Tres décadas han pasado desde que Luis Pérez cimentó, con su álbum En el ombligo de la luna, una nueva vertiente sonora al interior del rock que se hace en México. Actualmente, el género conocido como etno rock (caracterizado principalmente por la ejecución de instrumentos precolombinos) florece de maneras imprevistas y cada vez encuentra más adeptos. Uno de esos sucesores musicales –y también espirituales– se llama Zompantli, grupo poblano con tres lustros de trayectoria que fusiona sonidos del México antiguo y la electrónica.
A diferencia de lo que muchos pudieran suponer, Zompantli no se originó dentro del territorio mexicano sino en la Gran Manzana, durante la primera década del milenio. El fundador del grupo, Ali Morán, cuenta: “Migré hacia la ciudad de Nueva York en 2004, donde conocí a mi esposa y empecé las primeras mezclas de música electrónica con instrumentos nativos. Después recluté a algunos bailarines e hicimos el Zompantli. Durante nuestra estancia en aquellos lares, nos invitaron a tocar en el after party de los Latin Grammy que fueron dedicados a Celia Cruz. También tocamos para la Universidad de Columbia y en el Central Park, durante una cena exclusiva dedicada a Elena Poniatowska”.
De vuelta en México, Morán decidió reorganizar y acrecentar el proyecto, pese a las dificultades que esto implicaba. No obstante, diversos factores actuaron de su lado: los extensos conocimientos sobre danzas tradicionales e instrumentos prehispánicos adquiridos desde su infancia, el gusto por la música electrónica, su vocación por la enseñanza y el apoyo de muchos compañeros. Pero sobre todo, su habilidad para convencer, conjuntar y dirigir distintas formas de expresión en un fin común (“por eso el nombre de Zompantli, es decir el ‘muro de cráneos’, ya que interactuamos con artistas de diferentes disciplinas; cada ‘cráneo’ es un artista”). En definitiva, se trata de un esfuerzo colectivo multidisciplinario que sincretiza lo más tradicional de nuestras culturas originarias con tendencias musicales actuales.
Por otra parte, se puede afirmar que cada presentación del Zompantli es un performance tan elaborado como las circunstancias, los escenarios y el recurso tanto económico como humano lo permiten. Es decir, además de los beats y las sonoridades prehispánicas, invariablemente se encuentran danzantes ricamente ataviados entre las fragancias provenientes del copal y el juego de luces. Morán comenta: “Esa es la idea, exhibir la riqueza visual de los vestidos y pasos tradicionales, al igual que la unión entre artistas”. Por lo que Zompantli cuando actúa suele desprender altas dosis de energía y mística.

Fotografías: cortesía Ali Morán
El “muro de cráneos” ha variado desde su origen, pero hoy está conformado por Iván Polanco (caja de efectos, voz y percusiones), Jordan Morales (percusiones y danza), Tino Guzmán (ambientación y danza), Izquierdo Guzmán (percusiones, voz y danza), Hageo Treviño (guitarra, voz y jarana) y el antes citado Morán (composición, sintetizadores y dirección). Sin embargo, al interior del grupo no existen los protagonismos y se entiende que el éxito del proyecto radica en la armoniosa interacción de todos sus integrantes.
En 2013 el grupo liberó su primera placa, intitulada Raíces, la cual está conformada por trece temas que entrecruzan el vigor del techno y el dance con la prístina sonoridad de los artefactos prehispánicos y los cantos ancestrales. El producto final es una mixtura equilibrada diseñada para cimbrar la cabeza y hacer mover los pies: “Con el paso del tiempo y después de investigar las distintas danzas tradicionales, me puse a reflexionar que no todas las personas tienen la posibilidad de volverse bailarines expertos. Entonces por eso me gustó mucho fusionar el techno con lo prehispánico, para que la gente, aunque no supiera los pasos originales, se atreviera a danzar libremente, según lo que su corazón le dijera”, afirma Morán.
De aquel álbum debut, sobresalen varios temas por su trasfondo espiritual, político o simbólico. Tal es el caso de “Tláloc” que mediante sus cavernosos ecos y ruidos acuáticos intenta evocar el estado interior del vientre materno previo al alumbramiento. Por su parte, “Tlatelolco” versa sobre la rabia y el descontento social, tanto del pasado como del presente, con respecto a los pérfidos gobiernos que han desfilado por este país. Asimismo, la pieza titulada “Venado 30-30” conjura los cantos y la instrumentación del ancestral baile del venado, practicado por los indígenas de Sonora y Sinaloa. Finalmente, “Cholula” asoma entre sus poderosas vibraciones fragmentos de las antiguas invocaciones realizadas a Quetzalcóatl en la ciudad portadora del mismo nombre.
Mitote es la segunda producción del grupo, aparecida en 2016. Son once piezas que, sin abandonar sus fuentes originales, optan por el jolgorio y el desenfado, gracias a la introducción de elementos populares o regionales como el huapango, el sonidero y la cumbia.

“Me interesaba que desde la portada y el nombre del disco se entendiera la temática dirigida hacia la fiesta –o sea el mitote”, cuenta nuestro entrevistado al respecto y prosigue: “Algunos artistas que también mezclan música prehispánica con electrónica siguen muy apegados al rito. Yo igualmente lo hago, pero en ese disco quise hacer canciones que pudiera uno bailar de relajo y hacer mención sobre la influencia de las danzas tradicionales en el sonidero, el vínculo que las une por medio del baile”.
Temas como “La 17” o “Santiaguito” poseen una clara influencia sonidera que recuerda a los cadenciosos bailes de los barrios populares, con sus mezclas cumbieras y pasos desmesurados. Por otra parte, “Que viva el pulque” retoma la tradición indígena en relación con el sagrado elíxir proveniente del maguey y sus folclóricos cantos.
Sin embargo, posiblemente el tema más destacado sea “Serrano”, debido a la confluencia mesurada de los sonidos prehispánicos y electrónicos, a los que se agrega el huapango, junto con fragmentos del rito de los voladores. Es un tema bien logrado que sintetiza las sonoridades muy propias de los limites montañosos entre Veracruz y Puebla.
En 2020, el “muro de cráneos”, junto a otra veintena de distinguidos exponentes del género (entre ellos Luis Pérez, Tribu y Markyño), participó en el Primer Festival Etno, trasmitido vía Facebook. Este evento refleja no únicamente la vigencia del género, sino también su creciente desarrollo en distintas partes del país.
Sólo resta mencionar que Zompantli se encuentra trabajando en su siguiente disco, el cual verá la luz a comienzos del 2022. De igual forma, se está planificando un nuevo espectáculo con danzantes y otros artistas. La labor no es sencilla, requiere de mucho tiempo y preparación, pero los resultados bien merecen el esfuerzo.
Apoyo total aparte de mucho talento Artístico e Intelectual de sus integrantes existe una labor Comunitaria en el rescate Ancestral e Histórico de la Pirámide del Tepalcayotl en Puebla Capital jul 2021. Saludos…