El rock también se escribe: la historia detrás de un libro

Es el miércoles 27 de agosto de 2014. Aproximadamente son las cinco y media de la tarde y Alejandro González Castillo y un servidor estamos frente a un tarro de cerveza. Hemos pasado antes al Multiforo Alicia para ver si ya estaba listo todo y era poco lo que faltaba por hacer. Estamos nerviosos, aunque ninguno de los dos lo externa, así que hablamos de trivialidades; pero hay un instante en el que me aventuro a preguntarle a Alejandro cuánta gente cree que asistirá. Aunque no lo dije en su momento, su respuesta me dejó frío: “No sé, unos 30, tal vez 40”, me dice con el tarro listo en la mano para darle un trago a su bebida.

Hora y media antes de que comience lo que llamamos Seminario de periodismo y rock en México, un recuento, estamos tensos. La primera de nueve sesiones lleva como título “1970-1985” y en ella participarán Federico Rubli, José Xavier Návar y Walter Schmidt, tres puntales del periodismo musical (cuando aún no se le llamaba así) de este país.

Estoy nervioso, repito. Más allá del número de asistentes, me inquieta que los ponentes lleguen a tiempo (al final, sólo uno de los 27 convocados en el programa original cancelará de último momento por problemas de salud), que el esfuerzo se vea retribuido con una asistencia decente, que “premie” el esfuerzo del Multiforo Alicia al abrir las puertas a un evento que, me doy cuenta en ese instante, aunque ya lo había hablado con Alejandro varias veces, es histórico. Nunca antes se habían reunido periodistas (editores, directores, colaboradores de revistas especializadas y diarios de circulación nacional) para hablar de sus experiencias, contextos, impedimentos, logros y reveses sufridos en más de 45 años de historia. Pienso eso y lo reitero: “Yo y mi gran boca”, “nuestras grandes bocas”.

No recuerdo con certeza cuándo ni cómo nació la idea, pero seguro fue en alguno de esos lugares en los cuales uno va a mitigar la sed en tiempos de calor, pero sí que fue en 2013, a finales casi. Surgió así, como un comentario suelto, aventado al aire, como han comenzado algunos de los proyectos en los cuales Alejandro y yo hemos trabajado: ¿Y si…? Y sí, después que pasó la cruda, la maquinaria comenzó a girar. Primero fue el lugar, aunque todavía no sabíamos cuántas sesiones nos llevaríamos; paralelamente, comenzamos a barajar nombres, personajes claves por su trayectoria, por estar allí, por lo realizado y el impacto de su trabajo.

Una pregunta que rondaba nuestras cabezas y deseábamos contestar era acerca del futuro: ¿qué debíamos esperar? En 2014, año de la realización del seminario, el panorama no era halagüeño, así que era una buena ocasión para hablar de nuestro pasado, recordarlo, hacérselo conocer a muchos que lo desconocían (y lo siguen haciendo) y plantear perspectivas, lo que fuera eso entonces.

A las 18:30 nos encaminamos al Alicia y conforme nos acercábamos al lugar para encontrarnos con los invitados, nos percatamos de que había una fila que llegaba a la esquina de Colima y daba la vuelta. Fue una buena manera de incrementar nuestros nervios, al menos los míos. Unos minutos después llegaron los conferencistas de la noche, aunque no recuerdo quién lo hizo primero. Diez minutos antes de las siete ya estábamos en el piso superior del lugar y charlábamos para matar el tiempo.
La música comenzó a sonar y la gente a subir. Cuando llegó el momento de iniciar, no miento si afirmo que el Alicia estaba colmado. Imposible contar a los asistentes, pero superaban con creces las estimaciones de Alejandro de unas dos horas antes (Arturo J. Flores, quien habría de participar con una excelente conferencia en la octava sesión, la del 29 de octubre, incluyó el seminario en su recuento de lo mejor de ese año).

Me tocó inaugurar el seminario y a Federico Rubli exponer en primer lugar. Su charla, “Todos éramos William Miller. Un recuento del rock en México”, fue iluminadora, especialmente cuando abordó la ética en nuestro quehacer y contó el fraude que fue la entrevista con la famosa encuerada de Avándaro publicada en La Piedra Rodante, brillante ejemplo de lo que no debe hacerse.

Durante nueve miércoles, el Seminario de periodismo y rock en México hizo un recorrido por la historia de las publicaciones especializadas en México (Conecte, Sonido, Nuestro Rock, Rock América, Banda Rockera, Rolling Stone, La Mosca en la Pared, rculo Mixup, Pulse Latino!, entre otras); logramos juntar agua y aceite y de pronto, allí, sobre el escenario del Alicia, se encontraban figuras de posturas irreconciliables, exponiendo no su sentir sino su saber y su acercamiento a su trabajo. La lista de los participantes es un quién es quién del ahora periodismo musical en México. A los ya citados anteriormente se añaden los nombres de Warpig, Pacho Paredes, Marcos Hassan, Chava Rock, Víctor Manuel Alatorre (el único que no pudo asistir), Rolli, Mauricio Hammer, Hugo García Michel, Benjamín Salcedo, su servidor, Ricardo Bravo, Francisco Zamudio (qepd), Juan Carlos Hidalgo, Julián Woodside, Rafael Villegas, Patricia Peñaloza, Mario Villagrán, Rulo, Antonio Malacara, Mónica Maristáin, Arturo J. Flores, Iván Nieblas, Bartolomé del Mar y Jimena Alarcón. De la mano de ellos, hicimos un recorrido por 44 años de historia y cuando llegamos al final del mismo, público y organizadores estábamos cansados. Los primeros menguaron en cuanto a asistencia, pero siempre se mantuvo un gran interés.

Como suele suceder con un evento como éste, los medios, salvo excepciones, no se interesaron en él, aunque hay registro en video y audio de los mismos, pero no en manos de los organizadores. Sin embargo, a todos los participantes se les pidió que entregaran sus ponencias por escrito, lo cual no siempre ocurrió, así que al finalizar el seminario comenzamos a transcribir aquellos audios de quienes no habían hecho llegar su trabajo redactado.

Una vez concluida la tarea, ésta se almacenó en un disco duro.

Fue la tozudez, en todos los sentidos, de Juan Carlos Hidalgo, la que propició la apertura de ese disco duro. Fue él quien, en cada oportunidad a la mano recordaba, ya fuera por separado o juntos, a Alejandro y a mí, que debíamos sacar esas ponencias.

En 2019, coincidimos en la UANLEER y Juan Carlos arremetió de nuevo. Alejandro y quien esto escribe aguantamos a pie firme, pero a mediados de año insistió y me dijo que lo comentara a Homero Ontiveros, el compositor y también tecladista de Inspector, quien podría ayudarnos a conseguir la edición del texto bajo la Universidad Autónoma de Nuevo León. Echamos a rodar la suerte y Homero lo platicó con Antonio Ramos, Director de Editorial Universitaria.

La luz verde llego en algún momento de 2019 y entonces nos pusimos a trabajar en la edición de lo que para marzo del año siguiente sería El rock también se escribe. Seminario de periodismo y rock en México. Un recuento. Memorias. Peros no faltan y aquí el principal es que no hubo espacio suficiente para incluir todas las ponencias. Hicimos un recorte y de las 29 programadas originalmente, se colaron sólo 20 y algunas tuvimos que recortarlas por cuestiones de espacio (por ejemplo la del finado Francisco Zamudio que olvidó la máxima de respetar el número de cuartillas y el tiempo asignado) y otras porque el discurso hablado hubo de trasladarse al papel. Quedaron fuera, por la misma razón, las sesiones de preguntas y respuestas que hubo al final de cada mesa. Hay, como un acertado encore, una entrevista posterior que Alejandro González hizo a José Luis Pluma, personaje vital de nuestro periodismo de rock, quien por cuestiones de agenda no pudo participar en el seminario, pero era imperdonable no incluir este testimonio.

El libro se presentó en marzo de 2020, en el marco de la UANLEER, pero los efectos de la pandemia hicieron que fuera algo simbólico. En realidad, la circulación del volumen comenzó a darse en noviembre, cuando por fin empezaron a distribuirse los primeros ejemplares, aunque la distribución de una institución educativa, a pesar de sus esfuerzos, siempre deja algo de lado y la vuelve subterránea, marginal (existe una versión electrónica disponible en Amazon).

Nuestra idea no fue hacer un gran libro, como tampoco era la de hacer un gran seminario. El motor fue compartir nuestra historia, refrescarla, sacarla de los baúles —muchas de las publicaciones impresas, si no es que la mayoría, han desaparecido—, contarla a las nuevas generaciones y dignificarla, porque quienes la hemos construido lo hemos hecho con pasión, rigor, cariño, entusiasmo y mucho oficio, tanto que los colmillos que salieron a relucir en el Alicia, si fueran de elefante, hubieran hecho ricos a muchos.

Esa fue nuestra idea, pero resulta, y aquí perdonarán la arrogancia, que el seminario sí fue un gran acontecimiento, porque nadie ha hecho algo similar en la historia del periodismo de rock en nuestro país y, por ende, el libro adquiere el mismo cariz. Sí, faltaron voces; sí, se circunscribió a la capital, pero fue una iniciativa que nació de una pregunta simple y que no tuvo patrocinadores detrás. Quienes participaron lo hicieron por amor a su profesión, por sus ganas de compartir y contar sus propios avatares detrás de máquinas de escribir o computadoras y al dirigir distintas publicaciones. Logramos hacerlo también porque el Foro Alicia, de la mano de Ignacio Pineda, dijo sí en un abrir y cerrar de ojos.

Hoy, ese seminario que nació de un “¿Y si…?” es un texto que, creo —y otra vez disculparán la arrogancia, pero si espero a que los medios comprendan la envergadura de esto, podremos morir muchos sin ver algo semejante—, ya es indispensable. Indispensable para quienes gustan de la historia del rock de este país, indispensable para los estudiantes de periodismo y comunicación, indispensable para los profesores que imparten asignaturas de periodismo pero nunca han pisado una redacción.

Es indispensable porque, como lo dice su subtítulo, es una memoria y eso, de entrada, lo vuelve necesario.

El rock también se escribe. Seminario de periodismo y rock en México. Un recuento. Memorias, se presenta hoy miércoles 26 de mayo a las 19:12 hrs. en el Multiforo Alicia (Av. Cuauhtémoc 91-A, Col. Roma). Participan Arturo J. Flores, Iván Nieblas, Alejandro González Castillo y David Cortés. Cupo limitado a 80 personas.

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Publicado en: Reportajes