Queen es una agrupación que divide opiniones y suele hacerlo de manera radical y apasionada, muchas veces maniquea. Para sus seguidores, sobre todo los más aferrados, es el mejor grupo de rock de la historia y no hay mejor voz que la de Freddie Mercury o mejor guitarra que la de Brian May. Y por supuesto: “Bohemian Rhapsody” es la mayor composición en la historia del género. Para sus detractores, se trata de un conjunto efectista, rimbombante, hueco, manierista, oportunista y engañabobos que sólo puede impresionar a una masa de ingenuos ignorantes que nada saben de música.
A riesgo de ser tildado de poco comprometido, yo me sitúo en el justo (¿o injusto?) medio. No comparto la idea de que el grupo sea el mejor de la historia del rock, pero me queda claro que es uno de los más importantes y que su contribución no puede ser soslayada. La voz de Mercury fue y sigue siendo única y singular. Si es o no la mejor que ha existido, resulta una mera cuestión subjetiva. Lo mismo que el talento como guitarrista de May (en lo personal, creo que ha habido numerosos colegas suyos que lo superan).
Mas como no se trata de competencias sino de revisar la música que grabara el cuarteto oriundo de Londres, he aquí las breves reseñas de diez de los 13 discos en estudio que grabara Queen antes de la lamentablemente muerte de Freddie Mercury. Veremos si el lector coincide, sin importar a cuál bando pertenece.

Fotografía de Carl Lender, bajo licencia de Creative Commons
1.- Queen (1973)
Contra lo que muchos piensan, tal vez de manera un tanto prejuiciada, el primer disco de Queen es un trabajo no sólo digno y aceptable, sino bastante sólido y valioso. Cierto que no puede compararse con sus grandes álbumes; sin embargo, para ser su debut el cuarteto mostraba ya en potencia sus futuros alcances. Conocido básicamente por su éxito “Keep Yourself Alive”, Queen contiene varios temas que merecerían ser reconsiderados. Cuenta la historia que el disco tardó dos años en ser grabado, debido a que el grupo no contaba con los medios económicos necesarios para producirlo normalmente y lo trabajaba a horas en las cuales el estudio de grabación no era requerido. A pesar de ello, el plato mantiene una notable uniformidad y el nivel de calidad de sus canciones es realmente admirable. Ahí está ya en ciernes todo el estilo que caracterizaría a Queen: desde el manejo asombroso de la voz de Freddie Mercury hasta la compacta y firme sección rítmica que haría del bajo de John Deacon y la batería de Roger Taylor un sello de fábrica, pasando por el virtuosismo de Brian May y su forma de grabar varias guitarras sobrepuestas. Aparte del corte ya mencionado, destacan también joyitas como las pesadas “Son & Daughter”, “Liar” y “Great King Rat” o composiciones tranquilas como “Doing All Right” y “The Night Comes Down”. Un disco no sólo fundacional sino fundamental, en todos los sentidos del término.
2.- Sheer Heart Attack (1974)
Este disco se dirige ya hacia el más puro y característico estilo que haría de Queen una agrupación única e inconfundible. Ese rock a la vez duro y melódico que distinguió al cuarteto es mostrado en ciernes en este, el tercer disco del cuarteto (el segundo había sido Queen II, también de 1974). Sheer Heart Attack fue producido apenas ocho meses después que su antecesor, debido a que Brian May se vio aquejado por una hepatitis y el grupo debió olvidar cualquier posibilidad de realizar giras y conciertos. Para no quedarse inmóvil, Queen optó por aprovechar el involuntario intermedio para trabajar en su tercera obra y lo hizo de manera estupenda. Por donde se le escuche, este es un gran disco. He aquí una colección de espléndidos temas que incluye composiciones tan notables como la juguetona “Killer Queen” y las hoy clásicas “Stone Cold Crazy”, “Brighton Rock” y “Now I’m Here”. Hay en el álbum la típica combinación de piezas sólidas y rocanroleras (“Tenement Funster” y “Flick of the Wrist”) con baladas dulces y llenas de melodía y armonía (“Lily of the Valley” y “Dear Friends”), pero también algunos experimentos novedosos. Así, en “Misfire” se encuentra una rítmica caribeña, mientras que el jazz (o más precisamente el ragtime a la Scott Joplin) está presente en la sensacional “Bring Back That Leroy Brown”.
3.- A Night at the Opera (1975)
La obra maestra de Queen, su disco por antonomasia. Todo lo más excelso del grupo se encuentra reunido en este álbum cumbre. Con un título obviamente referido a la para muchos mejor película de los Hermanos Marx (filmada en 1935 bajo la dirección de Sam Wood), A Night at the Opera puede contener cualquier clase de excesos, pero la banda supo manejarlos sin caer jamás en demasías y manteniéndose siempre al filo de la navaja, en los límites entre lo ridículo y lo sublime. Es claro que lo que salva a Una noche en la ópera es su sentido del humor, su irónica manera de no tomarse las cosas en serio y lanzarse a fondo en todas direcciones con afortunado tino. Esto no quiere decir que sea un disco realizado al vapor. Por el contrario, se trata de su trabajo mejor producido hasta ese momento, con un sonido impecable, arreglos guitarrísticos y vocales extraordinarios y un sentido melódico excelso. Canciones como la emotiva “’39”, la metalera “Death on Two Legs”, la bucólica “Lazing on a Sunday Afternoon”, la bellísima “You’re My Best Friend” y la progresiva “The Prophet’s Song” conforman un marco esplendoroso para la épica, suntuosa, aparatosa, hiperbólica, rimbombante y genialmente pretenciosa mini rock ópera “Bohemian Rhapsody”, el equivalente en Queen a lo que fue “Stairway to Heaven” en Led Zeppelin (de hecho, A Night at the Opera viene siendo un Queen IV). La joya de la corona de la reina.
4.- A Day at the Races (1976)
¿Cómo superar a un álbum de la estatura de A Night at the Opera? Misión absolutamente imposible. Mercury, May, Deacon y Taylor lo sabían bien y decidieron ser humildes y no cometer una imprudencia. De ese modo, optaron por producir un disco que fuese algo así como la segunda parte modesta del de 1975. Así apareció A Day at the Races (otro título homenaje a una cinta de los Marx Bros.), un trabajo digno y con algunas composiciones que no habrían desmerecido en su predecesor, como la maravillosamente gospeliana “Somebody to Love”, la sensacionalmente dura “Tie Your Mother Down”, la intensamente sensible y conmovedora “You Take My Breath Away”, la gozosamente popera “You and I” y las muy divertidas y sardónicas “The Millionaire Waltz” y “Good Old Fashioned Lover Boy”. Un día en las carreras ha sido despreciado por muchos críticos, quienes lo comparan en forma por demás injusta con Una noche en la ópera. Nada que ver: se trata de dos álbumes por completo singulares, a pesar de los títulos marxistas que los hermanan.
5.- News of the World (1977)
La producción de Queen de una placa por año prosiguió con este News of the World, su sexto esfuerzo discográfico en cinco años. En plena cúspide de su carrera y con una envidiable madurez artística, las expectativas que cada nuevo álbum despertaba entre sus seguidores eran mayúsculas y por supuesto comprometedoras. El grupo podía decir que dominaba varios géneros –del metal al glam y del pop al folk o al progresivo– y que había logrado fusionarlos para lograr un estilo propio y por demás característico. News of the World es un trabajo oscuro, su reacción ante el predominio del punk (no olvidemos que Queen fue uno de los grupos más atacados por los punketos), una obra espectacular y de gran nivel, con temas hoy tan célebres como los más que clásicos “We Will Rock You” y “We Are the Champions”, pero con otros cortes igualmente estupendos. Composiciones como la vertiginosa y quasi punk “Sheer Heart Attack” (no confundir con el álbum homónimo del 74), las ominosas “My Melancholy Blues” y “All Dead, All Dead”, la bluesera “Sleeping on the Sidewalk”, la funky “Fight From the Inside” y la inquietantemente fría y a la vez cachonda “Get Down, Make Love” conforman una colección de temas magníficos. Un gran, gran disco.
6.- Jazz (1978)
Jazz es a mi modo de ver un disco injustamente menospreciado. ¿Que es una obra irregular? Lo es, sí, pero son más sus virtudes que sus falencias. Cierto que iniciar el álbum con una pieza tan poco afortunada como la muy naïve “Mustapha” no fue la mejor elección. Sin embargo, hay a lo largo del plato una buena cantidad de buenos temas, empezando por el fenomenal “Fat Bottomed Girls” y su rocanrolerísima esencia y terminando con el estrambótico y misterioso “More of that Jazz”. Pero en medio de esto existe cuando menos un excelente sexteto de canciones. Óiganse si no la preciosa “Jealousy”, la chispeante y festiva “Bicycle Race”, la cuando menos graciosa (y muy comercial) “Don’t Stop Me Now”, la furiosa y frenética “Dead on Time”, la cálida e inspirada “In Only Seven Days” y la maravillosamente nostálgica y discreta, muy music hall, “Dreamer’s Ball”. Lejos de ser un álbum conceptual, Jazz cumple como una excelente colección de buenas canciones y ese es su mérito principal. Por cierto, en todo el disco no hay un solo jazz.
7.- The Game (1980)
Dos años tuvieron que transcurrir para que Queen grabara el que quizá sea su segundo mejor disco. Y para no pocos, el mejor. The Game es un trabajo impecable. Lo paradójico del asunto es que se trata de una obra perfectamente diferente, casi diríamos que opuesta a A Night at the Opera. Lo que en ésta es grandilocuencia, en The Game es sencillez. Lo que en la primera es virtuosismo un tanto pomposo y a duras penas contenido, en el segundo es austeridad y una actitud gozosamente rocanrolera. Rock sinfónico contra rock a secas. Sin ideas conceptuales, sin pretensiones de trascendencia, The Game es un sencillo disco de rock and roll con una serie de canciones estupendas. La abridora “Play the Game” es emocionante y melodiosa; “Dragon Attack” es potente y dura, con un bajeo irresistible y un Brian May dueño de una guitarra abrasiva; “Another One Bites the Dust” no necesita mayores comentarios, es una pieza clave no sólo de este disco sino de la carrera toda de Queen (¡y la compuso John Deacon!); “Need Your Loving Tonight” (también de Deacon) es una encantadora canción de sonido sesentero; “Crazy Little Thing Called Love” es el mejor homenaje que el grupo pudo hacer a Elvis Presley: escrita por Freddie Mercury, contiene un precioso y preciso solo de Brian May, ejecutado con una vieja Telecaster; “Rock It (Prime Jive)” es una divertida incursión en el new wave con ciertos aires ledzeppelinianos a la “D’Yer Maker”; “Don’t Try Suicide”, en cambio, maneja un beat muy sugerente para enmarcar su irónica letra; “Sail Away Sweet Sister” es una hermosísima balada de May que hubiese quedado perfecta en Una noche en la ópera; “Coming Soon” por su parte es otra probadita de new wave; finalmente, “Save Me” corona The Game con una de las más excelsas interpretaciones del grupo. Una conclusión verdaderamente conmovedora y maravillosa para un disco gigantesco.
8.- The Works (1984)
The Works es un larga duración muy relacionado con News of the World o incluso con The Game. Mercury, May y compañía replantearon lo que era el grupo y recuperaron la creatividad fuera de las modas musicales imperantes a mediados de los ochenta, para producir un álbum que si bien no tuvo gran éxito comercial, desde un punto de vista artístico cumplió con creces. Posiblemente, el tema más conocido del disco es el más flojo de los nueve que lo conforman. “Radio Ga Ga” fue un hit en la radio, pero como canción no deja de ser una mala broma. Hay aquí composiciones mucho más interesantes. “I Want to Break Free”, conmovedora y suplicante, posee mucho más sustancia (para no hablar de su célebre y gracioso video a la Some Girls de los Rolling Stones), lo mismo que la bella “It’s a Hard Life” y la estremecedora y combativa “Hammer to Fall”, un alegato contra las armas nucleares. Y están también joyitas como “Is This the World We Created?”, “Machines” y el rockabilly “Man on the Prowl”. Un álbum excelente.
9.- The Miracle (1989)
Después de un largo y hasta cierto punto ominoso silencio discográfico, Queen retornó a los estudios de grabación para realizar The Miracle, producido bajo circunstancias en apariencia poco propicias (aunque no lo había hecho público, todo parece indicar que Freeddy Mercury ya estaba enterado de que estaba contagiado de SIDA). Sin embargo, los miembros del grupo sacaron fuerzas de flaqueza (el propio Brian May padecía una fuerte depresión debida a su reciente divorcio) para realizar un álbum lleno de dignidad. Hay aquí canciones notables, entre ellas la poderosa “I Want It All”, la sensible “Was It All Worth It”, la emotiva “Rain Must Fall” y las impecables “The Invisible Man” y “Breakthru”. Un disco no tan popular y sin embargo muy bueno, la despedida de Queen a los años ochenta.
10.- Innuendo (1991)
El último disco de Queen poco antes de la muerte de Freddie Mercury, su obra póstuma. El vocalista ya sabía que estaba en sus días postreros y aun así quiso seguir adelante hasta el final (no es casualidad que Innuendo terminé con un tema intitulado “The Show Must Go On”). Se trata de un álbum que conmueve sobre todo por el contexto en el cual se dio (la cercana muerte de Mercury), pero que posee la suficiente calidad letrística y musical para destacar por sí mismo, sin consideraciones sentimentales. Desde la inicial pieza que da nombre al disco –una canción épica y grandilocuente, pero sin adornos excesivos, que podría considerarse como el mensaje de Freddie Mercury al mundo antes de partir del mismo (murió el 24 de noviembre de aquel 1991)–, Innuendo transcurre de un modo impecable a lo largo de sus doce cortes, entre los que habría que destacar también la dulcemente emotiva “These Are the Days of Our Lives”, la sólida “Headlong”, la tierna y humorística “Delilah” y la sacudidora “All God’s People”. Innuendo representa la honesta culminación de una carrera discográfica llena de altibajos pero siempre congruente, una carrera de dieciocho años que acabó de manera trágica pero esperanzadora. Ya lo dijo el propio Freddie Mercury en la letra de “The Show Must Go On”: “El espectáculo debe continuar / Por dentro, mi corazón se rompe / mi maquillaje puede deslavarse / pero mi sonrisa todavía permanece”.