Aunque lenta, la producción de libros dedicados a alguna temática cercana o relacionada con el rock sigue en aumento. Hagamos una somera revisión a dos novedades editoriales, a las cuales la pandemia les ha impedido un mejor recorrido y difusión.
Cantoras todas
Coordinado por Enrique Blanc, Gabriela Robles y Humphrey Inzillo, integrantes de la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica, y editado por la Universidad de Guadalajara, este texto, con el subtítulo de “La generación del siglo XXI”, recoge veinte semblanzas-entrevistas en las cuales se habla de algunas de las mujeres dedicadas a la música en Iberoamérica
Prologado por Julieta Venegas y con presentación de Lila Downs, Cantoras todas es como una rama de árbol que se hunde en un lecho de agua de fondo lodoso y que una vez que se agita y se calma, deja ver, de manera cristalina, aquello que antes era turbio: salta a la vista una gran riqueza.

Como suele suceder al hacer este tipo de recorridos, las historias deslumbran porque lo aquí contado es resultado del trabajo de años. Aunque el subtítulo hace alusión a la generación del presente siglo, no se trata de una visión sobre cantoras emergentes, noveles, sino de una generación que apenas en este siglo ha visto florecer los frutos de lo sembrado con anterioridad, ya sea por algunas de ellas o por la tradición de la cual han abrevado.
Lo cierto es que en este desplazamiento por Iberoamérica –hay representantes de Argentina, México, Colombia, Venezuela, Guatemala, Chile, España–, la constante es la diversidad, las fuentes de donde abrevan –en la mayoría se advierte una tendencia hacia el folclor propio o lo que algunos autores llaman música de raíz–, la temática, los ritmos y géneros en los cuales se adentran y que incluye, a manera de anexo, un playlist para que el lector no ponga pretextos.
También en este paseo breve aflora parte de la historia sonora de un espacio geográfico que si bien por momentos ha logrado “empoderarse”, todavía no logra hacerlo lo suficiente como para deshacerse del peso que lo anglosajón ha depositado en la mayoría de nuestros países.
En ese sentido, Cantoras todas es una lectura indispensable si se quiere saber qué es lo que se ha cocinado desde México hasta la Patagonia en los últimos años y que la radio y la TV no han querido que escuchemos y que incluso escapa al radar de los curiosos, porque si bien hay algunos nombres conocidos (Natalia Lafourcade, Rosalía, Mon Laferte, Madame Periné), son más aquellos que han sido ignorados (Telmary, Ana Prada, Mabiland, Gaby Moreno, Camila Vaccaro, entre otras).
Cancionero de la pandemia
La poetisa Rosina Conde, como todos, ha vivido el encierro desde la aparición del Covid 19. En medio de él, rememoró la Edad Media y encontró algunas similitudes. La principal fue la de que desde entonces se han elaborado cancioneros para recoger las voces de “colegas que comparten intereses afines”.
Esa remembranza sirvió para concretar Cancionero de la pandemia (Desliz Ediciones, 2021), en el que y aparecen obras de poetas, cantautores y pensadores.
Escribe Conde en el prólogo que en este cancionero “se reflexiona sobre la vida y la muerte, la tragedia de la pandemia, la pérdida de vidas humanas y el estrés provocado por el confinamiento; pero también sobre la irreverencia ante el virus, la alegría de vivir y la gratitud a la vida, algunas veces en tono serio y nostálgico y en otras impropérico y sarcástico, algo propio de la Edad Media, tan olvidada o poco valorada en nuestros días”.

En esta colección variopinta, Armando Alanís Pulido escribe: “Y de repente tuve dos hijos (ya los había tenido), / adolecía de tiempo para entenderlo. / Hoy los veo bien hechos / Ante lo desecho que se ve el mundo”; Rafael Barajas deja el dibujo y en “Sonet(ablo)”, remata: “Aunque la situación se ve terrible, / y deja nuestro ánimo voluble / hacemos lo mejor de lo posible. / Buscamos que la vida sea risible. / Rezamos porque el cielo no se nuble / Hacemos la esperanza más visible”; y en “Arriba la tercera ola”, Magdalena Flores Peñafiel canta: “Cada vez me alejo más de mis seres tan queridos. / No quiero seguir queriendo, si al rato he de partir; / o si han de desaparecer a los que tanto amé”.
Francisco Barrios “El Mastuerzo” parafrasea a Pink Floyd en la canción “Breathe, Mr Floyd!”; Rafael Catana le hace versos a “El diario de la peste”; Rosina Conde canta en “Testamento” y Rafael Mendoza, en “Cuando se aclare el cielo”, dice: “Levantaremos nuestras copas / por quienes no regresaron / y volveremos a los sitios / donde una vez nos juntamos”.
También colaboran en este volumen Ricardo Guzmán Wolffer, Mónica Lavin, Silvia Tomasa Rivera, Juan José Díaz Infante, entre otros, y en la ilustración Felipe Ehrenberg, El Fisgón y Roberto Hernández Fuentes, por mencionar a algunos.
Cancionero de la pandemia es casi un libro-objeto cuyo original mecánico, dice su compiladora, se hizo “ex profeso en algunos casos, como tributo a una antigua tradición de los poetas que se encargaban de confeccionar sus propios manuscritos”, detalle que le añade un atractivo extra al libro.