Pilla, pianista de amplias miras

Fue el azar. Sonaba el cassette Compilación México, 2020 (Infra Ediciones) y de pronto, en medio de ese alud de sonidos perturbadores y experimentales, se escuchó algo que si bien se adentra en la vanguardia, también tiene algo melódico que de inmediato llama la atención. El corte se llama “Terremoto” y viene acreditado a Pilla. No hay más, ningún otro indicio, pero lo escuchado es suficiente para despertar la curiosidad de quien esto escribe.

Pilla, el mote con el cual su familia llama a Patricia Reyes Ángeles, es la menor de cinco hermanos y fue uno de ellos, quien estudiaba contrabajo en el Conservatorio Nacional de Música, el responsable de iniciarla en la música popular: “Tenía un grupo de eventos y comencé tocando con él a los trece años”.

Ella estudió en el Conservatorio Nacional de Música y bajo la tutela de Francisco Téllez en la Escuela Superior de Música. En 2000, Pilla se trasladó a San Cristóbal de las Casas, Chiapas, atraída por una mejor calidad de vida, y además de aprender y tocar lo aprendido en un piano acústico, también se dedicó a impartir clases y organizar talleres y encuentros de jazz.  Fue allí, en el año 2000, donde formó junto con Ciro Liberato (bajo) el dueto Ameneyro: “Una experiencia de constante aprendizaje de la música mexicana y desarrollo con libre improvisación, música contemporánea y jazz”.  

La dupla, con la ayuda de diferentes invitados (Damián Galvez, Milo Tamez, entre otros), grabó un total de cinco discos en los cuales el jazz se hermana con el folk –en Tele-visión, 2004, la marimba, por ejemplo, da un tono local, pero sin llegar al exotismo–, la música contemporánea y la vanguardia, detalles advertibles en Doncella (2008) en donde encontramos sampleos (los habitantes de San Cristóbal en “San Lázaro”) y acercamientos a la fusión (“Pinta tu raya”) y tonos ya mucho más experimentales en Ecole-cua (2012), en con el baterista Milo Tamez como invitado.

De Ameneyro, escribió Antonio Malacara Palacios en La Jornada: “… Amenyro es jazz de avanzada, es música contemporánea con ocasionales aromas de rock setentero, es un afortunado reencuentro con las raíces que sostienen y dan forma al porvenir. Es un jarro de magia y agua fresca, pues…”.

De esa estancia en San Cristóbal de las Casas, un lugar en donde el jazz es más una rareza que una constante, cuenta Pilla: “No existía una presencia de jazz. Al decidir quedarnos empezamos a hacer talleres, encuentros, conciertos, conciertos didácticos para difundir el jazz en el estado. Nos hicimos acreedores por tres ocasiones a la beca PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico) para difundir el jazz. Así logramos ampliar el público y la escucha, además de que Téllez nos facilitó el plan de estudios de jazz de la Escuela Superior de Música y se abrió la licenciatura en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, lugar en el que dimos clases por diez años”.

Fotografías: Alejandra Barragán

Luego de 16 años en el sureste mexicano, Pilla viajó a San Francisco, California, y luego de una estancia de varios meses regresó a Chiapas, para darse cuenta de que sus intereses y horizontes habían cambiado. Entonces se mudó a Guadalajara:

“Quería vivir nuevamente en una ciudad con más actividad musical y Guadalajara me dio y me sigue dando lo que por ahora necesito para seguir creando y creciendo”.

El cambio también implicó una nueva dirección en la música de la pianista. Si ya en Ameneyro existían atisbos, insinuaciones experimentales y giros tendientes a la vanguardia, su arribo a Guadalajara marcó la inmersión en esa nueva veta sonora: “Durante mi última etapa en Chiapas, estuve estudiando, creando y compartiendo con músicos y maestros de libre improvisación, electrónica y experimental y en Guadalajara encontré más músicos con quienes poder crecer y producir en ese ámbito”.

Fue así como, en 2020, Pilla lanzó su primera producción en solitario: Autoexilio.

Es una obra trabajada con una formación de noneto y “Terremoto”, el corte abridor, tiene un comienzo ominoso, hay un tremor de sonidos en primer plano sobre el cual trabajan otros instrumentos, hasta llegar a un estado de tristeza en el cual a veces el violín, ora el piano, en ocasiones la guitarra, realizan un lamento. “Iluminar certezas” inicia con el piano y las notas resuenan y dejan espacio al silencio, se incorpora la guitarra que teje líneas cristalinas, a veces melódicas, como si quisiera desprenderse y hacer un solo, pero el piano la contiene y establecen un hermoso diálogo.

“Canción madre”, por su parte, inicia como una nana. Piano, bajo y violín tocan muy por lo bajo y diluyen el sentido de la nana, para tornarse en un tema más siniestro; el bajo reverbera tanto que satura, pero ese contraste entre lo hermoso y lo oscuro es muy bello y en su última parte se regresa al “candor” de la nana. “Somos nadies” es una composición abstracta, pero también incluye tintes, lúgubres, cinemáticos y aires de música contemporánea. “Ojo ci(ego) & transparencias” es minimalista en su entrada, la más amable del tándem. Es un extraño tema en el sentido de que rompe con lo precedente; también es la que en la segunda parte (“Transparencias”) se inclina más hacia la fusión.

De la gestación de Autoexilio, dice Pilla: “Es un disco que se hizo en tres etapas. La primera fue para grabar composiciones que siempre quise, con contrabajo y batería; grabé ‘Transparencias’ y ‘Ojo ci[ego]’ con el contrabajista venezolano Freddy Adrián, Isaac Castillo en la guitarra y Humberto Saucedo en la batería. Para la segunda etapa decidí hacerlo con Antonio Valle (violoncheloops) en el cello eléctrico y Ciro Liberato en bajo. Con ellos grabé ‘Somos nadies’ y ‘Canción madre’. Y la última etapa fue con la violinista Janine Jop y en la electrónica Miguel Mesa para el tema ‘Terremoto’ e ‘Iluminar certezas’ la grabé con mi maestro Julio Torres en la guitarra. Autoexilio es el resultado de un afortunado encuentro entre músicos de Venezuela y México, con amplia formación y dilatada experiencia en la improvisación libre, el arte sonoro y el jazz”.

Este año, apareció Flegetonte, trabajo más abstracto y experimental. Inicia con “Carta a un amigo difunto”, en la que aparecen sonidos de algo que regurgita, hay ciertos toques de ruido y de pronto aparece el piano, con notas sueltas primero, luego hay punteos de la guitarra y después acordes, pero el tono sobrio, abstracto, jamás se pierde. En “Pulsiones de vida y muerte” hay una interrelación de la electrónica de Miguel Mesa, con la guitarra de Julio Torres y el piano de Pilla; se advierte más movimiento, que no musicalidad, e impera un tono imprevisible. “En el Flegetonte”, si puede existir un instrumento protagónico, este papel le corresponde al piano, mientras “El viento rasca los sembradíos” comienza con algo que, efectivamente, parece viento, pero luego pierde esa condición para convertirse en otra cosa, en unas pequeñas explosiones.

“Este disco se grabó en vivo, es un concierto virtual para el ciclo Bemol de Jalisco. El eje de trabajo fue la vida y la muerte. Flegetonte es uno de los cinco ríos del Hades en la mitología griega. Mucho por decir en medio de una pandemia, revelar otra experiencia del arte sonoro por medio de ondas explícitas, abrasivas, llenas de explosiones, extraños golpes, pianos inesperados y diversos esquemas de atmósfera. Los títulos de las piezas intensifican este espíritu, suenan enérgicos, cargados de ideas frescas y urgentes”, señala la pianista.

Sus miras son amplias. Una vez que ha pisado nuevos territorios, no significa que olvide el pasado y estas facetas se advierten en sus entregas en directo, siempre dirigidas a públicos diversos, por lo que se ve en la necesidad de aclarar lo que tocará: “Básicamente, los conciertos son de jazz, jazz latino o popular y de improvisación libre, contemporánea”, dice quien tampoco se detiene al momento de hacer colaboraciones, ya sea “con artistas de hip hop, metal (su instrumento aparece en el corte “Neomoira” al lado del trío Parazit) y música latina”.

Pilla anuncia los planes futuros, sin orden alguno. Una colaboración con Freedy Adrián, “extraordinario contrabajista venezolano”; una “invitación a grabar con una orquesta femenina con integrantes de distintas partes del mundo”, a estrenarse en un par de meses; y la edición física de “una sesión libre de improvisación cuyo resultado me gustó mucho” al lado de Germán Bringas, Roberto Tercero, Xavier Fraustro, Luis Ortega y Gustavo Nandayapa.

Por último, Mujeres & disidencias, un proyecto que busca destacar “la presencia de la mujer en un ámbito que ha sido percibido históricamente  por la sociedad como masculino y se enfoca principalmente en las vanguardias, compositoras e intérpretes que están lejos del mainstream y generalmente es catalogado como jazz experimental, pero que abarca el ruido, la libre improvisación y las vanguardias atonales europeas”.

Consta de ocho minidocumentales de mujeres cuya actividad las ha convertido en referentes de la música contemporánea. El proyecto se complementa con un taller estudio con la finalidad de grabar un disco y se lleva a cabo de manera permanente en la ciudad de Guadalajara, con un formato de gran ensamble (cinco metales, batería, bajo, piano y cello), “un proyecto de formación musical único en el país”, concluye Pilla.

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Publicado en: Reportajes