El nuevo día de Thes Siniestros

Guarda Thes Siniestros una visión dramatúrgica de la vida. Sus discos, en ocasiones narrativos, pueden descubrirse como un “resplandor infuso”, como le gustaba decir a Santa Teresa o, si se quiere, como un “crowned knot of fire” (nudo coronado de fuego). La música de rock como el místico centro de la percepción, un puente al subconsciente, un camino que el espíritu escucha alcanza en desprendimiento y libertad. Thes Siniestros se siente movido a borrar toda frontera entre vida, muerte y música.

Desde la Plata, Argentina, entrevistamos a Juan Irio a nombre de los tres integrantes de Thes Siniestros (Juan Irio, bajo, ukelele y voz; Martín Remiro, guitarra, piano y voz; Flavio Marianetti, batería, voz y aullidos), agrupación que se encuentra en la promoción de Está naciendo el nuevo día (2020), su más reciente álbum en estudio.

¿Cuáles son los recuerdos de la niñez que más permean en su música?
A medida que crecemos y tomamos conciencia de la muerte, pareciera que buscamos respuestas que nos aferren a la vida, respuestas que tal vez están escondidas en la memoria de nuestra juventud menospreciada, cuando la teníamos, y añorada ahora. No somos niños, superamos los treinta largamente y pensamos en eso. La infancia inevitablemente permea. Al comienzo Thes Siniestros era como un juego, niños que se disfrazaban. Ahora, tratamos de entender cómo burlar a la muerte. Hay una canción en Los últimos días, nuestro disco dedicado al paso del tiempo, que habla exactamente de esto que estamos hablando ahora. Los carnavales, la risa eterna, la noche de juerga, el futuro sin fin.

El artista quiere crear su mentira y establece su verdad, decía Ramón Gómez de la Serna, ¿cuál es la verdad de Thes Siniestros?
La obra es verdadera. Es lo que surge de tres amigos que se juntan a disfrutar haciendo música. Siempre fue un proyecto sincero, no hubo importación ni mayor misterio. Ni siquiera cuando pensábamos en cómo hacer para conseguir más oyentes desatendimos la honestidad artística. Eso es lo más valioso que tuvimos siempre.

¿Hacer música es un acto de supervivencia?
Sí. Todo lo que hacemos desde que nacemos lo es. Y al mismo tiempo es todo lo contrario, porque nos atrevemos a coquetear con la muerte; si no, sería bastante aburrido y hasta desesperante. Es parte del pacto que uno toma consigo mismo. Al tocar olvidamos un poco que hemos venido a morir.

¿Todos los escuchas de música somos niños de diez años?
Bueno, dicen que uno hace música en la infancia y adolescencia y después simplemente repite esas melodías cambiando ligeramente las notas de lugar. Los músicos y los oyentes somos entonces niños de diez años que a veces simulan ser adultos melómanos. Mientras crecemos, abandonamos esa inocencia de los juegos y la música es un juego, el más hermoso. De algún modo permanece en nosotros como un juego, aunque hablemos académicamente de ella.

¿Llega un momento en el que aspiramos a componer algo peor?
Siempre tememos eso. Por fortuna, también aspiramos a mejorarlo. Y lo logramos, creo.

¿De qué manera la música –como arte útil–, ayuda a las personas?
Te abre universos que no conocías, te inspira y te incita a tomar decisiones que no tomarías de no tener inspiración. A mí, escuchar música me salvó días enteros. Y si nos pusiéramos más académicos en esto, también. Basta con ver lo que sucede con los pacientes con Alzheimer cuando escuchan viejas canciones de su adolescencia. Vuelven a la vida.

Fotografía: cortesía de Thes Siniestros

¿Si es que hay un hilo conductor entre sus discos, cuál sería?
La soledad, las miserias del hombre y el amor. Si bien nuestros discos son diferentes entre sí y cada uno construye su propio concepto único, en todos ellos están presente esas tres cosas. Y creo que están presentes en todas las obras de arte también.

¿Cómo fue su noche oscura del alma?
En 2013, cuando pusimos pausa. Necesitábamos frenar a la banda y repensar. Fue nuestro momento más oscuro, en medio de nuestro momento más creativo. Interrumpimos una amistad y con ella al grupo. Pero la amistad floreció nuevamente.

¿Cuál es la verdadera esencia de Thes Siniestros?
Creo que es una propuesta distinta. Suena distinta disco a disco y siempre suena a Thes Siniestros. Aunque es otra la canción, siempre es el mismo cantor. No creo que otros grupos tengan eso tan fácilmente, la mutación como herramienta. Y doy gracias por haber encontrado con mis compañeros una buena excusa para mutar sin perder la esencia.

¿Qué demonios o egos se ocultaban detrás de las máscaras que usaban?
Teníamos la idea de que saber quiénes tocaban predisponía al oyente. Veníamos de otros grupos y no queríamos ser reconocidos como nosotros, sino como verdaderos desconocidos. Ocultábamos el ego, precisamente.

¿De dónde surge la idea y el fondo, como disco conceptual y opera rock, de aquél Campos de Satán (2009) que ustedes definieron como “anfetamínico y lisérgico”?
Nos fascinaba la idea de adaptar el Fausto a un western criollo. Una especie de Nazareno Cruz y el lobo, pero con especias chicanas. Fue un poco en chiste y terminó siendo una obra obsesiva, larga en algún punto, pero que disfrutamos mucho, porque recorrimos Argentina, Chile, Uruguay y Brasil para presentarla.

¿Se encontraron a sí mismos al despojarse de las máscaras o surgieron otras?
Necesitábamos sacarnos las máscaras para hablar de nosotros mismos. No era justo que hiciéramos canciones autorreferenciales con máscaras. Por eso quisimos sacarlas. Nos costó mucho, porque el público no aceptaba esa traición. Pero de eso se trata.

¿Qué representa para ustedes Jack Kerouac?
Un iluminado que nos dejó una obra hermosa. Un paria que por suerte tuvo un don y nosotros aprovechamos para hacer tal vez nuestro mejor disco: Dorado y eterno.

¿Thes Siniestros también le canta a la soledad?
Creo que tiene que ver con esas tres cosas de las que te hablaba recién. En Los últimos días o en su continuación, Está naciendo el nuevo día, hablamos una y otra vez de la soledad y de las casas vacías. El ser humano se la pasa abandonando la tranquilidad y seguridad del vientre materno. Y destruyéndo lo que ama. ¿De qué otra cosa vamos a hablar?

¿Por qué el silencio de seis largos años?
Curación. Tuvimos otros proyectos. Yo formé El Estrellero, Marto y Flav formaron Peruano y luego Los Años Rojos. Y un día nos topamos de nuevo y volvimos al ruedo. Curación fenomenal.

¿Qué autores los ayudaron a conformar Está naciendo el nuevo día y bajo qué condiciones se grabó?
Se grabó entre Berlín y La Plata, producto de la pandemia y porque Flav vive en Alemania hace dos años y sí o sí teníamos que ser los tres. Es una obra inspirada en la idea de que después del caos hay oportunidades y por eso tiene toda la carga emotiva del reencuentro en ella. No es nuestro disco más literario, aunque su lírica sí es rica. Tal vez nos haya inspirado por primera vez nuestra propia historia de desencuentro.

¿Por qué se decidieron por la ciudad de Berlin (Estudio Félix Kaspar) para grabarlo?
Como te digo, ahí es donde vive Flavio y fue la única alternativa que manejamos cuando todo se complicó a nivel mundial. Pero hacer un disco a distancia fue una experiencia maravillosa, con videollamadas y casi sin ensayos. Algo vivía en nuestra memoria que no necesitamos mucho para ponernos de acuerdo enseguida.

¿Cómo es ser co-producidos por Juan Ponce Abraham?
Es un amigo, así que es fácil dejarlo tomar decisiones. Y necesitábamos un cuarto Siniestro que nos pusiera límites y explotara eso que a la distancia era difícil hacerlo los tres.

¿Qué nos depara el “fin” de la pandemia?
¡Un nuevo día, no hay otra!

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Publicado en: Entrevista