Si existe un grupo mítico de rock, proveniente de lo más oscuro y subterráneo de las calles anegadas de lluvia y misterio de la ciudad de Nueva York, ese es The Velvet Underground. Con esa aura de poesía maldita que lo rodeó siempre, debido a las letras herméticas, impregnadas de drogas y rock and roll, por parte de ese lúgubre romántico que fue Lou Reed, más el avant-clasicismo mohoso de John Cale, las percusiones secas y precisas de Maureen Tucker y las líneas de guitarra de Sterling Morrison, el cuarteto inspiró a un mentor de peculiar prestigio (el rey del arte pop, Andy Warhol) y a su cómplice, la actriz y cantante Nico, para producir uno de los álbumes más legendarios en la historia del género: The Velvet Underground and Nico, de 1967. Más tarde, ya sin Warhol y Nico a la vista, llegaría otra obra maestra menos reconocida, pero quizás aún más arriesgada y escalofriante: White Light/White Heat (1968). Luego vendrían mil problemas y vicisitudes, provocados principalmente por la lucha de egos entre Reed y Cale, lo que culminaría con la salida de este último de la agrupación que él mismo ayudo a crear.
Todo esto y mucho más es narrado en la película documental The Velvet Underground, dirigida por Todd Haynes en 2020, que ya puede verse en la plataforma de streaming Apple TV.
La cinta ofrece entrevistas íntimas con los protagonistas sobrevivientes de aquella época, junto con presentaciones nunca antes vistas, así como imágenes de películas de Andy Warhol (como Empire y Sleep) y muestras del arte experimental pop de esos días, lo que nos permite conocer lo que John Cale llama el ethos creativo de la agrupación: “cómo ser elegante y cómo ser brutal”.
Aunque se echa de menos la inclusión de más minutos del grupo en concierto, esto tiene una explicación que da el propio Haynes: “En gran parte se debe a que no hay metraje de conciertos. Tampoco existe material promocional del sello discográfico, no hay fotos de ellos en gira. Realmente sólo puede vérseles en el cine de Andy Warhol o de otros realizadores experimentales de la ciudad de Nueva York en la época, como Jack Smith, con quien Cale y su amigo Tony Conrad trabajaban en su apartamento de la calle Ludlow. La cinemateca de Film-Makers de Jonas Mekas (a quien está dedicado el filme) también se convirtió en un escenario, más allá de un lugar para exhibir películas, y el conjunto musical de la casa era precisamente el Velvet Underground. La banda se formó dentro de esa escena y surgió a través de la cultura experimental y el arte que se hacía entonces”.
A pesar de esta relativa falta de música, el documental resulta fascinante. The Velvet Underground de Haynes centra su foco de atención en cómo Reed y Cale, juntos y por separado, convirtieron al cuarteto (junto con Morrison y Tucker) en una voz singular para hablar sobre la violencia, el sexo, las drogas y el rock. Habiendo mostrado previamente su amor por la música abstracta y su habilidad para crear imágenes icónicas en películas como Velvet Goldmine y I’m Not There (que hablan sobre la relación entre David Bowie e Iggy Pop y sobre la vida de Bob Dylan, respectivamente), Haynes demuestra aquí que es un maestro del cine. Su película no solamente presenta el momento, el lugar y las personas que hicieron posible que todo sucediera con El Subterráneo de Terciopelo, sino que lo hace con absoluta reverencia.
Además del filme que puede verse en Apple TV desde el pasado 15 de octubre, también apareció un álbum doble con el soundtrack de la cinta, el cual incluye las versiones en concierto inéditas de dos de las canciones más emblemáticas de los Velvet: “Sister Ray” y “After Hours” (esta última, una preciosidad).