Auténticos pioneros del género durante una época en que las grandes orquestas de salón, los tríos musicales y los danzones de barriada imperaban, Los Blue Jeans fueron sinónimo de buen rock and roll y diversión en Puebla, durante la década sesentera.
Fundado por los entonces adolescentes Enrique Aguilar (guitarra) y Rafael Hernández (vocalista), el grupo fue garantía de éxito no sólo gracias a su gran calidad musical, sino también por sus actos semi acrobáticos y desbordado humor picante sobre el escenario.
Bajo el nombre de Los Blue Kings, iniciaron su carrera musical hacia finales de los años cincuenta entre las aulas y pasillos del Instituto Normal del Estado y el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec, donde la imberbe pareja deleitó tanto a camaradas como a profesores al lado de sus compañeros de grupo, Rafael del Valle (primera guitarra) y los hermanos Gustavo (bajo) y Guillermo (batería) San Martín. Aguilar sostiene: “La primera tocada fue en el auditorio del Instituto Normal del Estado, para celebrar la fiesta de una profesora cuando yo cursaba el tercero de secundaria. En esa presentación no teníamos guitarras eléctricas sino tan solo guitarras de madera, piano, una tarolita y un platillo”.
Con aquella primera formación obtuvieron gran revuelo, por lo que fueron ampliamente requeridos en todo tipo de reuniones, eventos públicos, balnearios, teatros y centros recreativos juveniles; pero fueron particularmente apreciados en la radiodifusora local XEHR, donde Josefa Benites (quien fuera esposa del propietario, Roberto Cañedo) los acogió con entusiasmo para que exhibieran periódicamente sus adaptaciones musicales de Elvis Presley, Bill Haley, Ricky Nelson y agrupaciones nacionales como Los Locos del Ritmo, Los Rebeldes del Rock o Los Teen Tops.

Fotografías: cortesía del autor
Para 1962 se celebró el primer concurso de rock and roll angelopolitano, en el que se hicieron con la máxima distinción: “Lo organizó el Ayuntamiento de Puebla en el Parque España; ahí participaron grupos conocidos en ese entonces, como Los Demonios del Rock y varios más. Por dos años consecutivos sacamos el primer lugar. Todavía conservo el trofeo que nos ameritó ese logro”, afirma nuestro entrevistado. En recompensa, obtuvieron la oportunidad de grabar sus primeras melodías mediante DIMSA, un subsello perteneciente a la disquera Orfeón.
Los músicos poblanos pronto viajaron hacia el entonces Distrito Federal, donde se pusieron a disposición del director artístico Francisco de la Barrera, quien les solicitó cambiar de nombre, dado que ya existía otra agrupación con idéntico apelativo. Entonces optaron por el título de Los Blue Jeans y en aquella ocasión registraron dos discos EP: el primero con las canciones “Hagamos una fiesta” y “Melodía del corazón” y el segundo con “Ella es así” y “La mosca existencialista”. Un año más tarde, nuevamente grabaron otro EP con las piezas “Tiempo de verano” y “Ya tengo a mi chica”. Estas últimas se incluyeron en el LP acoplado de 1965 Confeti musical Vol. II, junto a diversos músicos en otro sello propiedad de discos Orfeón llamado Maya.
Cabe mencionar que todos los temas eran adaptaciones (o covers) de rocanroles norteamericanos. Por ejemplo, “Ella es así” pertenece a Charles Underwood y fue grabada originalmente en 1959 como “Ubangi stomp”; paralelamente, “Hagamos una fiesta” no es otra que “Let’s Have a Party”, escrita por Jessie Mae Robinson en 1957. Es de llamar la atención que 1962 fue una fecha trascendental para el rock and roll angelopolitano, pues trazó su debut discográfico con los dos conjuntos más sobresalientes por aquellos años: Los Demonios del Rock, con su tema “A volar”, incorporado al LP acoplado Explosivos twist Vol. III, y Los Blue Jeans, con sus dos primeros sencillos. Tras las grabaciones, al grupo se le presentó la posibilidad de brillar lejos del terruño.
“El director del departamento de promociones y ferias de la cervecería Moctezuma nos propuso trabajo, se ofreció a comprarnos trajes, zapatos, camisas e inclusive viáticos. En ese entonces yo estudiaba el primer año de medicina; Del Valle también estudiaba, pero en Ingeniería Química. Aun así, nos fuimos y pasamos muchos años viajando por toda la república. Tocamos en teatros, toreos, carpas, restaurantes, bares y a donde nos mandaran. Permanecíamos regularmente ocho días en cada lugar, a excepción de las ferias grandes que duraban un mes o quince días”, comenta Aguilar, quien agrega: “Éramos toda una variedad, ya conocíamos al público. Empezábamos con canciones normalitas de rock y todo eso, pero cuando entrábamos al relajo de que Del Valle tocaba con los dientes, Guillermo arriba de la batería, el sube y baja que hacíamos con el saxofonista, más los albures. La gente se moría de la risa”.

Bien remunerados, equipados y adiestrados, Los Blue Jeans participaron también en la televisión nacional, en programas televisivos como Premier Orfeón A Go-Go, Fanáticos A Go-Go y Baile con Vanart, entre otros, y se codearon con figuras muy reconocidas de la época como Pedro Vargas, Los Polivoces, Pily y Mayté Gaos, Carmen Salinas, Los Piccolinos, las Hermanas. Jiménez, el Dueto Fontana y un largo etcétera (“para mí son bonitos recuerdos, ya que cuando nosotros comenzamos, en la mayor parte del país no habían escuchado a un conjunto de rock en vivo. Nos trataban como reyes”). La aventura artística duró más de un lustro, con muy escasos reposos y casi siempre alejados de su tierra natal y su familia.
Al terminar los sesenta, algunos miembros de la agrupación decidieron volver a Puebla para retomar sus obligaciones familiares. El frenético andar de Los Blue Jeans, si bien fue prestigioso, excitante y económicamente lucrativo, también provocó extenuación, hartazgo y complicaciones personales para los músicos que desafortunadamente se separaron. Aguilar cuenta: “Me salí del grupo por una promesa que me forzaron a hacer para abandonar la música, lo cual me dolió muchísimo. Yo estaba en Puebla, debido a un asunto familiar, y los muchachos en Playa Limones, Tabasco. Les hablé por teléfono para decirles que ya no iba a regresar, mis aparatos se los podían quedar y les pedí también que me pasaran una lana para sostenerme por un tiempo”.
Así, el frenético andar de Los Blue Jeans llegó a su término, pero la impronta dejada por Aguilar y compañía al despuntar los sesenta había penetrado rápidamente entre sus paisanos rocanroleros quienes intentaron emular su ejemplo. Muchos lograron instruirse junto a ellos, como los ex Demonios del Rock Francisco Alba Odilón y el recientemente finado Juan Guerra. Sin mencionar que otros recién comenzaban sus carreras musicales cuando ellos ya recorrían exitosamente el país con su particular estilo.
Hoy pocos recuerdan el espectáculo itinerante de los pioneros angelopolitanos. La presente generación de músicos y demás preocupados por la historia del género muy frecuentemente ignoran parte de sus andanzas. Queda entonces abonar contra la desmemoria y reintegrar un eslabón perteneciente al gran entramado del rocanrol mexicano.