La búsqueda de armonías estridentes y el título de un libro de José Emilio Pacheco fueron los elementos que en 2010 orillaron a Iván Jiménez García, violinista y compositor desde que tiene memoria, a formar De Algún Tiempo a Esta Parte (DATaEP), agrupación que en su génesis tenía claro un ideal de sonido —The Mars Volta, Blonde Redhead, Radiohead y Austin TV, por mencionar algunas influencias—, pero que con el tiempo fue encontrando valor en el silencio.
“Algo que nuestra música no lleva es letra. Eso da pauta a que el escucha la intérprete de manera subjetiva, de acuerdo a su estado de ánimo”. Así describe Iván al ensamble, categorizado dentro del post rock.

Fotografías: cortesía DATaEP
El proyecto –que se desenvuelve en Puebla y en el que también participan Miguel Leyva (batería), César Hernández (bajo), Jerónimo Sánchez (guitarra) y Alexis Quiroz (guitarra)– es concreto en su objetivo: detonar en el escucha un viaje introspectivo a través de la imaginación.
Para lograr lo anterior, sus integrantes se valen de la versatilidad de su instrumentación. “Gracias a la cantidad de elementos con los que contamos, tales como violín, piano, sintetizadores, el discurso sonoro se vuelve más interesante, al poder navegar por distintos géneros aunque siempre se trata de conservar una identidad, algo que creemos llega a ser demasiado subjetivo debido a la falta de letra, pero que creemos muy importante para poder mantener la estructura de la banda”, comenta el también maestro de música.
Este proceso creativo tiene sus dificultades. Al ser varias mentes creando, a veces se atraviesan cuestiones de ego ante el aporte y rechazo de ideas. Los músicos lidian con esto gracias “a un sistema de prueba y error”, en que se apela a ser conscientes de que “una idea por sí sola nunca se hubiera podido desarrollar de la misma forma; saber que por sí solos no hubiéramos podido llegar a esos lugares a donde llegamos juntos con la música”.
Aunque el gran conflicto para el crecimiento de DATaEP es su ciudad, ya que si bien reconocen “nunca ha dejado de dar buenos artistas” y ofrece “un bagaje cultural muy amplio, en el que siempre se pueden buscar nuevas herramientas para la inspiración”, padece escasez de foros, poco apoyo de las instituciones a los proyectos independientes, una alta demanda de tocar sólo covers y un público al que le cuesta trabajo consumir cosas nuevas.

“La música es un lenguaje, podernos comunicarnos por medio de éste, es de las maneras más enriquecedoras que hemos encontrado para poder expresarnos y conectar con más personas. Es la simple idea de reinventarnos la existencia”, confiesa Jiménez García respecto a qué hace que la banda se mantenga en pie a pesar de la complejidad de su contexto.
Además, en estos tiempos de pandemia por el coronavirus, para el grupo seguir colgándose guitarras y conectando teclados es algo beneficioso: ayuda a “alivianar la carga de tantas malas noticias”.
En el plano productivo, el grupo –que de equipararse con una película sería El planeta salvaje (1973)– acaba de lanzar la canción “Pink Tomate” en su perfil de Spotify y otras plataformas de audio y video. Previo a esto, cuentan con otros sencillos disponibles en la misma plataforma. A futuro, nuestro entrevistado asegura que seguirán sacando temas para mantenerse vigentes entre sus escuchas, pero lo que más desean es que aminore el virus, para volver a ese sitio que todo el tiempo los hace felices: el escenario.