A pesar de ser un veterano, Luis Pérez es la clase de músico que se niega a vivir de su reputación y se atreve a salir de la zona de confort para buscar nuevas alianzas de las cuales nutrirse. Recientemente puso a circular un par de trabajos: Aleaciones e Icarus. El primero, en colaboración con Jesse Walker Peterson; el otro, con Benjamin Fredrick.

Luis Pérez. Fotografía: cortesía Luis Pérez
También, si se rastrea un poco, se encuentran algunos cortes dispersos, grabados en el pasado y de circulación reciente, pero que tienen la peculiaridad de enlazarse con sus trabajos actuales, en donde están presentes las esculturas sonoras. Uno de esos tracks perdidos y apenas puesto a circular es “Cubi XX & Candida” en el que toca las esculturas creadas por David Smith, grabación realizada en 1982 y detrás de la cual hay una interesante anécdota.
Cuenta Pérez: “Se grabó in situ en un lugar conocido como Sculptures Garden que está en el campus de la Universidad de California de Los Angeles (UCLA) y fue a raíz de mi participación en el Primer Simposium de Música Mexicana, celebrado allí. Parte de mis actividades en ese simposium fue la exhibición de mi colección de instrumentos en el Departamento de Musicología de la universidad. Al caminar por el campus, me encontré con el Jardín de las Esculturas y la mayoría era de artistas norteamericanos, entre ellos Henry Moore y David Smith. Me llamaron la atención las del último, porque eran formas geométricas colosales en acero inoxidable. Me acerqué y las toqué con los dedos, las palmas de la mano y los nudillos, descubriendo así sus sonoridades pues las formas eran huecas. Lo hice sin ser observado por la vigilancia y entonces me surgió la idea. Le pedí a un amigo (José Antonio García), quien era sonidista para cine, que fuéramos y grabáramos lo que pudiera improvisar durante la noche para no ser descubiertos y así es como lo hicimos. Me quité los zapatos mientras improvisaba, tocando las distintas formas y tamaños en las esculturas y utilizando una pequeña piedra sostenida en una mano para realzar el ataque y terminé trepándome en la base de una de las esculturas, un gran cilindro unido a un cubo, del cual emergían otras formas: triangulares, cilíndricas, rectangulares, etcétera. Con los pies descalzos producía ritmos sobre el gran cubo, mientras percutía con las manos las otras formas que se disparaban en distintas direcciones”.
Aleaciones
Aleaciones se grabó en colaboración con Jesse W. Peterson, a quien Luis Pérez conoció en 2015 y quien a su vez es pareja de la cantante Mia Todd, hija de Mike Todd, artista que ha trabajado “escultura monumental, en particular metales reciclados, modificados, fundidos y vueltos a unir con sopletes, cambiando sus formas, algunas con patinas, otras sin éstas”.

Jesse Peterson. Fotografía: Carlos Niño
Luis preguntó a Michael Todd si le permitiría experimentar con sus esculturas y una vez obtenido el permiso, lo hizo solamente con aquellas transportables. Un día, en un encuentro en Los Ángeles, a donde fue invitado a tocar, coincidió con Peterson, quien llevó algunas de estas esculturas y recordó lo hecho anteriormente con las de David Smith, por lo que pidió a Todd lo dejara grabar con ellas.
“Accedió —dice Luis Pérez— y Jesse llevó equipo para grabar en el estudio de Mike. Previamente, al explorar las esculturas, ya había localizado sonidos que me interesaban. Algunos formaban parte de las composiciones escultóricas gigantes, otros provenían de pequeñas esculturas, incluso algunas estaban conformadas por una sola pieza aislada. Éstas últimas las colgamos de esculturas más grandes o de travesaños en andamios y así es como dimos inicio, improvisando al principio y después con ideas más estructuradas y agregando otra instrumentación: instrumentos electrónicos –los cuales estaban a cargo de Jesse–, cuerdas, percusión y alientos mesoamericanos”.
Peterson conoció a Luis Pérez mientras éste estuvo en Los Angeles (2015-16) y lo ayudó a montar un espacio de trabajo. Tiempo después, colaboraron en un taller con Christopher García y Carlos Niño y comenzaron a hacer grabaciones juntos y con Mia Doi Todd. Recientemente, el percusionista contribuyó en un proyecto entre Niño y Peterson “que desde entonces creció para incluir a otros músicos” y se concretó en el álbum Turn On the Sunlight.
En “Aleaciones”, el corte inaugural, Luis recita acerca del poder de la Tierra y la música es más un fondo inscrito en los ámbitos de la fusión y el new age. En “Cúmulos”, la voz crea un susurro cálido, sobre el pulso de una percusión, es más como un cántico espiritual que transmite paz, muy ambiental. En “Ventarrones abismales”, el agua que corre, el viento y el metal crean un drone que propicia una atmósfera de formas misteriosas, apenas percibidas; aquí, los caracoles hablan de majestuosidad y las flautas de Luis son tratadas con algunos efectos. En el segundo tercio, preludiado por las percusiones, el tema se dinamiza y nos adentra en un espacio ritual, una danza que da pie a una tercera parte en la que nuevamente reaparece esa aura de misterio que se mezcla nuevamente con la danza, ahora un poco más movida, para finalmente cerrar la espiral con el viento y las esculturas metálicas.
En “Colinas infinitas”, las esculturas metálicas son percutidas, frotadas. Un tambor golpea con cierta frecuencia, el paso de un reloj marca el tiempo. Hay exhalaciones, inhalaciones, el tambor genera un beat (como si fuera la respiración y el corazón de un ser humano amplificado). En la segunda parte, pasamos a una majestuosidad diferente, un canto susurrado, lejano, que se mueve con las esculturas que crean un atmósfera de inmensidad, un gigantesco vacío y un aura nuevamente de misterio. “Llanura aluvial” es una composición más ambiental y “Vistas”, el último corte, es más “solemne”, construido sobre un drone creado con las estructuras de metal y una flauta de carrizo que domina con su melodía y genera la impresión de estar sobre una zona alta, elevada, desde donde se ve la infinitud del paisaje.
Peterson produjo el nuevo álbum de Mia Todd, trabaja actualmente en un nuevo disco de Turn on the Sunlight y en un proyecto con Yohei Shikano. También se encargó de la ingeniería y cuenta que en Aleaciones, “además de lo que fue la mezcla, que se limitó a la compresión, el reverb y la ecualización, la mayoría de los sonidos provenientes de las esculturas quedaron como fueron grabados. Hay muchos sonidos provenientes de los instrumentos de Luis y la electrónica, pero a veces es difícil diferenciarlos”.
¿Es Aleaciones resultado de la composición o fruto de sesiones de improvisación? Peterson toma la palabra nuevamente: “Hemos trabajado antes y usualmente improvisamos para encontrar una idea. Pensamos que sería agradable contar la historia de los metales con palabras también, así que empezamos el álbum con eso.
Tal vez algún día podamos hacer algunas grabaciones con otros materiales. Uno de los aspectos interesantes de trabajar con los instrumentos de Luis es cómo éstos reflejan el material del que están hechos. Dado que él ha construido muchos de ellos y ha investigado sus usos tradicionales en diferentes espacios, sabe cómo explotar estas características. Realmente se adentra en el alma de cada instrumento”.
Icarus
El otro disco de reciente circulación es Icarus, placa perpetrada entre Benjamin Fredrick Vukelic y Luis Pérez. Fredrick es oriundo de Minneapolis y se formó con la colección de discos de sus abuelos, una dieta que incluyó desde Pink Floyd hasta Leonard Cohen, sin dejar fuera a Bob Marley y que lo llevó a sumergirse a temprana edad en la improvisación y el arte del sonido. Al graduarse en producción y grabación en su ciudad natal, se mudó a Los Angeles, entró en contacto con Erik Kretz (baterista de Stone Temple Pilots) y realizó algunas sesiones con Thom Yorke & Johnny Greenwood (Radiohead), Manu Ciao y De la Soul. De su encuentro con Benjamin y cómo éste condujo a Icarus, habla Luis Pérez: “Lo conocí casi al mismo tiempo que a Jesse. Carlos Niño fue el conducto que nos unió. Hicimos planes para reunirnos y grabar algunas cosas juntos. La primer reunión fue en mi casa. Benjamin llevó algo de su equipo de grabación. En la primer sesión fueron tan sólo sonidos de los instrumentos prehispánicos. Él se llevó copias de las grabaciones y continuó con el proceso creativo en su estudio, agregó instrumentación electrónica y efectos a mis instrumentos y así el concepto tomó una nueva dimensión y supimos que podríamos continuar colaborando hasta crear un álbum completo”.

Benjamín Fredrick. Fotografía: cortesía de Benjamin Fredrick
Diversas forma de trabajo siguió la dupla, a veces de manera conjunta, otras a distancia, “y así es como fuimos configurando el concepto de trance en la música o el estado de trance que puede producir ésta. Es como una vista lejana, una percepción sonora desde afuera, desde lo alto”, señala Pérez.
“Luis y yo –comenta Benjamin– nunca nos habíamos encontrado con anterioridad, pero sabía que haría un poco de delay y reverb mientras él tocaba en una ceremonia de aproximadamente 30 minutos con sus flautas precolombinas y percusiones. Lo grabé en su totalidad y sonoramente había algunas texturas interesantes y luego de unas semanas decidí llevar esa grabación a una pieza en la cual estaba trabajando y ese collage de la grabación se convirtió en ‘Dance of the Caterpillar”.
Icarus abre con “Chrysalids”, un ambiente selvático y de atmósfera inquietante por los sintetizadores de Benjamin. El corte es un mundo en gestación que se aviva en su parte media, sin abandonar ese ambiente de selva, de un espacio virgen. Tal vez se podría establecer un parangón con el primer disco de Luis, pero obviamente aquí hay mucho más trabajo, más tecnología, más producción. “Dance of the Caterpillar”, por su parte, nos mantiene en el espacio virgen, pero algo está surgiendo a la vida y se manifiesta con los ritmos que acompañan este corte, más profusos y vitales. “Demeter”, la diosa de la agricultura, habla de un nacimiento; hay más luz en el tema, aunque ese tono misterioso y enigmático se mantiene y adquiere otra dimensión por el eco que se aplica a los instrumentos prehispánicos que le dan cuerpo y robustez al todo que al acercarse a su final es más vivo. El nacimiento se ha gestado.
“Linus”, el hijo de Ucrania y Amphimaurus, era un gran músico y el corte es como una danza celebratoria. “Se-se-wa” es cinemática, un paisaje amplio, iluminado, un viaje a través de este gran espacio y aquí Luis lleva a cabo un recitado. “Hypnos”, personificación del sueño, es un corte relajado, nunca somnoliento y el track final, “Helios” es un nuevo alumbramiento, el cierre de una jornada.
Benjamin cuenta acerca de Icarus: “Después de nuestra tercera o cuarta sesión juntos, Luis trajo el concepto de la muerte y la metamorfosis. Específicamente, si un ave muriera y cayera en el piso, los insectos marcharían hacia el cuerpo y los animales, en el proceso de devorar la carne, también tomarían el espíritu de éste. El disco comienza con este momento de la vida futura, la perspectiva de la vida futura del espíritu y el mundo vivo físico están allí, la simultánea descomposición de la carne y la transfiguración del alma”.
Para Benjamin, quien ha trabajado con mucha gente, este es su primer álbum, “el primero que pude terminar. Realmente disfruté el proceso y el resultado, surgió sin demasiado esfuerzo y aunque estoy abierto a que un sello lo tome y lo lance en vinil, sólo quería que saliera al mundo. Ahora trabajo en un disco experimental con Laraaji”.
Con una larga discografía a cuestas, Luis Pérez es uno de los pilares del etno rock, aunque algunos de sus trabajos lo muestran ya más cercano a territorios experimentales; sin embargo, la etiqueta no le disgusta: “La etno fusión se ha ramificado y establecido como parte de un lenguaje musical que nos identifica en distintos estilos musicales de los cuales surgen el etno jazz, la etno electrónica, el etno rock etcétera. Aunque son géneros musicales bien establecidos, éstos se enriquecen con la incorporación de los instrumentos nativos de Mexico, sean de orden etnográfico o nuevas construcciones de los instrumentos precolombinos. Lo más importante es que los elementos musicales de nuestra cultura están siendo revalorizados aplicándolos a la música de una manera práctica”.
Además del trabajo realizado, Pérez produjo un álbum de Xochitzin (El canto de lo sagrado), grabó cuatro programas de radio de una hora de duración cada uno para una emisora en Berlín, produjo la “incursión de instrumentos mesoamericanos para la obra musical sinfónica del compositor Antonio Ezkauriatza” (de Huayucaltia, grupo de Los Angeles), música para proyectos audiovisuales (para museos y en realidad virtual) de Tomas Filsinger y en los meses siguientes aparecerá la edición en vinil de Santuario de mariposas.
El futuro es rico en proyectos. “Estoy por terminar una selección de cantos de María Sabina interpretados por Xochitzin. También publicaré algunos trabajos terminados y en lista de espera, entre ellos La palabra, Chaos and Creation y Unknown Destination. He iniciado un nuevo álbum con Benjamin y espero hacer lo mismo con Jesse Peterson.
“Quisiera tener la posibilidad de publicar tantas cosas, pero en particular un álbum con grabaciones que hice en 1982/83 en Los Angeles, cuando participaba en los congresos de música de Mexico en UCLA y tuve la oportunidad de conocer al musicólogo y compositor británico Peter Crossley-Holland, dueño de una de las colecciones más extraordinarias de artefactos musicales de México, representativa de varias culturas: maya, mixteca-zapoteca y azteca, entre otras. Mi interés en particular estaba en su colección de instrumentos musicales de las culturas del Occidente de México, una colección muy completa que incluía ejemplares en materiales diversos: barro, hueso, caracoles y conchas marinas, coral y algunos restos de animales. Crossley-Holland tuvo la gentileza de permitirme grabar con su colección. Llevé a un amigo que en aquel entonces tenía una grabadora de cassette de cuatro canales y así lo hicimos en dos o tres días máximo. Toda la música fue improvisada, dado el tiempo limitado que tenía para hacerlo. Afortunadamente, ya tenía detectados algunos instrumentos cuyos timbres me interesaban. Este es un trabajo que quieo publicar en un álbum doble de acetato, con detalles acerca de los instrumentos y la experiencia misma”, concluye.