Extraña paradoja la de Nico. Nadie la quería cuando Andy Warhol la impuso en The Velvet Underground. Fue abominada mientras permaneció en el grupo. Lou Reed anduvo con ella sólo para hacerle la vida imposible con sus violencias físicas y sicológicas. John Cale tampoco simpatizaba con ella. Pero al final, todos terminaron de algún modo rendidos a sus pies.

Nico en la Universidad de Lampeter, noviembre 1985. Fotografía: GanMed64 bajo licencia de Creative Commons.
Precozmente hermosa
Esta peculiar mujer, nacida en la Alemania nazi hace 83 años (Colonia, 1938), tuvo una infancia muy difícil. Su padre fue declarado enfermo mental y terminó sus días en un campo de exterminio. Su verdadero nombre era Christa Päffhen y a los dos años se mudó con su madre y su abuelo a las afueras de Berlín, donde le tocó sufrir todos los embates de la Segunda Guerra Mundial, hasta que en 1945 la ciudad fue tomada por las tropas rusas. Tenía ocho años cuando se instaló con los suyos en el sector estadounidense de la capital germana. A pesar de su corta edad tuvo que trabajar como costurera, aunque pudo continuar sus estudios elementales. A cumplir los trece, dejó la escuela y se dedicó a vender lencería. Era tan precozmente hermosa que a los catorce su progenitora le consiguió empleo como modelo en una tienda de ropa.
Su vida parecía ir a mil por hora. Al cumplir quince años fue enviada a la isla de Ibiza, donde conoció al fotógrafo gay Tobías, quien en honor a un amante suyo recientemente fallecido la bautizó con el sobrenombre con el cual se convertiría en una de las grandes leyendas del pop sesentero. Nico se trasladó entonces a París, donde posó para revistas de moda de enorme prestigio (entre ellas Vogue y Elle) y donde también actuó en comerciales de televisión. Su llamativa y misteriosa belleza no tardó en abrirle las puertas del cine. Realizó pequeños papeles en un par de películas y durante un viaje a Roma, en 1959, Federico Fellini la invitó a participar en uno de sus grandes filmes clásicos: La Dolce Vita.
Todo parecía indicar que Nico haría una gran carrera cinematográfica. Ella misma lo creía, tanto así que viajó a Nueva York para tomar clases de actuación con Lee Strasberg en la Method School. Allí tuvo como compañera a Marilyn Monroe. En 1963 logró su primer estelar, en la cinta Strip-Tease del francés Jacques Poitrenaud. Para esta película, la joven alemana grabó, bajo la producción de Serge Gainsbourg, el tema musical homónimo, aunque finalmente fue cambiado por la versión de la afamada cantante Juliette Greco. Durante ese tiempo, se relacionó sentimentalmente con el actor Alain Delon y tuvo un hijo suyo.
Del cine al rocanrol
1965 sería un año clave en la vida de Nico. Ese año conoció en Londres a Brian Jones, integrante de los Rolling Stones, y por medio de éste al manager del grupo, Andrew Loog Oldham. Oldham se prendió tanto de aquella mujer de veintiséis años que le produjo la canción “I’m Not Saying”, con la colaboración del aún desconocido guitarrista Jimmy Page. De vuelta en París, un amigo le presentó a Bob Dylan, quien le escribió “I’ll Keep It with Mine” para que la cantara (el tema aparecería tres años más tarde, en el álbum debut de Nico como solista, Chelsea Girl). Tan fascinado quedó Dylan con aquella inquietante rubia que le rindió tributo en su canción “Visions of Johanna”, misma que aparece en el álbum doble Blonde on Blonde de 1966.
Fue el propio cantautor quien en Nueva York presentó a Nico con quien habría de ser su mentor y principal propulsor: el artista multidisciplinario Andy Warhol. Cuenta le leyenda que lo primero que ella le dijo a Warhol fue: “Quiero cantar” y entonces él la presentó con quienes ya eran sus protegidos, los integrantes de The Velvet Underground.
La historia de la relación Nico-Velvet Underground fue muy conflictiva y resultó tan corta como el transcurrir de un año. Sólo grabaron juntos un disco, aunque un disco que se convertiría en leyenda: el The Velvet Underground & Nico, de 1967.
Con Andy Warhol y Paul Morrisey, por otro lado, la diva participó como actriz en los filmes Chelsea Girls, The Closet, Sunset e Imitation of Christ.
En 1968, ya fuera del Subterráneo de Terciopelo, Nico se dedicó a cantar en diversos bares neoyorquinos, acompañada por músicos de la talla de Tim Hardin, Tim Buckley y Ramblin’ Jack Elliot, además de un jovenzuelo de escasos dieciséis años que respondía al nombre de Jackson Brown, con quien vivió un tiempo. Fue así que pudo entrar al estudio de grabación para grabar su ya mencionado álbum debut como solista, con canciones del propio Brown, de Dylan y, sí, de Lou Reed y John Cale.
El índice de mármol
A lo largo de los siguientes veinte años, Nico grabó una quincena de discos, entre viniles de estudio y en concierto, llegando a contar con la ayuda de músicos de la talla de Brian Eno y Phil Manzanera. Uno de los más interesantes y menos apreciados fue su segundo opus, The Marble Index, en el cual rompió radicalmente con muchas de las estructuras armónicas del rock y experimentó con su voz y con un extraño instrumento hindú que descubrió y la acompañaría en adelante: el armonio. Gracias a su voz grave y de lentas modulaciones, llegó a imponer un estilo vocal que luego siguieron nuevas cantantes, notoriamente otra femme fatale llamada Marianne Faithfull. Asimismo, su aspecto físico, lánguido y fantasmal pero lleno de belleza, marcaría la estética de los seguidores de la música gótica.
El 18 de julio de 1988, Nico se encontraba en Ibiza cuando tuvo un accidente que la hizo caer de su bicicleta y golpearse la cabeza. No recobraría el sentido. Moriría horas después en un hospital de Cannes. Nadie supo bien a bien qué fue lo que pasó. Lo único cierto es que la mítica mujer que fascinó lo mismo a Jim Morrison que a Alain Delon, a Leonard Cohen que a Bob Dylan, a Federico Fellini que a Andy Warhol, había fallecido por una hemorragia cerebral. Tenía exactos cincuenta años de edad. Sus cenizas fueron depositadas en un un pequeño cementerio de Berlín donde descansa desde entonces.