Eduardo Mariné
Es el tecladista de Tangerine Circus, pero sus inquietudes lo llevaron a estrenar en 2017 Synesthesia, un álbum de composiciones para piano solo. ¿La razón? Luego de grabar Urania y The Conspiracy Chronicles, Mariné quería explorar sus raíces clásicas y su amor por la música de cine. “Sinestesia es el proceso neurológico de ver los sonidos, por lo que me inspiré en el trabajo de Alexander Scriabin u Olivier Messiaen para desarrollar un esquema de armonía que correspondiera a la teoría del color”, dice.
Un año después lanzó Chroma, música basada en el color que explora otros estilos, desde el progresivo, hasta la new age y la electroacústica. Como otros de sus colegas, en la pandemia el pianista se puso a trabajar y ahora nos comparte un par de álbumes: The Edge of Silence y Memento mori.
El primero es breve, más un EP en el que la música es cinemática, de tonos ambientales y “Forever Here”, el track inicial, funciona como una intro que da pie a “Our Time”, corte a piano solo en su entrada y al que se le unen otros instrumentos para generar un tono triste, a medio camino entre lo ambiental y lo clásico, con ciertos tonos de new age (“Swang Song”) que si bien en sus comienzos fue un género que derivó en lo excesivamente azucarado, en tiempos recientes ha sido objeto de una revalorización y reconceptualización.

Fotografía: cortesía de Eduardo Mariné
“A Quiet Darkness” mantiene ese tono de sugerir imágenes, calmo, apacible, inmersivo, de crear paisajes y hacer sonar al silencio (“Silence”). Esa orilla del silencio es donde acaba el mundo conocido y comienza un nuevo paisaje, eso es lo que pinta y busca retratar Eduardo Mariné en este disco, sitios en los cuales habitan seres fantásticos (“Desiring Spirit”), encontramos evocaciones (“The Soul & the Dreamer”) y que cierra con un llamado a quien traerá la luz ( “Whoever Brings the Light”).
Memento mori, dice su autor, “seguirá esa misma línea, pero presenta un arreglo orquestal y electrónico mucho más denso y temático, un poco más oscuro pero igualmente melódico” (la obra ya se encuentra en. las plataformas de costumbre).
Concluye: “Se trata de música que, aunque forma parte del vocabulario composicional de Tangerine Circus y demás proyectos en los que me involucro, es algo completamente alejado del rock y que me permite explorar lados de mi musicalidad que de otra forma no sería posible”.
Planes para la edición física de ambas placas y una secuela al EP Chroma forman parte del año próximo.
Carlos Bolívar
Nuevamente fue la pandemia el disparador.
El siglo XX estaba por concluir y una agrupación llamada Pomex hacía sus primeros esfuerzos. Su guitarrista Carlos Bolívar se unió entonces a Orfeo, grupo instrumental (con excepción de un periodo en el cual contaron con la colaboración de Ricardo Lassala) que logró editar un álbum epónimo de “progresivo clavado, muy retro, pero con acercamientos al metal progresivo de esos tiempos”.
De 2004 a 2007, formó parte de La Orquesta de Animales y luego, durante una década, se integró a El Brujo, ese power trio que aún anda en el camino, banda de stoner mezclada con sicodelia e improvisación; sin embargo antes, en 2008, produjo un álbum de un proyecto al que tituló Canis Lupus (búsquese en bandcamp como Carlos Bolívar, para no errar) en el que buscó “desarrollar las influencias de lo que había escuchado en ese momento, sobre todo las influencias aspiracionales: el primer rock progresivo, el engendrado entre 1968 y 1974 (Canterbury, krautrock, inglés, nórdico). La otra influencia aspiracional era el rock pesado clásico de los mismos años: Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Black Sabbath, Cream”.

Imagen: cortesía de Carlos Bolívar
Ahora, Canis Lupus regresa con Hunting Season, una placa con otras aspiraciones. “El objetivo, tal vez todavía no logrado en este ejercicio, es conseguir una voz finalmente propia”. Probablemente la aspiración no se ha alcanzado del todo, pero la intención fue suficiente para construir ocho cortes-exploraciones en los cuales se explaya sin contención y en donde abundan los solos de guitarra. Música que se acerca a los territorios del space rock, travesías que por momentos se antojan infinitas y proponen adentrarse en una viaje mental en el que lo mismo encontramos un poco de blues que hard rock, fusión ambient y progresivo.
Dice Bolívar de Hunting season: “Aunque la etiqueta tal vez sea progresivo, no todo va al mismo lugar. Hay fusión de jazz tradicional con stoner rock, armonía romántica con sintetizadores y melotrones, grunge con Fibonacci y Bartok, world y kraut con impresionismo, southern rock con progre británico. Se lee pretencioso, pero es lo que usé. Como un aficionado de la cocina que compra ingredientes finos y los mezcla en su casa de la mejor forma que puede”.