Tres mujeres que trastocaron la musica y algo más

“Era entonces un delito nacer mujer
y si la mujer tenía facultades artísticas, era mucho peor”.
—María Izquierdo.

La música y el feminismo, un arte y un movimiento que se han adaptado a lo largo de la historia. Muchos artistas musicales, sobre todo mujeres, han sacado a relucir sus virtudes para sumar con su voz, su música y sus letras la urgencia de ejercer la equidad de género.

Es necesario recordar a esas exponentes que no encajaron con estándares “tradicionales” en el tiempo que les tocó vivir. Sus exigencias de ser escuchadas y respetadas hoy día siguen siendo estandarte para millones de mujeres y hombres.

Rebeldes, revolucionarias, furiosas, así se les conocía, igual que amorosas, carismáticas y defensoras, en diversos contextos, de los derechos de los seres humanos.

Se atrevieron a confrontar a su familia, a la sociedad. Las épocas en que les tocó vivir no estaban listas para sus visiones y preferencias, pero ellas hicieron todo lo posible por marcar esas y más eras. 


La libertad de Janis Joplin

Janis Joplin, la primera mujer considerada como estrella del blues rock, nunca se manifestó en el papel de activista feminista. Tampoco introdujo en sus canciones mensajes relacionados con los derechos de las mujeres. Fue su libertad arriba y abajo del escenario, el amor por el prójimo y el no aceptar una vida conservadora lo que indica que anhelaba vivir la igualdad de género.

Janis fue independiente, salvaje y extremadamente talentosa. Una poeta del blues rock. Al mismo tiempo, fue insegura, solitaria y triste, características que no le permitieron desenvolverse en su hostil entorno.

Desde pequeña fue incomprendida por su familia sus amigos, sus compañeros de escuela y sus vecinos, quienes estaban adaptados al estilo de vida tradicional de su natal Port Arthur, Texas, Estados Unidos, en la década de los 40.

Nunca cumplió con un prototipo en el aspecto físico e intelectual, razón suficiente pero injustificable para no ser aceptada. En su niñez, descubrió las maravillas del blues y se enamoró de los ritmos afroamericanos. Janis comenzó a expresarse musicalmente inspirada por grandes mujeres de la música negra como Aretha Franklin, Billie Holliday y Odetta, artistas también marginadas previo y durante su auge artístico.

A los 16 años, ya con heridas que jamás sanó, Joplin viajó a San Francisco, donde conoció a personas generosas. Por desgracia, las burlas hacia su imagen y su estilo de vida nunca cesaron.

En el aspecto sentimental, quería tener una pareja estable. No la obtuvo, aunque hubo hombres y mujeres como Peter Leblanc y Jae Whitaker que lo intentaron. Simplemente, no brillaron con la intensidad de “Pearl”, apelativo con el cual se conocía a Janis. Su relación más larga fue con las drogas y el alcohol, sustancias que encendían su energía en sus diversos, amplios y frecuentes momentos de soledad.

Janis era una mujer insatisfecha, principalmente con ella misma. Creía en la integración, pero no era feliz. No aprobaba la discriminación racial ni que sobajaran la liberación sexual femenina. Tenía la sencilla capacidad de meterse en problemas. Su rebeldía en muchas ocasiones era para llamar la atención.

Dejó de existir a los 27 años, el 4 de octubre de 1970. Una sobredosis de heroína pura detuvo su corazón. Su cuerpo quedó solo y abandonado en la habitación 105 del Landmark Motor Hotel, de Hollywood, California, donde lo encontraron horas más tarde. En esa fecha grababa uno de los tres discos que heredó al mundo: el espléndido Pearl que quedó inconcluso en una de sus canciones, irónicamente llamada “Buried Alive in the Blues” (Enterrada viva en el blues).

Esa producción contiene el sencillo “Move Over”, cuya letra describe el cierre de una relación, enfatizando frases como “Tu sabes que necesito un hombre. / Toma una decisión cariño, estás jugando conmigo”. Un llamado a anhelar una relación madura.

La pieza “Bye, Bye Baby” del álbum “Big Brother and The Holding Company”, es el adiós a un hombre que no estuvo a la altura del amor y el compromiso. La canción “Women is Losers” incluida en el mismo disco, describe que las mujeres son las perdedoras, porque los hombres de cualquier forma tendrán éxito.

Estos y algunos más de sus himnos demuestran la fortaleza de una artista que en soledad se quebraba. Las letras pueden ser fuertes, pero son el espejo para que mujeres alrededor del mundo abran los ojos, la mente y, delicadamente, el corazón.


El amor de Tina Turner

Aunque ya se retiró de la música, su voz sigue haciendo eco. Tina Turner, la imagen brava de la lucha por el amor saludable.

La vida de Anna Mae Bullock, su nombre de nacimiento, ha sido intensa, agotadora. Vivió abusos físicos y emocionales por parte de su exesposo Ike Turner, pionero en el rock and roll y el R&B.

Su inicio en la música en la década del 50 fue con el apoyo de Ike, él era líder del grupo The Kings of Rhythm y supo situar en alto a la también bailarina y actriz, pese a que después le cambió de nombre y la esclavizó en muchos aspectos.

Tina tuvo un fuerte lazo personal con su primer esposo y éxitos en la industria, uno de ellos el sensacional cover que hizo de “Proud Mary”, original de John Fogerty y gran éxito de Creedence Clearwater Revival. Avanzada su relación, Ike adoptó al hijo que la cantante tuvo con el saxofonista Raymond Hill. En 1962, le propuso matrimonio y con ello le adjudicó a su esposa los hijos que tuvo con su anterior pareja.

Durante años, Tina sufrió golpes en el cuerpo y en el alma, diversas deslealtades. Ante las cámaras mostraba su talento, pero alejada del reflector era denigrada. En años en los que era tabú hablar de la violencia de género, tl tiempo haría a la cantante pionera en la manifestación de este tema.

Fue hasta 1974 que pudo liberarse del dolor y temor que surgió de su primer matrimonio con Ike Turner. No resultó sencillo. Tina carecía de estabilidad económica, pero defendió el nombre que le dio fama para resurgir en los primeros años de la década del 80 y lanzar el álbum Private Dancer (1984) que incluye la pieza “What’s Love Go to Do with It”, ya con un discurso feminista.

Tina mostró libertad sexual en su carrera. De exuberante melena, piernas que causaron furor y sensuales bailes que marcaron los años 60, cuando era común ver a intérpretes más recatadas en el escenario, Turner rompió los esquemas del pudor.

A lo largo de su carrera, se ha asegurado de alejarse de la victimización. Victoriosamente, su vida mejoró en lo artístico y lo amoroso, casándose en el 2013 con el alemán Erwin Bach, menor que ella y quien la ha apoyado en sus complicados procesos de salud.

Decidir hablar sobre el dolor del pasado, muestra a una Tina Turner superviviente que gracias a su discurso ha inspirado a mujeres jóvenes y maduras, dando el mensaje de no callar ni padecer la violencia en casa y ser libre sexual, laboral y personalmente.


El sueño de Nina Simone

Su sueño era convertirse en la primera concertista clásica afroamericana. Logró más que eso: una carrera apasionante en el jazz y el blues. Ser mujer negra a mediados del siglo XX tenía su costo y ella lo pagó caro. Eunice Kathleen Waymon, su nombre de pila, se convirtió en una artista, compositora y activista de tiempo completo, bajo el nombre artístico de Nina Simone.

A los cuatro años, Nina sintió la necesidad de acercarse al piano. Su madre la llevaba a la iglesia, donde tuvo su primera oportunidad de hacerlo. A los siete años, se presentó con el coro de la iglesia de su natal Tryon, Carolina del Norte; la jefa de su madre y la maestra Muriel Mazzanovich, impresionadas por el talento de la pequeña, la apoyaron y le brindaron clases.

Photo: Ron Kroon, National Archives of the Netherlands / Anefo

Después de cinco años de estudiar piano clásico, con ocho horas diarias de aprender partituras de Bach, Beethoven, Debussy y Brahms, Eunice se apartó de la comunidad. No jugaba mucho con los niños y cuando los miraba, éstos le decían que tocara el piano, haciéndola sentir una persona digna de entretener únicamente.

Al terminar la secundaria, pudo estudiar durante año y medio en la Academia Juilliard, en Nueva York, con la ayuda económica del fondo Eunice Waymon que la instructora Mazzanovich dirigía. Emocionada por seguir aprendiendo, Nina pidió una beca en el Instituto de Música Curtis de Filadelfia. Se la negaron por ser negra. De ese golpe no logró reponerse jamás.

Sin embargo, decidió continuar, esta vez en un tugurio de Atlantic City, en New Jersey. Durante las madrugadas brindaba espectáculos y el dueño le exigió que cantara si quería quedarse ahí. En ese tiempo ganaba 90 dólares, con los que a duras penas mantenía a su familia, la cual se había mudado con ella. Para no deshonrar a su madre, cambió su nombre y nació el monstruo musical Nina Simone (Nina, porque su novio de entonces le decía “Niña” y el apellido en honor a la gran actriz francesa Simone Signoret).

Nina siguió creciendo musicalmente, al tiempo que se involucraba en la lucha por los derechos civiles. Pedía detener el aislamiento social en mujeres y hombres negros, para que disfrutaran de aspectos básicos que tenían que ver con la salud, la seguridad y la educación.

Conoció a quien sería su primer esposo, Andrew Stroud, en el club nocturno donde ella tocaba. Él era sargento de policía y estuvo dispuesto a dejar su profesión para representarla. Con él a su lado, se notó un gran avance. Nina tenía más presentaciones, ganaba más dinero y tenía una guía. Se casó con Andrew en 1961, compraron casa en Mount Vernon, Nueva York, y tuvieron a su hija Lisa Simone Kelly.

Disfrutaba ser madre, pero los compromisos laborales no la dejaban. Frustrada y exhausta, Nina comenzó a tener problemas con su esposo. La forma en que la explotaba rebasó la tolerancia de la diva del jazz.

El tipo la golpeaba. Incluso en una ocasión que visitaron un bar nocturno, un admirador se le acercó y le dio una nota escrita. Ella no le otorgó importancia, pero Andrew enfureció: la golpeó al llegar a casa, la ató y la violó. Vivieron con esa dinámica varios años. Para ella fue complicado salir de su relación amorosa/laboral violenta y humillante. 

Su tristeza y aislamiento social también eran el combustible de Nina. Seguía componiendo piezas mediante las cuales pedía igualdad. Una tragedia acontecida el 15 de septiembre de 1963, en la que murieron cuatro niñas a causa de la explosión de una iglesia en Birmingham, Alabama, una de las ciudades más racistas de Estados Unidos, condujo a Nina a escribir con enojo el tema “Mississipi Goddam”, una canción que definió como “emotiva y violenta”, porque eso la hizo sentir el ataque.

Muchos años de luchar por la igualdad hicieron que también diera otro mensaje, más político, incluso terrorista. En uno de sus conciertos, incitó a matar y destruir “todo lo de los blancos”. Eso hizo que la excluyeran del circuito de las contrataciones.

Con el tiempo, Nina se mostró más violenta. Agotada por trabajar sin descanso, descargaba su furia contra cualquiera. Una palabra o acción detonaban su enojo. Terminó por irse a vivir a Europa, donde la diagnosticaron con trastorno bipolar.

La música no es lo único que sabía hacer, pero sí a lo que más se dedicó en una época dura en la que ella quería vivir tranquila. Fue auténticamente feliz cuando se divorció y vivió una corta estancia en Liberia, país africano instaurado para que los antiguos esclavos estadounidenses regresaran al África.

Sus canciones hicieron historia. “Four Women”, del disco “Wild Is the Wind” (1966), retrata a cuatro mujeres negras que simbolizan la humillación y violación de su libertad, pero también la valentía y el ímpetu que no se rinden ante los insultos de los inconscientes.

Su activismo fue principalmente por los derechos civiles de la gente afroamericana, mismos que se asemejan a los tabúes impuestos a las mujeres de diferentes razas y clases sociales en décadas pasadas: no tener voto, carecer de un trabajo bien remunerado y ser juzgadas duramente por decidir sobre su sexualidad y su reproducción.


Tres mujeres, diversos caminos

Janis Joplin, Tina Turner y Nina Simone tienen en común la soledad, la tristeza y la insatisfacción ante estándares impuestos, cuando en el lado profesional llenaban recintos, sin que ello les diera tranquilidad emocional.

Las tres rompieron reglas y estereotipos, se atrevieron a hacer más de lo que se esperaba de ellas, por lo que hasta nuestros días son admiradas como mujeres que han ayudado con su talento y activismo, voluntario e involuntario, al avance de una convivencia más equitativa entre hombres y mujeres.

Hoy todavía miles de mujeres vivimos el hartazgo que producen la desigualdad de género, la rabia por no alcanzar igualdad de derechos laborales, políticos y sexuales y, en el mismo contexto, se defiende la liberación emocional de los hombres, para que no sean tratados únicamente como proveedores caseros.

Ya nos acostumbramos a decir que una artista, científica o deportista es “pionera”. Es tiempo de acostumbrarnos a tener obligaciones y cargos igual de relevantes a los que tienen los varones. En este camino, crear un mensaje de equidad por medio de la música puede seguir aportando. El sendero aún es largo.

 

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Publicado en: Reportajes