Andy Warhol: el hombre más plástico que jamás haya existido

Hace 50 años apareció uno de los discos más importantes en la historia del rock: Sticky Fingers de los Rolling Stones. Si la música del álbum se convirtió en clásica, la portada, diseñada por Andy Warhol, se volvió icónica. He aquí un recuerdo de ese polémico personaje que tanto tuvo que ver con el arte pop y, por supuesto, con el rock.

La forma como Andy Warhol consiguió que los productos de consumo de la cultura popular estadounidense de los años sesenta se convirtieran en objetos artísticos lo sitúo en la historia como el máximo representante del arte pop. Fue por medio de sus diseños publicitarios, sobreexpuestos en revistas y en televisión, que este estrafalario personaje logro introducirse en el subconsciente colectivo de toda una generación.

Andy Warhol con Archie, su mascota Dachshund. Fotografía: Jack Mitchell bajo licencia de Creative Commons

Nacido el 6 de agosto de 1928 en Pittsburgh, Pennsylvania, e hijo de padres checoeslovacos que habían emigrado en 1913 en busca de fortuna, Andrew Warhola creció coleccionando fotografías de estrellas de cine y leyendo revistas de Dick Tracy, las cuales lo ayudaban a sobreponerse de la depresión nerviosa que padecía y a imaginar  que seria alguien famoso y que con ello saldría de la pobreza.

Desde niño su madre lo animó a pintar, dibujar e interesarse por la literatura. Poco después de la muerte de su padre, en 1942, comenzó a  acudir a clases gratuitas en el Carnegie Institute of Technology, donde concluiría siete años más tarde la especialidad de dibujo artístico. Más tarde se trasladaría a Nueva York, ciudad en la cual obtuvo trabajo como ilustrador para Vogue y Glamour, así como de diseñador de zapatos para Tiffany & Co. y otras agencias de publicidad. Estos trabajos le dieron reconocimiento y le trajeron grandes ganancias económicas. Poco tiempo después cambió su aspecto al someterse a una cirugía de nariz, pues tenía una profunda insatisfacción con su físico; desde edad muy temprana había estado interesado en adoptar otra identidad, lo que también lo llevó a utilizar una peluca blanca y a reducir su apellido.

El diseño publicitario de Warhol se mezcló con el arte de vanguardia y hasta una Coca Cola dejó de ser un simple refresco con gas para convertirse en un objeto artístico e introducir en él implicaciones políticas y psicológicas. “Puedes estar mirando la televisión y ver una Coca Cola y puedes saber que el presidente bebe Coca Cola. Liz Taylor bebe Coca Cola y, piénsalo, tú también puedes beber Coca Cola. (…) Ninguna cantidad de dinero puede brindarte una mejor Coca Cola que la que está bebiendo el mendigo de la esquina». Propagando esta filosofía pop y consciente de la importancia que ejercen los medios masivos de comunicación para difundir cualquier cosa, el extravagante artista consiguió con sus técnicas de serigrafía que latas de sopas Campbell’s, recipientes de jabón, personajes de cómic como Batman y Superman, retratos de míticos personajes como Elvis Presley y Marilyn Monroe exaltaran sus encantos y lo proyectaran como toda una celebridad dentro del mundo del consumo y la superficialidad.

Warhol expuso en las mejores galerías y vendió sus obras a precios elevados a la beautiful people neoyorquina. Pronto se convertiría en el retratista de la alta sociedad que iba del presidente Richard Nixon a la Reina de Inglaterra.

En 1963 creó The Factory, el estudio –pintado de plateado y cubierto con papel aluminio–, donde dio rienda suelta a ideas aún más extravagantes, como la producción de obras de arte en serie y su incursión en el cine. La Factory se convirtió en el lugar de moda, la esfera a la cual pertenecer, el sitio de reunión y de experimentación de Nueva York tanto para artistas pertenecientes al underground como al mainstream.

Era el lugar perfecto para que se mezclaran católicos, chicas de la buena sociedad, gays, travestis, pobres del downtown neoyorquino junto con famosos del cine, la literatura, la música y el arte de la época como John Lennon, Yoko Ono, Jim Morrison, Jack Keroauc, Alen Ginsberg, William Burroughs, Liz Taylor, Truman Capote, Mick Jagger, Montgomery Clift y Dennis Hopper, entre otros. Todo el que era famoso se acercaba a Warhol y nadie era famoso si no se acercaba a él.

Para finales de 1965, Andy Warhol disfrutaba del dinero, la fama y el prestigio que persiguió desde que llegara a Nueva York a principios de los cincuenta. Todas las columnas de sociales en los periódicos de Estados Unidos hablaban de su persona, de sus provocadoras obras, de sus filmes voyeuristas, en los cuales abundaban las temáticas sexuales, las violaciones, las felaciones y la exaltación del cuerpo masculino que tanto fascinaba al artista. Las revistas contaban de sobra con las anécdotas de la crema y nata de la alta sociedad que se suscitaban en las excéntricas fiestas de la Factory. Pero a Warhol le faltaba algo para ser una estrella mediática, un verdadero gurú de la contracultura –considerada ésta como vanguardismno de dandys– y la modernidad de aquella época. Aún no había experimentado con el explosivo mundo del rock, la manifestación de la cultura popular en la cual más se reflejaba una juventud en continua agitación. Fue entonces cuando abandonó temporalmente la pintura y buscó un nuevo campo de interacción.

Una noche de 1965, persuadido por sus consejeros Gerard Malanga y Barbara Rubin, visitó el Café Bizarre (un bar para turistas de Greenwich Village), donde encontraría el elemento ideal para extender sus actividades artísticas: The Velvet Underground. Aquella noche había sido citada también Nico, una escultural modelo alemana que había trabajado con Federico Fellini en La dolce vita.

Cautivado por los sonidos duros y saturados de rock urbano y la poesía del Velvet, Andy Warhol rescató al grupo del circuito subterráneo y lo instaló en la Factory. Pese a la oposición de Lou Reed, decidió que Nico sería la cantante de la agrupación a la que rebautizó como The Velvet Underground and Nico.

De inmediato, Warhol ensambló un performance llamado The Exploding Plastic Inevitable; protagonizado por la fría voz de Nico y su estilizada y elegante figura, precedida por Malanga, quien bailaba agitando un látigo mientras el resto del grupo interpretaba música llena de distorsiones, con letras que trataban tópicos inusuales como el sadomasoquismo, el travestismo o la adicción a la heroína. De estas presentaciones destacaba la Andy Warhol, Up Tight (Andy Warhol, atado), un concierto de rock multimedia en el cual Barbara Ruin paseaba entre los espectadores para plantearles cuestiones sexuales mientras todo era filmado.

Poco después, Warhol diseñó el célebre plátano que se convertiría en logotipo oficial del grupo y financió el primer disco del mismo. El álbum tardó más de un año en ver la luz, pues no contaba más que con el mero nombre de Warhol como promoción y al salir pasó inadvertido. En mayo de 1967, los miembros de The Velvet Underground decidieron romper la relación con su benefactor.

Andy Warhol abandonó su vocación de mecenas musical pero aún coquetearía con celebridades del rock como Bob Dylan, Brian Jones, Mick Jagger y, más tarde, Sid Vicious y Madonna. En 1968, la feminista radical Valerie Solanas, quien actuara en una de las películas de Warhol y también fue fundadora y miembro único de SCUM (Society for Cutting Up Men, es decir, Sociedad para despedazar hombres), le dio un tiro en el pecho. Solanas argumentó que Warhol había robado una obra que ella escribió.

En el otoño de 1969, ya recuperado del atentado, publicó el primer ejemplar de la revista Interview, “un diario cinematográfico mensual” orientado también a la moda. Iniciada la década de los setenta, comenzó a filmar en video los Factory Diaries, grabaciones espontáneas de los visitantes que llegaban a su estudio. En 1971, diseñó la funda del álbum Sticky Fingers de los Rolling Stones. Por esos años creó seiscientas cajas de cartón, las cuales contenían ropa, fotografías, objetos de colección y otras cosas de su vida diaria y eran llamadas las Time Capsules.

A mediados de los ochenta salieron al aire, en MTV y la cadena MSC, en transmisión nacional, Andy’s Fifteen Minutes y Andy Warhols TV. Sin embargo, poco después, tras complicarse una operación de la vesícula biliar, Andy Warhol murió. Era el 22 de febrero de 1987.

La figura de este singular personaje siempre estará ligada al arte popular y a sus retratos coloridos, lo mismo que a sus experimentaciones fílmicas, su fotografía, la Interview y sus extravagantes fiestas, amenizadas por la música de Velvet Underground. También a sus libros, mismos que fueron escritos por su secretaria Pat Hackett, quien grababa o tomaba nota de las ocurrencias del artista y de su vida diaria, para después darles forma y pasarlas a materia de libro.

En 1990, John Cale y Lou Reed se reunieron por primera vez después de la separación de Velvet Underground para ofrecer un tributo a la memoria de su amigo. Esta colaboración dio origen al sentido y estupendo disco Songs for Drella, cuyo titulo se debe a la contracción de Drácula y Cinderella (Cenicienta) con el cual solían referirse años atrás a Warhol en su entorno. El álbum coincidió con la reunión del grupo, con ocasión de la retrospectiva warholiana organizada en 1990 en París por la Fundación Cartier.

En este trabajo, ambos músicos quisieron proyectar un retrato musical que reflejara, por medio de violas, teclados y guitarras, las fobias, miedos y ambiciones de la extraña personalidad del hombre más plástico que haya existido.  

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Publicado en: Reportajes