Aunque hoy permanece prácticamente olvidado (menos, claro está, para los fieles seguidores de la agrupación), Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire), el disco de 1969 de The Kinks y séptimo en su discografía, posee tal riqueza musical, literaria y de crítica sociopolítica y de costumbres que, a poco más de medio siglo de distancia (52 años, para ser precisos), conserva su frescura original y hay quienes incluso lo consideran como uno de los primeros álbumes de rock progresivo de la historia (vaya usted a saber por qué).
Aunque no fue la primera obra conceptual del grupo británico comandado por Ray Davies (ese honor corresponde a The Kinks Are The Village Green Preservation Society, de 1968), Arthur… fue un intento conceptualmente aún más audaz (luego vendrían otros, con variada fortuna para los Kinks).

Algo que hermana a ambos trabajos es que Davies escribió varios de los temas inspirado en su vida familiar y social en el barrio del norte de Londres donde nació y creció, aunque también hay críticas satíricas a la política inglesa de aquellos años.
En el caso de Arthur…, el factor familiar que lo inspiró fue el siguiente: Rose, la hermana mayor de Ray, había emigrado a Australia en 1964, bajo un plan del gobierno de aquel país de Oceanía, conocido como Ten Pound Poms. Desde entonces, Ray había estado suspirando por ella y su afable esposo, Arthur.
En 1969, la empresa Granada TV se acercó a Davies con un encargo para musicalizar un programa “experimental” en colaboración con el dramaturgo Julian Mitchell. Ray tuvo la idea de escribir sobre la crisis existencial de un ciudadano de la Gran Bretaña de la posguerra y lo nombró Arthur, en honor a su cuñado y un tanto inspirado en la personalidad de éste.
Para entonces, el bajista primigenio de los Kinks, Pete Quaife, había abandonado al cuarteto. La formación quedó entonces con Ray Davies (compositor, vocalista, guitarrista y tecladista), su hermano Dave Davies (segunda voz y guitarra líder), Mick Avory (batería) y el nuevo bajista, John Dalton.
El proceso de grabación comenzó en mayo de 1969, en Borehamwood, una villa del distrito de Hertsmere, en el condado de Hertfordshire, al este de Inglaterra. Las canciones iban desde la celebración burlona y a la vez nostálgica de la Inglaterra en la que Arthur creció (“Victoria” y la bellísima “Young and Innocent Days”), hasta la crítica dura e irónica a la guerra (“Mr. Churchill Says” y “Some Mother’s Son”) o la muerte del hermano de Arthur en batalla (“Yes Sir, No Sir”).
Musicalmente, el disco mantuvo la sofisticación manifestada tanto en el Village Green… como en su antecesor, el Something Else de 1967 –ya muy lejos del rock seco y contundente de los primeros años del grupo–, con arreglos elaborados y exquisitos (absolutamente disfrutables en la versión en estéreo del disco), temas estilo music hall, metales y un rock pop barroco mezclado con cuerdas, todo muy al estilo de finales de los años 60 y debidamente aderezado con las punzantes observaciones de Ray Davies.
Otros dos cortes notables del disco son “Australia” (una especie de alegre jingle de comercial televisivo convertido en un largo jam espléndidamente divertido y hasta de pronto un poco zappiano) y la melancólica suite “Shangri-La” (quizá lo más parecido al rock progresivo en todo el disco, al menos por los constantes cambios dentro del tema). Sin olvidar maravillas como “Drivin’”, “Brainwashed”, “She Bought a Hat Like Princess Marina” y “Nothing to Say”.
El álbum fue lanzado con aceptable éxito, pero el programa de televisión fue cancelado debido a la falta de financiamiento, además de que comercialmente no pudo competir con la ópera rock Tommy de The Who.
Pero las vueltas que da el tiempo: Arthur… parece mucho más actual hoy, 52 años después, en esta, la época del Brexit y de las promesas gubernamentales incumplidas (para no hablar de la pandemia de covid-19). Un disco profético y tremendamente inteligente que finalmente logró debutar como obra musical de teatro, en BBC Radio 4, en 2019, 50 años después de haber sido grabado.
¿Y qué fue del verdadero Arthur? Ray visitó a su cuñado justo antes de su fallecimiento y se disculpó por haberlo puesto en el centro de su historia. “Estuvo bien”, le dijo Arthur. “La verdad es que me sentí halagado”. Claro, ¿cómo no estarlo, si Ray Davies y los Kinks lo volvieron inmortal?
¿Y la idea de que Arthur (o la decadencia y caída del Imperio Británico) es un disco de rock progresivo? Prometo seguir investigando por qué algunos lo consideran así. Si averiguó algo, usted, querido lector, será el primer en saberlo.