1985 parece un año clave para el rock hecho en este país. Aunque las cosas se agitan poco a poco desde antes, es en ese momento cuando las semillas comienzan a florecer o al menos su presencia se hace más visible. Aunque la apertura mediática aún no se da totalmente, los signos de persecución han cedido y el subterráneo se abre a una multiplicidad de vertientes, entre ellas el techno pop.
Luego de la irrupción de Silueta Pálida, Syntoma y Casino Shanghai, la puerta se abrió para otras agrupaciones. Cuando los últimos se desintegraron, el tecladista Carlos Robledo formó Cou Cou Bazar con Alquimia, Carlos Alvarado (Q. E. P. D.), Lorenzo Lagrava y Alfonso Moctezuma, quien al mes abandonó el grupo y en su lugar entró Samir Menaceri, en ese momento también integrante de Interface (un corte homónimo de la agrupación quedó plasmado en Back Up. Expediente tecno pop 1980-89, At At Records, 2005).

Imágenes: Cortesía Los Agentes Secretos
Fue entonces que Robledo formó Los Agentes Secretos con Menaceri y Roxana Flores, quien era la otra mitad de Interface. Es ella quien cuenta: “Carlos tenía muchas canciones bailables en un estilo synth pop. Como él ya trabajaba con Samir, un día en el estudio de Cuautla (Col. Condesa) me pusieron la canción ‘Margarita’ y le puse la parte de las cuerdas, primero un cello y luego violines. Carlos en broma me llamaba Agente 99, por el programa de los sesenta que pasaban por la tele [El súper agente 86]. Nos gustaban los comics y los thrillers de suspenso; nos empezamos a vestir con gabardinas y con un look como de agentes secretos de películas de los cuarenta y cincuenta. Carlos tenía muchas historietas y quería integrar toda esa cultura pop en la música, con efectos y samplers de películas, caricaturas y series de televisión. Era todavía la época de la guerra fría, crecimos con la amenaza de la bomba y la posibilidad de una guerra nuclear”.
Aquello que era rumor (The Dragulas hicieron una versión del tema “Loco poco a poco” en Le pop dangereux vol. 5), hoy finalmente se materializa con la edición de Los Agentes Secretos (Subunda & Breakbeats), el único disco que grabó el grupo en vida, pero que por diferentes motivos había permanecido enlatado.
Grabado entre 1987 y 1988, el registro es un retrato fiel de su momento, una placa que por momentos presenta unas letras que ahora resultan ingenuas, pero que hacían eco de las preocupaciones del momento: el amor (“Esa chica”), la diversión (“Baila, baila”, “C.I.A.”) y se daba espacio para el humor negro y hasta trágico (“Margarita”) y para retratar los vaivenes políticos de la época (“Contacto en Tokyo”, “El Kodak traidor”).
Carlos Robledo, quien cantó en la mayoría de los temas, cuenta que en aquel 1987 “el ambiente era menos hostil que al principio de la década y el rock en español comenzaba a estar en su apogeo”. Además de diversión, también había espacio para ciertos devaneos con la experimentación. Cuenta Roxana: “Nos encantaban los films noirs. Masos [Roxana, Samir y Vicente Rojo] seguía en paralelo y llegamos a tocar juntos en un par de ocasiones. Además, Antonio Russek tocaba su saxofón al principio y una vez tocamos en una discoteca en El Oro, Estado de México, lástima que no lo grabamos porque su sax le daba un toque jazzístico y muy de Hollywood”.

Walter Schmidt, quien fuera compañero de grupo de Robledo, recuerda que “cada concierto de Los Agentes Secretos era diferente. Charly hacía un performance para cada ocasión, un poco de teatro, y sus canciones originales eran una propuesta inesperada. Musicalmente había cosas que te remitían a Interface o Casino Shanghai, pero fue la voz de Charly la que lo hizo diferente a los antes mencionados”.
Carlos Robledo concluye: “Los Agentes Secretos fue una oportunidad de mostrarme como cantante y un testimonio de lo que componía en esos años”.