su sello Dark Side ya en los noventa– reúne a 16 bandas que, a su manera, “replican” uno de los ocho temas incluidos en ese primer disco.
Hay, como es de esperar, altibajos en este tributo que no deja de tener la peculiaridad de que se erige desde la misma independencia, pues ¿quién, en las altas esferas de la industria, apostaría por semejante proyecto?
Etcétera y Xynkronox entregan aceptables versiones de “Decadencia”. The Dragulas proporciona el primer envión de energía al hacer una mirada new wave-post punk (en el sentido más fiel al término) a la original, mientras que Arte del Error nos hace llegar una versión con unas voces muy sucias.

Los Drágulas
En “Samarkanda”, Olímpicos y Videosaurio optan por el baile y los segundos se extienden y trocan, merced a voces “deformadas”, su versión en algo un poco más cercano al electroclash. A “Sirena”, Los Magníficos le ponen un nuevo rostro y a ese mítico ser lo sacan del fondo del mar para ponerlo a bailar a ritmo de surf. Por su parte, aunque hay ciertos impulsos bailables en la versión de Schlager, la dominante es la experimentación.
El post-punk de tercera generación levanta la mano con Letanía y Leonora Post Punk que coverean “Aparecida” y “La Mosca” es revisada por Gamma Gramma 2.0, quienes le dan un acercamiento más punk que Toro Folk, cuya participación convierte la original en un tema folk que, si bien es muy diferente a lo hasta ahora escuchado, también es poco afortunada. Igual suerte corre “Azul pastel” que con Radiobot se ve sometida a una andanada de sonidos cargados de electro punk y que Fun sí acomete totalmente en una vena punk. Documento echa mano de algo de dream pop en “Hasta luego” y Los Queso imprimen un tono minimalista muy contemporáneo a esa composición.

Schlager
Simas y cimas, pero el recorrido es agradable y quien llegue al final encontrará “Sueños en espiral”, corte inédito de Las Ánimas, el siguiente capítulo sonoro de Toño Sánchez, integradas para esta ocasión por él mismo en bajo, voces y sintetizadores; Marc Rodamilans y Gustavo Montalvo, guitarras; Romy Guevara, platillo y coros y Satomi, canto en japonés.
Las Ánimas “amenazan” con regresar y el año próximo habrá una recuperación de su catálogo –muy buscado aquí y en el extranjero–, así como del sello Dark Side, órgano de difusión de este cazador de sonidos que se apresta a vivir un segundo aire.
Este álbum también lo editó Kitschdelalma Records