Betto Arcos comenzó a estudiar periodismo en la Universidad Veracruzana en 1984. Llevaba cursado un semestre cuando decidió mudarse a Estados Unidos, a fin de lograr que sus ingresos fueran suficientes para cubrir sus necesidades y las de su familia. Pronto se encontraría con una de sus principales pasiones, pues tres años después, en 1987, comenzó a trabajar en la radio publica de Boulder, Colorado, como conductor de un programa de música latinoamericana.
“No tenía nada de experiencia haciendo radio, pero sí tenía mucha pasión por la música”, dice el hombre que desde entonces no ha parado de cultivar con tesón esa tierra que no deja de dar flores.
Pero antes, Arcos tuvo que hacer de todo, como muchos compatriotas que han emigrado al país del norte. Cuenta: “Crucé la frontera de Matamoros-Brownsville como indocumentado. Trabajé durante tres años en todo tipo de empleo: jardinero, carpintero, albañil, pintor y mesero. En 1987, conocí al presidente de una compañía de biotecnología y me ofreció trabajo en el área de mantenimiento. Luego, en 1989, con su apoyo financiero, ingresé a la facultad de periodismo de la Universidad de Colorado y me gradúe en mayo de 1993. La misma semana de mi graduación, salió al aire mi primer reportaje en un programa cultural de la radio nacional de Estados Unidos”.

Fotografía: cortesía Betto Arcos
Han pasado ya 33 años desde que Arcos entró por primera vez a una cabina de radio para conducir ese programa, en el cual comenzó a irradiar su saber acerca de la música del continente americano; pero el grueso de su trabajo se ha desarrollado a partir de 2008, cuando comenzó a colaborar con dos medios nacionales de radio pública en Estados Unidos, National Public Radio (NPR) y The World, además de la BBC de Londres.
Fue así como las historias de la música de todo el mundo –con natural énfasis en Iberoamérica– se empezaron a aglutinar, hasta que llegó el momento de compilar las mejores en Historias musicales del barrio cósmico (Fogra Editorial), libro de reciente aparición y que él habrá de presentar el 18 de julio en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa, Veracruz, su lugar de origen, y el 24 del mismo mes en la CDMX.
El texto recoge 150 crónicas/semblanzas/reportajes y reflexiones sobre la música y sus creadores. Está dividido en doce capítulos: identidad, poder femenino, educación, inmigración, adversidad, violencia y levantamiento social, construcción de comunidad, Cuba y la diáspora, Brasil, los instrumentos, productores, lugar y nación.
“A lo largo de mi trabajo, cada vez que se me ocurría una idea de reportaje, semblanza o crónica, siempre tenía (y sigo teniendo) que pensar en un tema o enfoque de cada una. Una vez seleccionadas las historias, me di cuenta que empezaron a surgir varios temas en común y pensé que sería necesario organizar dichas historias en capítulos que de alguna manera ayudaran al lector a entender que detrás de la música hay relatos humanos muy conmovedores”, dice.

Agrega: “Mi trabajo como periodista es contar historias que conmuevan. Cuando decidí hacer el libro, empecé a seleccionar las que tuvieran un aspecto emotivo y un signo de permanencia. Aunque las haya contado hace años, creo que se mantienen vivas. Hay muchas que me han conmovido. En el capítulo de Identidad está la de Linda Ronstadt, quien desde hace años tiene la enfermedad de Parkinson. Hace dos años, tuve el privilegio de entrevistarla en persona y me sorprendió mucho su lucidez y memoria. Mucha gente no sabe que ella es de origen mexicano y que su influencia más significativa es la canción ranchera. En el capítulo sobre Educación, hay una historia sobre las bandas filarmónicas de Oaxaca. Fue una enorme satisfacción poder contar la historia de uno de los directores de estas bandas, Estanislao Maqueos. Él ha sido maestro de más de 500 niños y niñas, hijos de inmigrantes oaxaqueños que mantienen viva su cultura musical a través de una escoleta tradicional de ese estado. En el capítulo sobre Brasil, hay una historia sobre Guinga, un renombrado guitarrista y compositor de Río de Janeiro, quien tuvo que dejar la música durante un tiempo y trabajar como dentista porque no podía mantener a su familia”.
Hay también historias difíciles, unas que en algún momento Arcos pensó en no hacer (“hay una de un compositor de narco-corridos. Me fue muy difícil tomar la decisión de contarla pero finalmente lo hice, porque mi trabajo de periodista es contar historias, aunque la música no sea de mi agrado”), pero todas, en su mayoría, nos dice, son como “pequeños cuentos musicales. Fue un trabajo lento pero no fue difícil. Cuando salieron al aire, la mayoría eran de cinco a siete minutos, incluyendo la música. Para mí, lo más importante fue conservar la brevedad, porque quiero que la persona que las lea pueda captar la historia en unos minutos”.
Desde la radio, Betto Arcos se ha construido un mirador que le permite observar los cambios y avances de la música del mundo. Sin duda, esa pasión que lo llevara a conducir un primer programa de radio y que ahora se plasma en breves narraciones, pero ricas en contenidos, ha sido un buen pretexto para medir el crecimiento artístico de la música de nuestro continente: “No tengo muy claro que haya habido un gran crecimiento artístico. Creo que la gran mayoría de las nuevas músicas y sus creadores no están diciendo algo nuevo. Lo que sí creo es que hay mucha música tradicional en todo el mundo que puede influir –y en algunos casos está influyendo– en las nuevas músicas. Un ejemplo es Rosalía, cuya sonoridad le debe mucho al flamenco andaluz. Lo que sí ha crecido es el mercado. Gracias a las nuevas tecnologías, la música está al alcance de mucho más gente que antes. Aunque lo que es masivo no es necesariamente de calidad”, concluye el periodista.
Historias musicales del barrio cósmico, de Betto Arcos, se presenta el 18 de julio en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa, Veracruz, y el 24 de julio en el Museo de la Ciudad de México.