R.E.M. marcó el momento en el cual la corriente pospunk se convirtió en el llamado rock alternativo. Este cuarteto, formado en el sureño estado de Georgia, le dio también un nuevo valor a las agrupaciones de garage y les regresó su vigencia, combinando la orientación guitarrística con unas letras obscuras y a veces francamente incomprensibles.

Durante los años ochenta, R.E.M. trabajó sin descanso y produjo discos cada año. Su EP Chronic Town (1982) se convirtió en objeto de culto, al igual que el extraordinario álbum Murmur, también de 1982, aunque el grupo tardó varios años más para llegar a las siempre discutibles listas de popularidad. Esto sucedió con el sencillo “The One I Love”, del disco Document (1987) que les dio notoriedad internacional. Después de una larga gira en apoyo de su siguiente producción, Green (1988), el grupo se retiró de los escenarios y se recluyó en el estudio para dar a conocer el más popular de sus álbumes y para algunos (si bien no para todos) su obra maestra: Out of Time (1991).
Como la propuesta poco convencional que había sido, R.E.M. desafió las expectativas y sorprendió a algunos de sus más fieles seguidores con este paso adelante en su carrera, debido a las texturas más suaves de algunas de las canciones. El barroquismo de ciertos temas rompe el formato guitarrístico anterior para dar paso a la imaginación sonora al incluir clavicordios, mandolina y arreglos de cuerdas, como en el exitazo “Losing my Religion”, en el cual la letra y la música crean una atmósfera recargada de imágenes crípticas. Kate Pierson (de B-52) participa en las voces de tres cortes, de los cuales destaca “Me in Honey”. Por su parte, “Low” es una letanía percusiva y lastimera que cala en su reiteración matizada por un órgano sepulcral.
En Out of Time todo aparece en su lugar y, a pesar de la sobreimposición de instrumentos y sonoridades, el álbum no está sobreproducido. Cada uno de los integrantes de la banda ocupa su lugar sin estrellismos fáciles. Incluso el vocalista Michael Stipe se entrega a cada momento. No por nada (excepto por la balada agridulce “Endgame” y por “Belong”), todas las canciones están cantadas en primera persona. Los mensajes son del estilo de: “Intenté cantar solo pero maldita sea esa canción en la radio”, “Este podría ser el atardecer más triste que he visto” o “Ese soy yo en la esquina / Ese soy yo en la luz / perdiendo mi religión”.
El disco explora las capacidades del grupo para hacer suyos al rock, el pop y el folk y le sale bien. Esta exploración de las emociones humanas en once cortes resulta un viaje del cual R.E.M. sale victorioso en el intento de hacer sentir a su público sus propios predicamentos. Esas sensaciones de soledad, de inevitabilidad de la muerte y de la inalcanzable felicidad son elementos que permean a este álbum que marcó en definitiva el ascenso de esta agrupación norteamericana al Olimpo del superestrellato rocanrolero, en donde, a pesar de sus problemas internos y sus subidas y bajadas, aún permanece. Es el sitio en el que Out of time la colocó, hace justo 30 años.