Cabezas de Cera y su México industrial 1923

No es la primera vez que música y cine silente se encuentran; de hecho, la práctica es ya antigua, pues en los comienzos del séptimo arte era frecuente que el cine mudo se musicalizara en directo. Al iniciar la segunda década de este siglo, poner música en directo a viejas cintas del cine mudo incluso se convirtió en una moda y la Cineteca Nacional creó el ciclo “Bandas sonoras” que más tarde retomó el Lunario del Auditorio Nacional bajo el nombre de “Cine bar-Bandas sonoras”.

Tampoco es la primera ocasión que Cabezas de Cera, dueto conformado por los hermanos Mauricio y Francisco Sotelo, pone su talento al servicio del cine mudo, aunque su reciente trabajo en la musicalización del documental México industrial 1923 tal vez sea su obra más ambiciosa en este sentido, tanto técnica como creativamente.

Pienso rápidamente eso, mientras corren las primeras imágenes del documental producido por la Compañía Industrial de Atlixco S. A., al que los Sotelo le han puesto música y presentan hoy en el Teatro Esperanza Iris de la Ciudad de México. El filme da cuenta de los procesos de producción textil de una de las fábricas más importantes del país, justo cuando inicia el auge de la industrialización; pero también, tangencialmente, es una invitación a visitar los sitios turísticos de la región y al mismo tiempo un retrato de las condiciones de trabajo de una naciente clase obrera.

Fotografías: cortesía de David Cortés

Cabezas de Cera musicalizó anteriormente El gabinete del Dr. Caligari –plasmada en el álbum Música en escala de grises– y Gente en domingo, pero México industrial 1923 les planteó nuevos retos. La dupla tuvo que encarar el trabajo con cierto distanciamiento, porque mientras en experiencias anteriores puso su quehacer al servicio de cintas en las que las emociones y sentimientos le “marcaban” un parámetro, en este filme documental se atuvo a retratar procesos llevados a cabo por humanos, pero alienados por la jornada laboral. En ese sentido, la música está totalmente  al servicio de la imagen; se ve en la necesidad de subrayarla, de ser más objetiva y sin duda ello influyó en las composiciones elegidas por para enmarcar el filme.

https://www.youtube.com/watch?v=YU_atr_lN-Y

Hoy, mientras vemos imágenes de obreros concentrados en su trabajo, Francisco y Mauricio dejan a un lado los arrebatos sonoros, esa música de paradas intempestivas y enérgicos arranques, para trabajar más en la construcción de ambientes, en sonidos que por instantes reproducen y emulan silbatos, trenes, máquinas; pero no lo hacen “literalmente”, sino de manera insinuada, que sirvan de guía para que el espectador –el cual a veces no sabe si atender a las imágenes o al despliegue instrumental de los Sotelo, quienes se prodigan para atacar diferentes instrumentos– las complete en su cerebro.

Son escasos los instantes en los cuales el grupo puede desplegar su ya característica fusión. En vez de eso, proliferan las texturas, la edificación de atmósferas. Francisco Sotelo, detrás de su batería, parece ser el comandante en jefe de la nave, pero dista mucho de permanecer sentado atrás de los tambores para trasladarse ora al piano, ora al salterio prisma, instrumento que cada vez que es pulsado deja escuchar su hermoso timbre.

Frente a él, Mauricio Sotelo también se multiplica. Acostumbrados a verlo con su stick (el cual hoy no abandona del todo), resulta extraño mirarlo encargarse de las percusiones, acercarse al sintetizador, crear efectos con la voz y disparar loops, una abigarrada alfombra que permite a los hermanos consolidar esos ambientes por momentos opresivos propios de una fábrica.

Cierto, la experiencia de conjuntar sonido e imágenes silentes quedó asentada en Sono Autumatum, el DVD-CD, producido por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla que se hizo acreedor al Premio Antonio García Cubas del Instituto Nacional de Antropología e Historia a Mejor obra de edición, pero “palparlo” en vivo es una experiencia mayor. Los ambientes ganan cuerpo, aquellos pasajes en los que las imágenes se solazan en los alrededores de la fábrica, encarados de manera pastoral, son momentos de calma en medio de la vorágine industrial, una vorágine muy vivida que el escucha podrá recrear en casa, pues fue grabada para ser reproducida en 5.1, pero que aquí, en directo, crea otro efecto, se apega más al deseo de Cabezas de Cera de retratar “los entornos que se vivían día con día en la fábrica, como un hilvanado que entreteje finamente la estridencia de las máquinas con la evocación abstracta de los gestos y los pensamientos callados a fuerza de motores, durante la ardua jornada de trabajo de los obreros”.

Hoy, jueves 30 de septiembre de 2021, en el Teatro Esperanza Iris se reafirmó por qué Cabezas de Cera es uno de los puntales de la escena de fusión en este país; colorearon, sin llegar al exceso, un filme en blanco y negro, lo hicieron mediante el manejo de una paleta sonora que dominan, pero a la que tuvieron que buscarle nuevos significados. En ese sentido, siguen firmes en su idea de reinventarse en cada oportunidad.

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Publicado en: Crónica

Un comentario en “Cabezas de Cera y su México industrial 1923

  1. Excelente trabajo. Los sonidos por si mismos son ya un excelente concierto que además evoca la industria nacional y ferrocarril mexicano. Esto nos traslada a la época en la que nuestra opción para viajar era el ferrocarril, era accesible por su costo.

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