Ha sido un año difícil. Ciertamente menos duro y menos confinado que el 2020, pero aún así difícil. Doce meses transcurrieron de 2021 y gracias a la vacunación la pandemia ha disminuido en su gravedad, a pesar de la aparición de nuevas variantes.
¿Afectó esto al mundo de la música al igual que lo hizo el año anterior? Quizá no tanto y no de tan mala manera. Sin embargo, todavía ese mundo no acaba de despertar del todo y los grandes discos no son tantos como en las épocas anteriores al malhadado virus. Con todo, he aquí diez álbumes (más uno en español, para que no se diga) que valen mucho la pena y que si bien no son tal vez los diez (u once) mejores (como siempre, cada quién tiene su propia lista, dictada por el gusto y el conocimiento), sí posee cada uno las suficientes cualidades artísticas para brillar con luz propia. Escúchelos usted y díganos si estamos en lo correcto (el orden en que están dispuestos no significa, por cierto, que unos estén por encima de otros).

1.- Martina Topley-Bird. Forever I Wait. Casi una década después de su anterior disco, la mítica voz femenina que tanto ayudó a que el álbum Maxinquaye (1995) de Tricky se convirtiera en un clásico imperecedero regresa con esta gentil joya del trip-hop. Se trata de una obra posterior a la trágica muerte de su hija Mazy, quien en 2019 se suicidó, tras un ataque sicótico, a sus tempranos 24 años. Aunque la letra en la mayoría de las canciones parecería referirse precisamente a esa terrible pérdida, Martina jura que no es así y que casi tenía terminadas las grabaciones cuando sobrevino la tragedia que las detuvo. Retomado el proyecto este año, Forever I Wait vio al fin la luz para deslumbrarnos con su belleza, su alma y su calidad artística.
2.- Nick Cave & Warren Ellis. Carnage. Cave y Ellis, compañeros y cómplices de tantos años en los Bad Seeds, se reunieron durante el año del primer confinamiento (me refiero al 2020) para idear y realizar otra maravilla discográfica que apareció en el veinte-veintiuno. ¿Suena a Nick Cave? Absolutamente. Pero no es pan con lo mismo. Hay variantes, nuevos sonidos, ideas más que interesantes. El álbum cumple con todas las expectativas que podrían tener los seguidores del australiano y funciona a la perfección para quienes no conocen su obra (debe haberlos). Grandioso.
3.- Sleaford Mods. Spare Ribs. ¿Los nuevos Beastie Boys? Aunque no surgió en Nueva York sino en Nottingham, Inglaterra, este dueto de punk y hip-hop trajo un disco surgido plenamente de la pandemia, con letras más que explícitas acerca de las consecuencias sociales y personales del obligado encierro, con un humor explosivo, ácido y delirantemente divertido (Jason Williamson, el expresivo vocalista, es todo un caso). Más que recomendable.
4.- Bobby Gillespie & Jehnny Beth. Utopian Ashes. Una hermosura. Los líderes de Primal Scream y Savages combinaron sus sólo en apariencia incompatibles talentos para brindarnos un excelente plato de rock en un disco que no suena a ninguna de las agrupaciones de las cuales provienen. Aunque no son pareja sentimental, ambos interpretaron de manera muy convincente las canciones compuestas por Gillespie para este álbum conceptual, cuyas letras hablan acerca de un matrimonio fallido y del inevitable desenamoramiento. Muy buena música que no niega sus orígenes británicos.
5.- Robert Plant/Alison Krauss. Raise the Roof. En 2007, Robert Plant y Alison Krauss grabaron juntos por primera vez. Raising Sand fue un disco de una gran belleza y la esplendorosa fórmula repite catorce años después con esta obra extraordinaria. Producido por T-Bone Burnett (of all names), el álbum vuelve a ese sonido emparentado con lo que hoy llaman americana y que antes se conoció como alt-country, enriquecido con toques de ese folk británico con el que el ex Led Zeppelin inició su carrera como cantante. El resultado es tan armónico como la afortunada combinación de cuerdas vocales de Plant y Krauss.
6.- Liz Phair. Soberish. Larga ausencia la de Liz Phair. La estupenda cantautora estadounidense que brillara en la escena indie de los años noventa retorna al terreno discográfico tras once años de silencio (su Funstyle data de 2010) y lo hace con este opus lleno de madurez musical. A sus 54 años, la nacida en New Haven, Connecticut, conserva el encantador estilo que diera a conocer en sus mejores álbumes (Exile in Guyville, Whip-Smart) y lo vierte generosa y a la vez sobriamente en Soberish.
7.- Aimee Mann. Queens of the Summer Hotel. Con casi 30 años de carrera discográfica y a sus muy bien llevados 61 años de edad, Liz Phair reapareció en 2021, cuatro años después de su estupendo Mental Illness. Con Queens of the Summer Hotel, su décimo álbum como solista (recordemos que en los años ochenta fue la bajista y cantante del grupo Til Tuesday), vuelve a revelarse como la gran cantautora que es y su hermosa voz con resonancias a Joni Mitchell permanece intacta. Las canciones de este disco estaban destinadas a ser parte de la adaptación teatral de la película de 1993 Girl, Interrupted, pero el proyecto fue literalmente interrumpido por la pandemia de Covid-19 y Mann decidió emplearlas para producir este precioso álbum.
8.- Neil Young & Crazy Horse. Barn. Segundo disco de Young con Crazy Horse luego de la salida del gran Frank “Poncho” Sampedro (el primero sin el guitarrista fue Colorado, de 2019). Su lugar fue tomado por otro antiguo aliado del canadiense: Nils Lofgren. El nuevo álbum debe su nombre a que fue grabado en un granero (barn) del rancho de Neil en las Montañas Rocallosas (su esposa, la actriz Daryl Hanna, filmó un entrañable documental acerca de las sesiones de grabación). Aunque nada nuevo hay en el más que conocido estilo del músico, cada canción posee esa fuerza a la vez airosa y dulce que caracteriza a sus composiciones. Un cuarteto de veteranos haciendo música real y con alma. Una combinación de rock duro y baladas con todo el sello youngiano. Nada más y nada menos.
9.- David Crosby. For Free. La alta madurez de adulto mayor de Crosby (en agosto cumplió 80 años) lo ha vuelto altamente productivo y creativo. Cinco álbumes en siete años (a partir del excelente Croz de 2014) se dice fácil, pero mantener en todos y cada uno de ellos la gran calidad artística que el viejo compañero y hoy casi enemigo de Graham Nash y Steve Stills (los tres conformaron a finales de los años sesenta el legendario Crosby, Stills and Nash) siempre ha tenido como compositor e intérprete es otra cosa. For Free es un discazo por donde quiera que se le vea… y se le escuche. Otra perla del año que se va.
10.- The War on Drugs. I Don’t Live Here Anymore. Los de Filadelfia también se hicieron presentes en el año que culmina con este gran álbum. Liderado por el sempiterno Adam Granduciel, el grupo ha hecho un disco cada tres años, a partir de su debut en 2008 con el magnífico Wagonwheel Blues. Así pues, este Ya no vivo aquí es su quinto trabajo y aunque no alcanza las alturas del Lost in a Dream de 2014, sí posee todos los merecimientos para figurar entre lo mejor que ha hecho el sexteto.
11.- Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Hilo negro. A mi modo de ver, el mejor disco de rock en español del 2021. DMBK es un gran grupo sevillano que hace un rock sólido y fuerte, con una gran carga de sicodelia (más algo de doom metal y stoner) y con una gran carga, también, de identidad andaluza. Sicodelia andaluza, osú. Hilo negro, su segundo álbum, prosigue con lo que estos músicos ya habían presentado en su disco homónimo de 2019, es decir, gran poderío y una magia muy especial. Vale la pena adentrarse en su propuesta.