El ataque de la Cobra… en el Alicia

El cartel comenzó a circular con más de un mes de anticipación (“‘Cobra’, de John Zorn, en vivo. Ensamble Cobra CDMX”, se leía) y a mi vez lo recirculé a algunos de mis conocidos asiduos al saxofonista.

“Cobra” es una composición cuya primera grabación apareció en 1987 (hat ART), uno de los trabajos de la serie de juegos, obra abierta, siempre susceptible de ser interpretada de muchas maneras y que en México dirigió el propio Zorn en 2003, en una noche en el Colegio de San Ildefonso en la cual participaron, entre otros, Germán Bringas, Rodrigo Castelán, Julio Clavijo, Mario de Vega, William Winant y Guillermo González Philips (hubo un par de presentaciones más: el 18 de mayo de 2019 en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, y el 1 de diciembre del mismo año, en el Centro Cultural Los Pinos, ambas a cargo del Ensamble Cepromusic.) Pero esta “versión” en el Foro Alicia sería la segunda en ser interpretada por músicos de jazz o áreas afines.

La composición es la culminación de trabajos previos, también basados en el principio de las game pieces (“Lacrosse”, “Hockey”, “Pool” y “Archery”, entre otras) y, a grosso modo, consiste en un juego de cartas anotadas que se muestran a los participantes para dar indicaciones y corresponde al prompter (director) determinar previamente quiénes serán los ejecutantes y los instrumentos a utilizar. La composición es aleatoria, se abre no sólo a la improvisación sino también a la indeterminación, ya que el prompter elige las configuraciones de la orquesta y los posibles agrupamientos en ella, la duración de sus intervenciones y la intensidad de las mismas en el momento; pero también recibe retroalimentación de los músicos quienes, cuando lo consideran pertinente, levantan la mano para pedir se les asigne un breve solo y éstos a su vez pueden elegir a otros de los acompañantes para configurar duetos o tríos, todo siempre en el instante.

Fotografía: Gustavo Sánchez

En el cartel se anunciaba como invitados a Todd Clouser y Alex Otaola, pero al llegar al lugar me enteré que tocarían antes como dueto e imaginé que interpretarían algo de Spirituales, ese disco que pergeñaron en 2013, pero se tardaron en sacar cinco años. Sin embargo, cuando llegó el momento de subir al escenario, Alex Otaola llevaba un bajo y los acompañaba Jorge Chávez (Clondemento, Descartes a Kant) en la batería.

realidad pocos estábamos preparados para lo que siguió. El trío desbarató cualquier pronóstico, todo fue sorpresivo: Otaola en el bajo no sólo parecía relojito, se hacía presente sin demasiados alardes, pero dejando en claro que en las cuatro cuerdas sabe moverse con soltura; Chávez se puso a golpear la batería con fuerza desmedida, sin piedad, y Clouser tocó como si trajera al Chamuco en su interior.

Vamos, no hay sorpresa alguna en que músicos de este calibre toquen bien, extremadamente bien; pero que haya existido una compenetración de esa magnitud, sí dejó asombrada a la mayoría. Clouser tocaba, ya lo apunté antes, como si estuviera poseído por el diablo, fue totalmente frenzy, cerraba los ojos y apretaba los labios, cual si de ese par de gestos extrajera mayor fuerza para incorporarla a sus interpretaciones, mientras sus compañeros hacían lo propio en este power trio que dinamitó la noche.

Cuando terminaron, estábamos mudos y ellos exhaustos. ¿Alguien habrá grabado la sesión? Jamás me pasó por la cabeza hacerlo y luego de veinte minutos que le llevó al trío demoler el lugar, ya estaba arrepentido de no haberle dado record a mi celular para conservar esa roller coaster sonora que pulverizó todo a su paso.

Había expectativa por escuchar “Cobra” y doblemente, porque no se sabía quién la habría de interpretar. La cantidad de músicos que desfilaron aquella noche fue enorme, cerca de veinte y el escenario estaba repleto.   Aquí la lista sin orden alguno: Mariana Salazar (voz), Julio Funk (bajo), Jozías de León (percusiones), Luis Clériga (tornamesas), Gerardo Peralta, Alderete, Om Omerom, Richard Villantes, Loui Rocha y Arturo Niño (todos en batería y obviamente no al mismo tiempo); Alfredo Gagom e Ippiki oo (guitarra), Antonio Camargo (electronics, voz), Joel Franco (sax soprano), Juan Galindo (sax tenor) y como invitados Todd Clouser y Alex Otaola (guitarras) y Jorge Chávez (batería).

Fotografía: Gustavo Sánchez

Tocaron cuatro segmentos y parte de la espectacularidad y buen desarrollo de la noche radica en el prompter (Mauricio Delgadillo) quien, con una serie de tarjetas mostraba una “orden”, los músicos la registraban y luego pasaba a designar al “grupo” que habría de ejecutarla. Llegado el caso, señalaba ora un extremo en donde percusiones, batería y guitarra llevaban a cabo una “secuencia”, para rápidamente pasar a señalar al otro extremo, en donde sax, batería y sampler realizaban su trabajo. Luego decidía que todos tocaran a a la vez durante un momento y de pronto, en medio de esa cacofonía, enviaba una señal y se quedaba únicamente la voz para gestar un pasaje muy tranquilo; otras, el sax tejía una sensual melodía y un silbido lo seguía, pero esos espacios de reposo eran interrumpidos por ráfagas de sonido y formaron un tremendo vaivén a lo largo de la noche

Como estas interpretaciones pueden durar unos cuantos segundos o un par de minutos, hay instantes en los cuales el resultado es frenético, una yuxtaposición de bloques de sonido cuyo resultado probablemente está en la cabeza del prompter, pero que no puede controlar a cabalidad, pues el resultado dependerá de los músicos, del ataque y la presteza con la cual lleven a cabo la ejecución, así como de su personalidad, pues durante la noche hubo algunos momentos que incluso rozaron los lindes del pop rock y el funky.

Sin embargo, si la expectativa era de incertidumbre, conforme transcurrió la velada y los músicos se asentaron, testificamos una noche intensa, de acertados momentos de comunicación que redundaron en pasajes bien logrados y en lo que lo menos fue el caos (la historia de cómo se fraguó esta presentación, los ensayos, el tiempo y lo azaroso de la preparación dan para un texto mucho más amplio que aquí no podemos incluir).

No sólo fue una buena noche, también está el potencial por venir. La mayoría de los intérpretes, salvo Clouser, Otaola, Chávez y alguno más, pertenecen a una nueva generación que aún está por alcanzar su desarrollo y allí, como me lo señaló uno de los músicos al día siguiente, está la semilla de varias unidades más pequeñas.

En ese sentido, es mucho lo que aún está por hacerse, pero el porvenir promete.

“Cobra”, de John Zorn, en vivo. Ensamble Cobra CDMX, Invitados Alex Otaola & Todd Clouser /Viri Roots, 29 de octubre de 2021, Multiforo Alicia.

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Publicado en: Crónica