Seguimos con la entrevista a CNDSN. Esta vez, la practicante del live coding nos adentra todavía más en sus procesos creativos y, mediante la descripción de algunas de las herramientas que utiliza, nos invita a visitar un universo en donde todo parece una creación de la ciencia ficción y la realidad virtual amenaza con reemplazar a la realidad real.
CNDSN prepara un nuevo disco (cuando esto se publique, estará a punto de salir), pero mientras tanto, lector curioso, vaya y busque In Tongues, una placa que abre con “Flux”, en la cual aparece esa sensación de inminencia, de tensión contenida que luego se dinamiza y borda los beats, pero incluso esta parte rítmica no deja de tener esa aura de anormalidad; en el corte que da título a la producción, hay una superposición de voces que se transmutan en electrónica, en sonidos (porque no llegan a ser ruidos) que se transforman en música y finalmente el fondo imprime esa tónica sonora que ya podemos llamar música.
“Marimbula” es un track muy dinámico de inicio, con matices de jungle por sus ritmos fracturados —aunque no se trata de una música para bailar— y en la que desfilan sonidos cercanos al gamelan. In Tongues cierra con “Primal Urge”, primera ocasión en que aparece la voz, con algo de minimalismo más un bajo continuo sobre el cual aparecen las percusiones metálicas, las regurgitaciones vocales, el beat rápido, los glissandos del teclado.
Si hurga en YouTube, lector, encontrará una sesión con Ambixio, una mezcla de old school, ambient, destellos bailables (los menos) y partes vocales, no cantadas, sino con la voz utilizada como un instrumento. Siendo una sesión de casi una hora, hay en ella diferentes ambientes y estados de ánimo y aunque no se puede hablar de que exista un hilo conductor a lo largo de la misma, se trata de una muestra más del trabajo de CNDSD.

Fotografía: Iván Abreu
Háblame de In Tongues. Por la descripción que se hace del disco en Bandcamp, entendí que fueron eventos en concierto que se grabaron varias veces con tydal cicles y que luego de una “superposición” de esos eventos de live coding, surgieron los cinco cortes que le dan cuerpo, ¿así fue?
Ese disco recolecta como dos años de producción en conciertos. A mí me gusta componer desde mi espacio con ese mismo proceso, pero siempre me seduce mucho aventurarme a tocar algo. Antes de la pandemia, me invitaban a tocar en muchos lugares y me gustaba poner a prueba esos códigos. También hay una cosa muy ritualista detrás de In Tongues, pues no obstante ser digital y tener muchos glitches y soniditos de síntesis, también tiene un espíritu ritual porque hay voces, invocaciones, cuerdas e instrumentos que también tomo mucho como inspiración.
Lo que he escuchado de tu música es oscuro, como si trataras de reflejar un terror, una sensación de que algo horrible va a suceder.
Me es inevitable. Creo que también es por el momento que estamos pasando. Sí, tienes razón, hay muchos tracks que tienen esa oscuridad, esa tensión o antelación de que algo va a suceder y la verdad es a propósito. Si yo quiero hacer un track movido, pensando en “Marimbula”, refleja muy bien eso, pero hay otros de In Tongues que son muy melancólicos. En sí, la canción “In Tongues” es como un suspenso y después se acaba y empieza la siguiente que también tiene sus momentos cinemáticos; como que puede ser ambient, pero al final no termina por serlo.
Es una música que también genera ciertos referentes con el espacio exterior, los cuales inevitablemente están permeados por una influencia del cine, ¿es esta una especie de obsesión o cómo la definirías?
Sí, es una obsesión la expresión cinematográfica y la importancia que tiene la música en el cine, sobre todo este universo de los sonidos. Me obsesiona bastante, he tenido el placer de colaborar con la música de un documental que se llama Toyucu, de Nicolás Rojas. Me encanta hacer música para pelis, documentales, animación, soy un ser completamente audiovisual. A pesar de que soy capaz de disfrutar una experiencia acusmática, cerrar los ojos para ponerme en pantalla negra y sólo escuchar, siempre hay algo visual que me va a remitir, siempre voy a construir algo, no sé. Creo que no puedo evitarlo.
¿Existe una diferencia para ti entre música y experimentación sonora?
Aunque el límite es muy bonito, cuando se desdibuja y serpentea —como con esta música que a mí me gusta mucho producir y también escuchar—, para mí son dos cosas diferentes. La música tiene sus reglas y funciona bajo ellas y se pueden crear cosas increíbles, pero la experimentación sonora va en contra de todo eso. No puedo comparar el noise, el ruido, con la música, porque justamente es la no-música, un proceso que va en contra de esas reglas académicas, que sí, por supuesto que han logrado cosas impresionantes en la historia de la música, pero que también era necesario cuestionarlas y estirarlas, confrontarlas, romperlas para que la misma música siguiera evolucionando. Sí hay una diferencia muy marcada, jamás voy a pensar que son lo mismo, pero me gusta pensar que pueden convivir o pelearse en una misma composición.
Obviamente se trata de una experiencia integral, pero si tuvieras que elegir entre música e imagen, ¿con cuál te quedarías?
Es una decisión difícil, porque soy un ser totalmente audiovisual; pero sí soy muy honesta conmigo misma, lo que más disfruto es la música y el sonido. Si de pronto no pudiera seguir como desarrolladora visual, sí me quedaría completamente y sin arrepentimientos en el mundo del sonido.

Fotografía: Mali Cortés
¿Te importa el escucha al hacer tu música?
Sí, pienso mucho en él, tanto en mi trabajo como diseñadora sonora, como compositora o haciendo proyectos transdisciplinarios. Me interesa mucho lo que la gente va a escuchar. Creo que soy muy perfeccionista del lado técnico. De hecho, en los tracks que tengo trabajo mucho el asunto del espacio en el sonido; de pronto me gusta utilizar técnicas más surround y eso tiene mucho que ver la música electroacústica. Soy muy consciente de eso cuando estoy produciendo un disco, cuando estoy masterizando el trabajo de otras personas, cuido mucho al escucha desde esa perspectiva, pero también del lado musical.
En “Desierta”, un fragmento de un video que circula en YouTube con Iván Abreu, utilizas un casco de realidad virtual. ¿Qué se busca con ello, acaso la realidad, valga la redundancia, no es lo suficientemente real? Al usar ese casco, supongo, tú te introduces en esas imágenes que crea alguien más, pero el espectador lo que ve es un video, ¿no es así? Entonces, ¿cuál es el gozo para el espectador?
A pesar de que la tecnología es una gran pasión para mí, enfoco mucho la crítica y siempre estoy al pendiente de esos fenómenos, cuál es el positivo y el negativo. La realidad virtual tiene ese gran tabú. Hay un peso histórico de la ciencia ficción de la cual no ha podido liberarse. Siempre pensamos que la realidad virtual va a llegar en un mundo que no va a poder vivirse, que se va a necesitar un árbol virtual, porque el real no va a existir. Estoy en contra de ese tabú y es que gracias a la realidad virtual, nuestra realidad puede existir. Sin embargo, el cine y los videojuegos nos presentan una realidad que no existe o que existe en nuestro sueños, que nos permite materializar de alguna manera esas fantasías. Para mí, el uso de la realidad virtual va más por ese camino; no por el de la sustitución, sino por el de la expansión de la imaginación. “Desierta” fue un proyecto que surgió gracias a una colaboración que tuve con una aplicación que se llama patch.xr [estudio suizo-danés centrado en el sonido y la visión en realidades mixtas] que es una herramienta que permite hacer una síntesis de audio dentro del mundo virtual, como si fuera pure data [entorno modular abierto] más msp [entorno de desarrollo gráfico para música y multimedia] y me pareció genial poder generar, dentro de esta herramienta, escenarios y narrativas y poder hacer instrumentos y ejecutarlos allí adentro. Hay mucho por descubrir. El live coding es mi principal investigación musical y me apasiona, pero también me interesa mucho el camino de la inmersión. Iván [Abreu] y yo ganamos una residencia en el ZKM [Centro de Arte y Medios Tecnológicos, en Karlsruhe, Alemania] y vamos a realizar una pieza inmersiva justamente con los cuestionamientos que surgieron con la pieza de “Desierta”.
En el video “Campamento extendido cyberpunk posternura”, me llama la atención que la pantalla está muy atenta al live coding que estás haciendo en ese momento. Siendo objetivos, eso es un meta, metalenguaje. ¿No se hace demasiado énfasis en la tecnología y se olvida que es una herramienta de creación humana?
El live coding y esas cuestiones tecnológicas, al exterior, pueden parecer un proceso frío o muy automatizado, pero la verdad es que no tiene nada que ver. Incluso pensando en machine learning [aprendizaje automatizado], se necesita mucho del humano para hacer una cosa así. Las máquinas todavía no se programan solas, no tienen conciencia de sí mismas. Estos sistemas que son tan eficientes responden a esas cosas, a esa necesidad de replicarnos desde otras perspectivas. Finalmente es una réplica y un espejo; entonces, cuando veo una computadora o esos lenguajes, pienso que es un gesto completamente humano, como lo son una vasija o una lámpara. La verdad es que no la veo como una cosa aparte de nuestra humanidad y tal vez por eso me gustan tanto las computadoras y las máquinas.
Para cerrar, ¿qué estás planeando actualmente? ¿Me podrías dar detalles?
Mi nuevo disco es un trabajo que todavía no está completo, pero sí es muy digital. ¿A qué me refiero? Se llama Empty Zip, lo cual puede ser un virus o un error. Es un disco hecho completamente de forma algorítmica, con Tydal, pero esta vez también voy a utilizar otras aplicaciones como pure data, otros lenguajes como orca y abbleton live y también algunos sintetizadores externos, es decir análogos, y la voz, mucha voz, muchos procesos de voz. Estoy planeando que salga bajo el sello Conditional Recs, una compañía disquera de Berlín especializada en música hecha con programación, y justamente por eso me estoy dando la oportunidad de sacar todas esas pasiones de la pantalla, de la interfaz, de esos metalenguajes que creamos para comunicarnos con las computadoras, de esos procesos. Una vez que lo escuchen, se darán cuenta de que también está muy cerca de ritmos muy reconocibles que de pronto se rompen. Hay unas piezas más ambientales, más para escuchar, estoy por allí pretendiendo una pieza central como onda escucha profunda; quiero oscilar entre la escucha y un ritual un poco más de baile, de liberación y en eso ando. Esperamos que salga próximamente.