Memorias de un melómano sarnoso
Los (nuevos) 500 mejores discos de Rolling Stone

Gran polémica ha suscitado en varias partes del planeta la nueva lista, renovada y pasteurizada, de los 500 más grandes álbumes de la historia, publicada por la legendaria aunque decaída y cada vez menos referencial revista estadounidense Rolling Stone.

Como se sabe, en 2003 la publicación fundada por Jann Wenner dio a conocer la primera lista de The 500 Greatest Albums of All Time, misma que fue actualizada en 2012. Ahora, en pleno año de pandemia viral y de gran crisis económica, política, social y cultural, la revista decidió publicar un nuevo listado que cuando menos ha resultado discutible y controversial.

Toda lista de “lo mejor” es subjetiva por necesidad, así sea elaborada por 300 personas, como es el caso de la que acaba de aparecer. A decir de Rolling Stone, para hacerla se recurrió a poco más de 300 personas, entre músicos, productores, críticos, programadores de radio y ejecutivos de la industria disquera. Entre los nombres de quienes colaboraron, cada uno con sus 50 discos favoritos, están estrellas de la música pop como Beyoncé, Taylor Swift y Billie Eilish, al igual que rockeros veteranos como Adam Clayton, The Edge (ambos de U2), Gene Simmons (Kiss) y Stevie Nicks (Fleetwood Mac), lo mismo que raperos como Raekwon de The Wu-Tang Clan. Una lista variopinta que parecería ser incluyente y democrática, pero que a mi modo de ver trajo como resultado una mezcla  cuando menos confusa y desconcertante.

Uno puede entender que, como afirma la propia Rolling Stone, los tiempos cambian y con ello cambian también los gustos; que han surgido nuevos géneros y que la historia de la música tiene que ser constantemente reescrita. Sin embargo, pienso que precisamente por ello habría que dividir la lista por géneros y no hacer con ellos un caldo espeso, lleno de ingredientes que no combinan y que dan como resultado un platillo de sabor acedo y olor repelente.

Si mal no recuerdo, la lista de 2002 era básicamente una lista de álbumes de rock. Pero como dieciocho años después los tiempos han cambiado y los gustos se han vuelto eclécticos y dispersos, se recurrió al expediente de la inclusión forzada y de la insufrible corrección que domina a las buenas conciencias de hoy. Por eso se optó no tanto por la calidad musical de los discos, sino por su pertinencia política. Es claro que el criterio dominante fue el de la paridad de género (y no precisamente género musical) y de raza. Cuando en los Estados Unidos y buena parte del mundo occidental campean movimientos como el Black Live Matters y el neofeminismo extremo, además de la tendencia de muchos universitarios e intelectuales a la cancelación de quienes consideran indeseables por sus ideas, mi impresión es que quienes editan Rolling Stone no quisieron meterse en berenjenales y decidieron incluir muchos álbumes de mujeres y de artistas afroamericanos, algunos muy buenos, sin duda, pero otros que francamente huelen a oportunismo. Todo ello en detrimento de, como ya dije, la calidad musical.

Pero vayamos a la lista y revisémosla con detenimiento.

De golpe, lo primero que llama la atención son los tres primeros lugares. En el tercer puesto aparece Blue, de Joni Mitchelle. ¿En serio? Digo, nadie va a discutir el talento inconmensurable de la canadiense, pero si se trataba de poner el disco de una mujer (como parece la obvia intención), ¿es Blue mejor que el Tapestry de Carol King, el I Got Dem Ol’ Kozmic Blues Again Mama! de Janis Joplin o el Rid of Me de PJ Harvey, por mencionar tan sólo tres?

En el segundo lugar aparece el que a mi parecer es uno de los álbumes más sobrevalorados (y más aburridos) de la historia: Pet Sounds de los Beach Boys. Podría mencionar 50 discos mejores que este, incluidas obras de los Beatles, los Rolling Stones, los Who, los Kinks, Bob Dylan, Led Zeppelin, David Bowie y un largo etcétera. Sólo entiendo esa distinción como producto de un criterio muy gringo. Pet Sounds es un buen disco, no lo discuto, con dos o tres temas fantásticos, pero con algunas partes más que soporíferas (además de que la mejor canción grabada durante las sesiones del plato, “Good Vibrations”, no fue incluida en el mismo).

Pero, ¿qué disco es el más grandioso de toda la historia, a decir del concejo de notables convocado por Rolling Stone? “Hay que tener cuidado con Black Lives Matter”, se habrán dicho en la redacción de la revista y para apagar cualquier reacción incendiaria, el primer lugar tenía que ser para un artista afroamericano con un disco de crítica y conciencia sociopolítica. ¿Cuál más idóneo entonces que el What’s Going On de Marvin Gaye?

Me explico de nueva cuenta. What’s Going On es un trabajo discográfico de producción impecable, muy fino, con un par de cortes memorables. Pero en serio: ¿el mejor álbum de la historia? Vamos, ni siquiera considero que sea el mejor disco de música soul. Hay obras de Wilson Pickett, de Ray Charles, de James Brown, de Sam Cooke, de Nina Simone, de Sly and the Family Stone que lo superan. ¿Es mejor What’s Going On que el Otis Blue de Otis Redding o el I Never Loved a Man the Way I Love Youde Aretha Franklin, para sólo poner dos ejemplos? Me permito ponerlo en duda.

Por cierto, el cuarto lugar de la lista fue para Songs in the Key of Life de Stevie Wonder (otro músico afroamericano) y el quinto para Abbey Road de los Beatles (lo cual parece casi un premio de consolación, aun cuando este álbum sea, de calle, mucho mejor que los que ocupan los cuatro primeros lugares y sin ser necesariamente el mejor disco de los de Liverpool). Ah, en el lugar 6 está el Nevermind de Nirvana, lo cual no me parece mal, como tampoco discuto los sitios 7 y 9 para el Rumours de Fleetwood Mac y el Blood on the Tracks de Bob Dylan, respectivamente.

Largo sería detallar los 500 discos de la dispareja y en momentos absurda enumeración, pero hay varios detalles que vistos con humor resultan hasta chuscos. Como el hecho de poner en el número 10 a The Miseducation of Lauryn Hill, de Lauryn Hill, por encima del Revolver de los Beatles (lugar 11) y el London Calling de The Clash (lugar 16) o al My Beautiful Dark Twisted Fantasy de Kanye West en el lugar 17, arriba del Highway 61 Revisited de Bob Dylan (lugar 18) y el Kid A de Radiohead (lugar 20). O mandar al Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band beatlesco hasta el sitio 24, por debajo de los hip-hoperos To Pimp a Butterfly de Kendrick Lamar (19) y Ready to Die de The Notorious B.I.G. (22). Un pésimo chiste.

Y así prosigue el delirio a lo largo de los 500 álbumes. Voodoo de D’Angelo ocupa el sitial 28, por encima del “álbum blanco” de los Beatles (29) y del Kind of Blue de Miles Davis que ocupa el lugar 31 (por cierto, no entiendo por qué incluir discos de jazz en la lista; en ese caso, se debería añadir también álbumes de la mal llamada música clásica).

Lemonade de Beyonce (32) y Back to Black de Amy Winehouse (33) tienen mejor colocación que Rubber Soul de los Beatles (35), Blonde on Blonde de Bob Dylan (38), The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars de David Bowie (40), Let It Bleed de los Rolling Stones (41) y Ok Computer de Radiohead (42).

De ese modo, muchas obras maestras fueron enviadas al fondo del abismo (o de la lista). Algunos ejemplos con su sitio entre paréntesis: Electric Ladyland de Jimi Hendrix (53), The Dark Side of the Moon de Pink Floyd (55; sí, lo leyeron bien: 55), Led Zeppelin IV de Led Zeppelin (58 y es el más altamente calificado de los discos del Zepp que fueron tomados en cuenta), Harvest de Neil Young (72), Who’s Next de The Who (77 y lo tomo como ofensa personal), The Doors de The Doors (86), Master of Puppets de Metallica (97), Sticky Fingers de los Rolling Stones (104, por debajo del Red de Taylor Swift que ostenta el 99), Transformer de Lou Reed (109), Disintegration de The Cure (116), The Downward Spiral de Nine Inch Nails (122), Achtung Baby de U2 (124), A Night at the Opera de Queen (128), Dummy de Portishead (131, mientras que My Life, de Mary J. Blige presume el 126), Paranoid de Black Sabbath (139), Doolittle de Pixies (141), Born in the U.S.A. de Bruce Springsteen (142), Synchronicity de The Police (159), Ten de Pearl Jam (160), Disraeli Gears de Cream (170), Daydream Nation de Sonic Youth (171), Bridge Over Troubled Water de Simon & Garfunkel (172), Songs of Leonard Cohen de Leonard Cohen (195), Homogenic de Björk (202), Déjà Vu de Crosby, Stills, Nash and Young (220), Imagine de John Lennon (224), Layla and Other Assorted Love Songs de Derek and the Dominos (226), Blue Lines de Massive Attack (241), Pearl de Janis Joplin (259), Van Halen de Van Halen (292), So de Peter Gabriel (297), Closer de Joy Division (309), Abraxas de Santana (334, ¡por debajo de El mal querer de Rosalía, con su lugar 315!), Avalon de Roxy Music (336), Siamese Dream de The Smashing Pumpkins (341), Rain Dogs de Tom Waits (357), All Things Must Pass de George Harrison (368), The Kinks Are the Village Green Preservation Society de The Kinks (384), Brothers in Arms de Dire Straits (418, mientras que al When We All Fall Asleep, Where Do We Go? de Billie Eilish le otorgaron el sitio 397), How Will the Wolf Survive? de Los Lobos (431), Parklife de Blur (438), Close to the Edge de Yes (445), Elephant de The White Stripes (449, por debajo de —adivinen— ¡Bad Bunny y su plato X 100pre! que lleva el número 447 y está por encima de Surrealistic Pillow de Jefferson Airplane con su puesto 471, If You’re Feeling Sinister de Belle and Sebastian en el 481, The Stooges de The Stooges en el 488 y, aunque usted no lo crea, el Funeral de Arcade Fire que apenas alcanzó a colarse con el 500 final).

Se dirá que estoy juzgando la lista desde el prejuicio y la subjetividad y eso es completamente cierto. Toda lista es subjetiva y cada quien tiene la suya. En cuanto al prejuicio, el cual podría provenir de una cuestión generacional, resulta también muy factible. Pero creo que mi posición generacional (nací justo a la mitad de los años cincuenta del siglo pasado) me ha permitido conocer la música que se ha ido produciendo desde entonces y hacerme de un bagaje que me deja distinguir lo bueno de lo malo. De ahí mi alegato por la calidad musical, algo que evidentemente no constituyó el parámetro esencial de la lista de Rolling Stone, basada, ella sí, en el prejuicio social de una corrección política por demás evidente.

Pero en fin, esa es mi visión y por ello la publico en mi columna personal. La lista es una mala broma y una muestra de la lamentable incultura musical de nuestros días. ¿O de qué otra manera se puede explicar que no haya un solo disco de Frank Zappa en ella?

 

Hugo García Michel

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Publicado en: Columnas

2 comentarios en “Memorias de un melómano sarnoso
Los (nuevos) 500 mejores discos de Rolling Stone

  1. Excelente artículo, aparte yo agregaría la filia que la Rolling stone tiene hacia el rock progresivo, no vi nada de genesis, king crimson apenas coló un disco, fue un genero que musicalmente hablando aportó mucho al lenguaje musical, tambien vi poco de post punk y ni hablar de post rock. La verdad la lista es una mierda

  2. Pues EXCELENTE alegato de Hugo a favor de la buena música, del buen rock, del sentido común y del buen gusto. Por supuesto, cuando leí la lista, también me dí de topes en la pared. Reafirmo lo expuesto por Hugo: la maldita corrección política está estrechando en demasía no solo la creatividad artística en general, sino también está afectando la libertad de expresión. Ojalá y con el tiempo vengan mejores momentos y más libertad de creación.

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