Los Frailes fue un grupo de origen poblano con inclinación al rock instrumental. Surgió en 1965, como resultado de un conjunto anterior: Los Gypsies. Inicialmente, se hicieron llamar Los Monjes; sin embargo, el nombre ya pertenecía a una agrupación capitalina de aquella época, comandada por el tecladista Hesiquio Ramos. No hubo más remedio que adoptar el no menos religioso apelativo de Los Frailes.
En un principio, estuvieron conformados por José Arabi (vocalista), Enrique González “El Gallo” (primera guitarra), Rodolfo Apango (segunda guitarra), Raúl Fernández “La Boa” (bajo), Miguel Ángel Rosado “El Yuca” (batería), Ismael Espinoza Santaella “Donis” (trompeta) y José Madrid “El Cherokee” (saxofón). En su mayoría provenían del centro escolar “Niños Héroes de Chapultepec”, donde recibieron sus primeras lecciones musicales en la Orquesta Juvenil que dirigía el maestro Miguel Ángel Ávila Bello.
Al igual que muchos de sus congéneres sesenteros, Los Frailes trabajaron asiduamente la lista de éxitos rocanroleros que popularizaron principalmente agrupaciones encumbradas de la capital como Los Teen Tops, Los Rebeldes del Rock y Los Locos del Ritmo. Sin embargo y debido a la implementación de instrumentos de viento, modificaron sus temas a modo de que estos sobresalieran y en consecuencia viraron hacia un rock instrumental (aunque sin abstraerse completamente del canto), influenciados por conjuntos anglosajones como The Ventures y afines.
Al interior del grupo se erigieron dos figuras fundamentales. El primero fue González, quien desde muy pequeño aprendió sus primeras tablas dentro del medio musical junto a una efímera banda nacida a comienzos de aquella década llamada Los Fantasmas del Rock. Durante ese brevísimo periodo, conoció personalmente a figuras como César Costa, Julissa, Alberto Vázquez y Enrique Guzmán. Poco después formó a los antes mencionados Gypsies, quienes recibieron gran apoyo por parte de Roberto Cañedo Martínez, dueño de la radiodifusora XEHR; además, alternaron con grupos poblanos como Los Demonios del Rock y Los Blue Jeans.

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Por otra parte, en 1964 se les unió desde Yucatán un músico avezado quien, tras relacionarse con González y sus compañeros, reformó la banda al grado de refundarla: “Estaban tocando Los Gypsies cuando llegó a Puebla un excelente baterista, Miguel Ángel Rosado ‘El Yuca’”, comenta el compositor y amigo de la agrupación Zayas Galeana Tabe. “Él comenzó a organizarlos con la colaboración de Enrique González Vargas y así se conformaron Los Frailes”.
La discografía conocida del grupo está compuesta por un EP homónimo, dos sencillos y su inclusión en el LP acoplado Primavera A Go-Go, con los temas “Te perdí” y “Pero yo no la conozco”. Todos registrados mediante RCA Víctor entre 1965 y 1967.
El primer corte que conforma su EP es “Atole champurrado”, escrito originalmente en 1961 por Kal Mann y Dave Appell para The Dovells con el título original en inglés “Bristol Stomp”. La diferencia entre las dos versiones es que la de Los Frailes es totalmente instrumental y en ella los alientos se alzan como protagonistas principales. Con esta pieza lograron su máxima popularidad y se instalaron en el recuerdo de muchos angelopolitanos.
Luego vino “Te perdí”, tema compuesto por González que inicia cadenciosamente con el saxofón para después dar paso a los versos de Pepe Arabi. “El toro solitario” es la otra pieza instrumental del disco (originalmente “The Lonely Bull”, escrita por Sol Lake y grabada por Herb Albert & the Tijuana Brass en 1962. Ambas versiones son muy similares, pues emplean a la trompeta como instrumento conductor.
Finalmente encontramos “Pero yo no la conozco”, de la autoría de Juan López Lee y Eduardo Magallanes para Los Baby’s. En la versión realizada por Los Frailes, se utilizaron nuevamente los alientos, pero sin modificar la jocosa letra.
Con respecto a los sencillos, uno contiene los ya mencionados “Atole champurrado” y “El toro solitario”. El tercero es el tema instrumental “Telstar”, escrito en 1962 por Joe Meek para The Tornados. Curiosamente la adaptación hecha por Los Frailes sustituyó los efectos electrónicos y sonidos espaciales de la original con una habilidosa ejecución del trompetista Espinoza Santaella. Finalmente apareció “Tarahumara”, pieza instrumental de Enrique González que se caracteriza por su cadenciosa línea de saxofón y un solo de guitarra.
Habrá que subrayar que tanto “Te perdí” como “Tarahumara” son los primeros rocanroles originales hechos en Puebla.

De esta forma, Los Frailes imperaron musicalmente en el territorio angelopolitano durante un par de años. No obstante y una vez consagrados, surgió entre algunos integrantes la inquietud de trasladarse al entonces Distrito Federal y hoy Ciudad de México para proseguir por nuevos caminos, aunque no todos estuvieron conformes: “Ya teníamos bien la carrera, bien padre de veras, y les dije ‘Vámonos a México’”, cuenta González. “‘El Yuca’ quien fue director artístico, el que llevaba los contratos y todo, no quiso. Entonces me salí de Los Frailes, reuní otros elementos y que nos vamos al DF. Al llegar, nos juntamos con Luis ‘Vivi’ Hernández”. De esa forma, nació otra agrupación llamada Los Novelistas, a quienes se recuerda especialmente por aparecer brevemente en el film La Venganza de Huracán Ramírez de 1967, junto a Titina Romay.
Lamentablemente, con la salida del “Gallo” el conjunto comenzó su paulatino declive y distintos músicos pasaron por sus filas, quienes si bien no deslucieron su estampa, tampoco le inyectaron nuevos bríos. Inclusive, Miguel Rosado abandonó posteriormente a sus compañeros, quienes naufragaron hasta poco antes de los setenta, para después separarse definitivamente.
Hoy día, resulta difícil conocer o entender las razones que motivaron a Rosado y demás frailes a negarse a migrar hacia la capital mexicana, aun cuando pasaban por su mejor momento. No obstante, tal disyuntiva significaba ya desde entonces desasosiego para muchos músicos poblanos que buscaban impulsar sus trabajos hacia nuevos horizontes.
Los Frailes concluyeron una etapa del rock en Puebla que podría denominarse como el de los fundadores o pioneros, la cual se caracterizó por una enorme algarabía en torno al rock and roll y sus practicantes. Aunque hacia finales de los sesenta, sobrevino cierto menoscabo para el género y al mismo tiempo una muy prolongada escasez en cuanto a grabaciones se refiere. Tuvieron que pasar dos décadas hasta la aparición de los LP del grupo Zebra (3) y el cantautor Carlos Arellano, con su placa Canciones domésticas, para que el rock poblano volviera a la senda correcta.