El groove sicodélico de Magnet Animals

Los ingredientes han estado allí desde siempre y la receta, como lo muestra la historia, no siempre funciona. ¿Cuál es el secreto que hace de la conjunción de cuatro personalidades no ya un éxito sino una propuesta sólida, concreta, articulada? Tal vez el guitarrista Todd Clouser no tenga la respuesta, pero algo debe haber en él que le brinda la posibilidad de convocar a su alrededor a muy buenos músicos, apaciguar los egos y sacar lo mejor de ellos. Ahora lo ha hecho con Magnet Animals.

¿Puede pensarse en un supergrupo en la segunda década del siglo XXI? La respuesta es no, aunque… aunque tal vez en el aire flota una esencia secreta, esa que han esparcido tantos músicos a lo largo de los últimos 50 años o más y que de pronto se posa en individuos específicos y esto cataliza en agrupaciones que de entrada resultan extrañas por los elementos que la conforman.

En Magnet Animals, además de la guitarra de Clouser, encontramos la batería de Jorge Servín, el bajo de Shanir Ezra Blumenkranz y la guitarra de Eyal Maoz (los dos últimos también integrantes de ese combo salvaje llamado Abraxas). La cuarteta trabaja con las composiciones de Clouser, pero cuando las reciben en sus manos se encargan de darles una nueva forma, de agregar lo que cada uno de ellos siente a esas canciones, porque sí, Magnet Animals es un grupo de canciones. Nada típicas, cierto, pero finalmente canciones.

Fotografías: Mario Rodríguez

Hace unos días comenzó a circular la segunda placa de la banda con el título de Fake Dudes (RareNoise Records) que centra su mira en una sensación de desencanto, de hartazgo ante una realidad que con mayor frecuencia se construye a partir de la falsedad y en la que el peso mediático es inevitable. “Daniel el magnetismo de la televisión, sus héroes y villanos, / usan capas  o dibujan armas. Dependiendo de quiénes hablen tú escuchas. / Daniel es el poder de la proyección / tipos falsos, tipos falsos / repite conmigo tanto como necesites / malditos tipos falsos”, canta Clouser en “Fake Dudes” a través de ese efecto de megafóno ya característico en él.

“Me gusta usar este bullet mic, que es un micro para la armónica, me gusta el efecto que tiene en la voz que me recuerda la radio de A.M. en mi infancia, en Minnesota. Pude escuchar predicadores, poetas, locos, enfermos, genios y perdedores a la vez. En la música de Magnet Animals creo que se escucha un poco más rudo: la angustia, frustración, el absurdo. Me gusta que la voz tiene ese color para esta música y su intención. Estamos rascando las partes de la sociedad que nadie quiere rascar”, señala Clouser.

Magnet Animals debutó en 2016 con Butterfly Killer, un álbum feroz y claustrofóbico. Fake Dudes tal vez sea una placa menos asfixiante, pero es impulsiva. Dice Clouser: “Esta es una banda impulsiva y por lo tanto, una colección de música impulsiva. Realmente hemos abrazado esta combinación abstracta entre la música y las palabras y también esta colección de sonidos diversos y personalidades. No estamos tratando de mandar un gran mensaje o exponer una visión, tanto como compartir las cosas por las que hemos pasado y las ideas surgieron naturalmente”.

En Fake Dudes se conjugan de manera vehemente distintas músicas mezcladas de una manera tan natural que un rápido acercamiento puede crear la ilusión de hacernos creer que se trata de un rock convencional, cuadrado, apuntalado por ruidillos incidentales; sin embargo, cuando la escucha se torna cuidadosa, cuando sentimos que Magnet Animals nos dice algo que requiere de nuestra atención, es entonces cuando los esquemas se resquebrajan. Pienso en el tema que da título al álbum, en el que tenemos un poco de funk, un destello –apenas un rayo–, de surf en la entrada, cuando de pronto la guitarra se vuelve juguetona gracias a que el bajo es un fuerte cimiento y al llegar a la mitad del tema estamos en una hermosa aleación de funk, vanguardia, post punk. En “Freaks” la tensión crece, como si estuviéramos ante la develación de un misterio (¿los freaks?) y justo en esos instantes de nerviosismo exacerbado, los platillos de la batería refuerzan la sensación.

La voz, siempre distorsionada, es un elemento omnipresente en Fake Dudes  y en “Forecast in Rome”, mientras Clouser canta, bajo y batería entran en una insana persecución y nos preparan para una siguiente vuelta. De pronto, la voz se queda sola, fija un espasmo dramático y prácticamente enseguida se renueva la persecución, mientras en “Hell Is an Empty Place”, Blumenkranz y Servín crean un groove pertinaz, imperturbable, casi sofocante que permite a las guitarras jugar, generar disonancias, acometer lo imposible para hacer de este track uno de los mejores manjares del disco.

A quien esto escribe, le acometieron extrañas sensaciones al escuchar el álbum. Hay, de repente, el sentimiento de que los músicos van por su libre albedrío y no obstante logran un todo coherente (“The Call for the Cure”). Servín parece juguetear con la batería, en tanto las guitarras tratan de establecer un diálogo que, además, no está marcado por un afán virtuoso, sino por una búsqueda de algo que, como no se encuentra de inmediato, parece inalcanzable y en donde el bajo apenas quiere participar; pero conforme transcurre el tiempo, esa masa amorfa no sólo consigue un cuerpo, sino que prácticamente se torna un gigante, una fuerza de gran tamaño e imponente amenaza (como ejemplo “Man and the Machine”). Sí, el ingrediente secreto de esta mezcla se llama groove y aquí abunda, funciona como la palanca que mueve la totalidad.

En este viaje, a este escriba la música de Magnet Animals lo reenvío también en varios momentos a recordar a ese combo ya desaparecido llamado Last Exit (Ronald Shannon Jackson, Peter Brötzmann, Bill Laswell, Sonny Sharrock), pero donde aquel era expansivo, Magnet Animals es contenido, aunque la fuerza que se acumula continuamente y amenaza con estallar imprime a la música un aura de misterio y constante sorpresa.

Como misterio es lo que envuelve el porqué del afortunado resultado de este combo multinacional y que su fundador tiene muy claro: “Cuando creas un proyecto, la esperanza siempre es que la música no sólo sea buena, sino que sus integrantes comiencen a amarse y a apoyarse unos a otros. Eso ha pasado definitivamente en esta banda a pesar, o tal vez, por su colección única de personalidades”, comenta.

En Magnet Animals todo parece algo que al final no es; es música que se despliega fácilmente, con mucho groove, sicodelia, pizcas de jazz, pero que crece conforme más se le escucha. Entonces, aquello supuestamente sencillo se revela en toda su complejidad.

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Publicado en: Reportajes