Silva de Alegría, hacer música por amor

Nació rodeado por la música y, no obstante, su acercamiento a ésta fue tardío, entrado en la adolescencia. Silva de Alegría es un joven compositor-multinstrumentista-cantante, talentoso para tocar el banjo, la guitarra, los teclados, incluso la batería, pero que se considera a sí mismo guitarrista.

Algunos lo conocerán porque en 2006, con Furland, su primera agrupación, editó el EP A casa voy y tres años después apareció el álbum Historia de la luz, trabajo de sicodelia luminosa, briznas de folk y optimismo desbordante. Sin embargo, un año antes editó una primera obra en solitario titulada Sueños de creación masiva (2008), en la que incluyó un par de temas que posteriormente formaron parte del álbum debut de su grupo.

“Tardamos mucho en grabar y sacar Historia de la luz. Estaba compuesto en su totalidad desde 2007, pero estábamos buscando disquera, productor; en ese lapso me dije que quería seguir creando y produciendo, entonces algunas de esas canciones que posteriormente aparecieron en Historia de la luz, las grabé para ese primer EP”.

Furland lanzaría Cuervos, en 2014, para luego desaparecer; pero antes, en 2012, nació Silva de Alegría. Cuenta: “En las épocas de MySpace, armé mi propio sitio para soltar mis composiciones alternas y fue entonces que empecé a tomar más en serio mi proyecto solista. Fue cuando comencé a presentarme en vivo, hice el EP Geografía nacional (2012) y allí decidí que era un proyecto serio y no alterno”.

Fotografías: cortesía Silva de Alegría

Si bien Silva de Alegría nació hace ocho años, hay un gran trabajo a cuestas, tanto en calidad como en volumen. Luego de Sueños de creación masiva, encontramos dos discos EP más: Bosques, praderas y pantanos y Campo de pruebas, ambos de 2008. En ellos se perfilan las líneas del futuro a seguir: música llena de luz, con un pie en la sicodelia ligera, con algo de folk, pop e incluso resabios de rock progresivo; canciones que no siempre respetan la estructura tradicional y en las que abundan los pasajes sin voz, discos completamente instrumentales con una “prueba” ocasional para el escucha, un cebo que le propone ir más allá, como en “Día de campo” (incluido en Sueños de creación masiva), tema en el que los dos últimos minutos están perlados de sonidos ambientales. “Siempre he tenido, como capricho quizá, salirme un poco de lo convencional. Mis canciones, aunque son pop en estructura y letras, me gusta que incluyan algo que te llame la atención, que te lleve a algo distinto. A lo largo de mi discografía, hay instantes como ese en el cual si alguien se anima a escucharlo sin adelantarlo, verá que es un buen momento para relajarse, para disfrutar los sonidos sin preocuparse por lo que va a pasar”, señala.

La música de Silva de Alegría es una puerta de entrada a otros mundos. Es un inconforme con el entorno que le ha tocado habitar y cada una de sus composiciones es como un cuadro de un universo más amable, utópico. Es ya una obra vasta en la que también hay cabida para un álbum conceptual como Primavera en la guerra del sonido (2019, que comienza con la lectura de un texto de Francisco Colmenero, conocido por poner su voz al servicio de las películas de Disney), pero que al mismo tiempo funciona como una declaración de principios. Dice el compositor: “Ese disco lo tenía en mi imaginación desde hace diez años, tenía la idea de que este narrador comenzara el álbum y sí es una declaración de principios porque con todo y que es muy imaginativo, como de ciencia ficción, por así decirlo, habla de mi amor y mi relación con la música, con los sonidos y es como un mundo todo hecho de instrumentos musicales y en el que me gustaría vivir. No fue tan narrativo como lo imaginaba al principio, pero creo que los sonidos y las canciones te proyectan un imaginario. Es el disco conceptual que siempre quise escribir en lo que llevo de mi carrera”.

El silencio de la tierra (2015) es el primer álbum de Silva de Alegría y Silva de Alegría (2017) es el único existente en formato físico e incluye algunos cortes aparecidos previamente, a la manera de un best of. Hay también en su discografía, decíamos atrás, trabajos puramente instrumentales, como Música de la crónica del pájaro que da cuerda al mundo (2012) y Banana Orchestra (2013), lo cual también habla en favor de este hacedor de canciones que, al momento de transmitir su mensaje, no se ciñe únicamente a la palabra. Dice: “La música instrumental es algo que ha sido parte de mi vida desde siempre. Lo primero que escuché de niño fue Vangelis y ahora es muy raro escuchar música instrumental en las estaciones comerciales de la radio.   Banana Orchestra era un proyecto alterno a Furland que quería presentar en vivo con cuerdas y metales, pero un día decidí sacarlas con mis medios y por eso edité lo que es para mí un pequeño soundtrack; el otro fue una colección de piezas más experimentales, pero quería compartirlas para que la gente supiera lo que abarca Silva de Alegría para mí, desde canciones y discos conceptuales, hasta música instrumental. Siempre me ha gustado que haya una línea muy delgada entre mis canciones y mi obra instrumental. De hecho, la mayoría de mis canciones cuenta con partes instrumentales bastante largas; la única diferencia es que unas tienen letras y otras no. Soy muy caprichoso con mi música, no estoy peleado con que la gente escuche una sola canción, pero también me gusta el disco completo y la estructura convencional de un elepé. Me gusta combinar, darle a la gente lo que le gusta y de pronto hacer una canción de diez o veinte minutos. Obviamente le va mejor a las canciones tradicionales, pero me gusta que la gente siga enterándose de que sigo haciendo música por amor y no nada más por apelar a una mayor cantidad de personas”.

Uno de esos caprichos, muy disfrutables, es “El silencio del HMS Beagle” (el HMS Beagle fue el bergantín en el cual viajó Charles Darwin y que lo llevó a la formulación de su teoría de la evolución de las especies), composición incluida en El silencio en la tierra (2015), más de quince minutos en los cuales folk, sicodelia y hasta algo de rock progresivo se trenzan para crear una mini sinfonía. “Es una pieza instrumental que básicamente es un loop de 15-30 segundos y que bien se pudo haber quedado en una idea sencilla; pero cuando hice ese pequeño fragmento, lo puse en loop para ver si me llevaba a algo distinto. Lo escuchaba durante media hora y no me llevaba a nada, pero me encantaba como se quedaba allí, como un efecto de trance, por eso decidí ponerlo al final, como si fueran los créditos de una película, pero eternos. Ese track dura casi la mitad del disco”.

Silva de Alegría puso a circular durante la pandemia El banjo en llamas, un nuevo EP, canciones desnudas, de parca instrumentación (percusión, banjo, armónica). ¿Qué hay en las cuerdas del banjo que tanto lo fascinan? Señala: “De entrada es de los primeros instrumentos que relacioné visualmente con un paisaje. Desde niño que veía una caricatura y sacaban el banjo era como un pantano, junto a un río, una zarigüeya tocando en el árbol, entonces fue un instrumento que me llamó desde el principio, porque te remite a un paisaje, a una época. Hay una película que se llama O Brother, Where Art Thou? [Joel y Ethan Coen, 2000] y allí hay mucho de eso: el banjo, guitarras acústicas; es un instrumento que me enamoró y desde que conseguí uno me inspiró para hacer música.   Muchas de las canciones de Furland y de Silva de Alegría surgieron en el banjo, ahora en la pandemia estuve haciendo conciertos por streaming y se me hizo curioso hacer algo distinto e hice algunos con puro banjo y se me ocurrió grabar este EP con algunas canciones más viejas y otras nuevas, a puro banjo y voz”.

Cuando el mundo es hostil, negro, y se torna amenazante, la música de Silva de Alegría representa uno de los mejores revulsivos contra ello. Es tanta la luz que se desprende de ella que, a veces, ciega, encandila. Sí, como en los dibujos animados, los cuales fueron decisivos en la formación del compositor: “Más que las caricaturas como algo visual, la música infantil fue mi primer acercamiento a la música. En mi casa se escuchaba mucho a Cri Cri y hasta la fecha lo escucho bastante. Siento que la música infantil logra eso: la creación de imágenes con música. Son canciones que –por la instrumentación, los sonidos, la armonía– te cuentan una historia, un paisaje, un personaje. Tiene mucho que ver eso en mi forma de crear”, concluye.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Entrevista