Allá afuera, apenas traspasa uno la puerta, hay un abundante universo sonoro a la espera de ser descubierto; pero el que más me sorprende es el hecho en estas tierras y que desde el subterráneo se expresa de múltiples maneras.
Platicaba con un músico a quien conozco desde hace muchos años y me ha tocado ver crecer artísticamente. Charlábamos acerca de la efervescencia de la escena experimental en México y el papel tan determinante de las mujeres en la actualidad y soltaba nombres. Yo ubicaba a la mayoría, pero de pronto dijo uno que, además, venía con recomendación extra.
Mi interlocutor no es dado a las exageraciones y su trabajo lo respalda. Su palabra me intrigó y una vez que dejamos de hablar, me puse a hurgar en la red por los pasos de esa mujer que, dadas las facilidades tecnológicas actuales, no sería difícil rastrear. Sin embargo, fue un poco más arduo de lo acostumbrado, porque cada vez que ponía su nombre en el buscador, el resultado era el mismo: páginas con referencias a la conquista de México.
Mmmm, hora de recurrir a otros contactos… Finalmente di con ella, pero fue gracias a su alias, CNDSN, porque al introducir Malitzin Cortés en el buscador, salía la popular “Malinche”.

Fotografía: Fernanda Cortés
En su música, me topé con una carga de misterio y profundidad cercanas a la música cinemática. En “A Nightmare Catcher”, aparecida en el split Tandem: 4 (editado por el sello Etang Brulant), al lado de Concepción Huerta, los ruidos que genera en la superficie son incidentales, pero mi atención era captada por el fondo, ese drone que está allí, como un vigía perpetuo, presto a abrirse a algo. Es una imagen tensa, turbia, amenazante. De pronto, ese drone se rompe, desaparece y la atmósfera cambia, es como si se saliera de un sueño y se pasara del espacio exterior a la tierra sólo con la apertura de una puerta.
La entrevista con Malitzin Cortés no estuvo exenta de contratiempos, porque la tecnología, carente de palabra, me jugó una mala pasada, así que hubo que repetirla e inesperadamente fluyó en forma adecuada, tanto que aquí está sólo la primera parte, pues los temas tocados y sus declaraciones me impidieron recortar, aunque lo intenté; así que también decidí abusar de la paciencia de mi editor.
Estudiaste arquitectura, ¿qué sucedió en el camino, cómo llegaste a la música?
Mi padre me la inculcó muchísimo y sobre todo el rock, es una influencia importante. También en las escuelas donde estuve conocí a mucha gente que me influenció con respecto a la música experimental, progresiva, clásica. Mi pasión por la arquitectura me hizo decidirme a estudiar esa carrera, pero creo que siempre encontré muchas similitudes entre la arquitectura y la música, sobre todo la forma de componer algo que está vacío: en el caso de la arquitectura es el espacio, en el caso de la música es el tiempo. También, el irme permeando más en expresiones sonoras experimentales, me permitió dejar un poco de lado el no tener una educación musical formal. Sé leer notas, desde luego, toqué un poco de piano, he sido baterista, pero estas expresiones me permitieron darme cuenta de que sin ser un músico académico podía permitirme hacer experimentaciones y utilizar los sistemas de composición para lo que yo quería hacer.
¿Por qué la electrónica?
Desde pequeña siempre me gustó la música arriesgada, el rock me parecía como algo que salía del status quo; en el él encontré esta cosa disruptiva, pasé a la música progresiva, después a la concreta, contemporánea, todo fue un camino de aprendizaje. Siempre me han gustado estas cosas enrarecidas en la música y el sonido y por eso me sedujo mucho la música electrónica. Como muchos músicos, estuve en una banda, toque rock, punk; sin embargo, sentía que algo me hacía falta a nivel sonoro. No me satisfacía pensar en los instrumentos temperados o en una percusión. Después de descubrir ese mundo de sonidos, tenía mucha necesidad de no quedarme solamente en el de un violín o una guitarra, me daba demasiada curiosidad el sonido de un sintetizador, de un oscilador o el ruido como tal. Entender o tratar de entender la música extrema fue algo que me abrió muchas puertas mentales y que fomentó esta gran pasión por la música electrónica.
¿Cuáles son tus principales referentes?
Hay muchísimos, viejitos y más nuevos: Arca, Holly Herndon, Alva Noto, Akufen, Murcof desde luego, Nortec obvio. En Francia, donde estudiaba, me di vuelo con los grandes maestros de los inicios de la música concreta y contemporánea. Hablando específicamente del techno, son muy pocos los referentes de éste que me gustan, porque creo que la música electrónica es tan extensa como para pensar solamente en el dance, house o techno. Hay una enorme cantidad de mezclas y subgéneros y por eso esta música se me hace tan hermosa, porque se puede fusionar con muchísimas cosas.
¿Por qué CNDSD, qué significa?
Es un alias muy viejo, son las siglas de Condesade, un personaje del libro Cazador de tatuajes de Juventino Acosta. Lo leí cuando tenía unos dieciséis o diecisiete años y me encantó. Siempre he sido una persona muy cercana a las artes y no podría considerarme una arquitecta o un músico, creo describirme mejor como una artista transdisciplinar, porque me interesan mucho las artes visuales, el cine, todas esas expresiones de cine expandido, experimentación audiovisual, experimentación sonora.

Fotografía: Daniel Bravo
En el disco In Tongues se dice que trabajas, entre otras cosas, live coding, arte generativo, animación 3D, diseño de sonido, cine expandido, instalaciones. ¿En realidad, cómo te defines?
Creo que es difícil definir la música o la propuesta musical que estoy trabajando y que me apasiona mucho hacer en un solo género. En MUTEK lo han definido un poco como IDM (Intelligent Dance Music), música que se puede bailar o escuchar, que puede producir otro tipo de escucha. Justo entonces estoy en ese borde: una música que puede ser, sí, música algorítmica, porque la hago con programación, con reglas y con los fundamentos del arte generativo; pero a nivel de estilo, creo que estoy en un borde que me seduce mucho y es que la música que siempre me ha gustado es un poco enrarecida, una música que a lo mejor sólo se acerca a una experiencia más cinemática por esa pasión por los soundscapes y todos esos procesos sonoros que son muy electroacústicos, muy “acusmáticos”. Sin embargo, también me gusta el ritmo; y no el ritmo sencillo: los ritmos complejos. Sí, podría definir que es una música electrónica experimental y podría llegar a ser un poco ruidosa, con un poco de glitch, pero también con un poco de ritmo. Sería difícil entrar en un género como tal y cada vez, conforme evoluciono y escucho cosas, me doy cuenta de que me gusta sonar como suena CNDSD: una mezcla de todas esas cosas. Me gusta coquetear con varios géneros.
Cuando haces música, ¿qué haces: sound design, live coding, una mezcla de ambos?
Creo que tú lo definiste muy bien. Si habláramos de cómo lo hago, es una mezcla entre el live coding y el sound design, pues también soy una gran cinéfila, soy amante del sonido y soy profesora de eso: de diseño sonoro en la carrera de Centro de Medios Digitales e inevitablemente, cuando veo una película, hay sonidos que me resultan increíbles. La reconstrucción de una ficción para que la aceptemos como una realidad es increíble; entonces, es inevitable para mí usarlo cuando estoy haciendo live coding. También soy una persona inevitablemente narrativa y hasta ahora no he llegado al punto de hacer un track para bailar. La gente que tiene ese tipo de música me gusta mucho. Estoy pensando en Atom, quien hace un techno muy oscuro, muy repetitivo, pero de pronto va cambiando y evoluciona. Es como una cosa ritualista, pero sigue teniendo una narrativa a lo mejor muy diluida. En mi caso, la narrativa siempre está muy presente. Es muy preciso lo que tú dices, un proceso entre un diseño sonoro, el live coding, el proceso algorítmico y me atrevo a decir que por allí hay muchos gestos de la escuela experimental, de meter de pronto una cosa disruptiva.

Fotografía: Concepción Huerta
¿Qué representa para ti la voz? ¿Qué me puedes decir de la forma en que la utilizas?
Desde pequeña mi papá me enseñó a cantar y creo que lo hago bastante bien, pero no me atrevo a hacerlo en público. Me encantaría romper algunas barreras personales que tengo y esta comodidad del labtop performer; sin embargo, me encanta cantar y me gusta mucho la música que utiliza la experimentación con la voz. De hecho, en el disco nuevo que estoy trabajando sí hay una exploración con mi voz y espero poder no solamente lanzarla desde un postproceso que ya está definido por un algoritmo, sino también poder hacerlo al vuelo, cantar y programar, lo cual es un poco complicado.
Hablando del disco In Tongues, hay algunas canciones que tienen voz y coros y que están hechos por mí, nada más que están procesados. Me gusta también pensar que ahora estamos en una era en la que puedes expandirte con la computadora. Sí, me considero toda una cyborg; entonces, en ese nivel puedo tener la voz que yo quiera, súper grave, agudísima, una voz multiplicada y eso me parece bastante aprovechable.
Has colaborado con muchas personas. Entre quienes ahora recuerdo están Turning Torso, Siete Catorce, Concepción Huerta. ¿Cómo eliges con quién hacerlo? ¿Existe la posibilidad de que una de esas colaboraciones sea aleatoria o deben tener cierta planeación?
Se han dado de una manera muy bella, porque siempre parten de una escucha compartida. En el caso de Turning Torso y de Concepción Huerta, partió de conocernos en los conciertos. Con Turning Torso, aunque usamos diferentes herramientas, lo que ambos hacemos es bastante parecido. Como que uno se espejea con las personas y a mí me pasó eso con él. Con Concepción, igual. Me gusta mucho el noise y ella es un gran referente del noise mexicano y además hecho por mujeres y la verdad con ella es muy sencillo colaborar, porque es una persona que sabe escuchar muchísimo y creo que yo también. Igual he tenido el placer de colaborar con Mabe Fratti. Ella desde su cello y yo con mis sonidos, nos complementamos muy bien; porque Mabe también es muy experimental, le gusta tomar riesgos y yo disfruto muchísimo cuando trabajamos juntas. Con Iván Abreu, también. Él es noisero y cuando hacemos procesos sonoros juntos, es una experiencia realmente hermosa. Hay mucha gente con la cual me encantaría colaborar, siempre estoy abierta a esos espacios. De hecho, se me hacen muy interesantes cuando se dan fuera de mi ghetto del live coding.
(Continuará)