La hebra tal vez no es suficientemente visible; pero si uno escarba, se le encuentra al poco tiempo. Es al empezar a jalarla cuando uno se da cuenta de la magnitud de la tarea. Tal vez, aunque apenas comenzamos, sería bueno abandonar semejante empresa o…
Lo cierto es que aquí hay una historia interesante, rica, con anécdotas, personajes, mitos y mucha necedad. Así que mejor hagamos una advertencia.
De lo que aquí vamos a hablar es apenas de un retazo de historia. Es una narración trompicada, a diferentes voces. Tampoco es exhaustiva. Para ello, necesitaríamos hurgar en periódicos, revistas y revisar una discografía que es más abundante de lo imaginado inicialmente.
¿Y qué es esto, te preguntarás, lector?
Es un apresurado recuento del blues en México, de su desarrollo y su situación actual en voz de algunos de sus exponentes y que nace luego de escuchar una recopilación llamada Cuántos años blues (Discos y Cintas Denver, 2020), dos volúmenes con el trabajo de Follaje, Castalia, Posiblues, Himber Ocampo, entre otras agrupaciones que detonaron preguntas: ¿quiénes hacen blues en México y por qué lo hacen? Si practicar rock es difícil, ¿qué lleva a estos hombres y mujeres a pegarle al canto, las guitarras, armónicas y ritmos lentos? Aunque claro, en el blues no sólo hay lentitud; en realidad, como en la vida, hay de todo.

Jorge García Ledesma, autor de El camino triste de una música. El blues en México y otros textos de blues (Ediciones La Cuadrilla de la Langosta, 2008) e integrante de Follaje, dice acerca de su elección por el blues: “Como todo en este lapso terrenal, las cosas se vienen apareciendo en un proceso largo y misterioso para definir el estilo musical que debes tomar en un momento dado de la vida. Seguramente escuché, después de la música norteña, algo de jazz por ser lo primero que llegó a México; más tarde mis hermanos y yo nos iniciamos en el rock de los sesenta y, encarrerado el tren, me fui directo al origen bluesero de las cosas. Una vez que lo escuché, de inmediato me cautivó y a partir de ahí lo elegí como lo que me daría el impulso para dedicar gran parte de mi existir; es un camino con muchas aristas que se va recorriendo con el aprendizaje preciso, macizo y continuo, una apropiación gozosa que no para y seguro me acompañará hasta el final”.
Himber Ocampo comenzó a hacer música en 1985, primero en el rock, donde formó parte de Ramsés, y luego como solista. Aproximadamente en el 2009, se volcó al blues y desde entonces trabaja en solitario o al frente de la Himber Ocampo Band y ha grabado un par de discos: El blues nuestro de cada día y Viaje al delta blues. Cuenta que al vivir en California se encontró con él: “Debo decir que allá mismo el blues no era (es) tan promovido como suele creerse.Tal vez el blues me buscó a mí, pero yo no lo quise en ese tiempo y después decidí participar y desarrollarme en el movimiento del blues en México de la mejor manera posible”.
Juan Luis Spíritu Labonne, guitarrista de San Luis Blues, señala: “El bues me eligió. Yo no sabía realmente qué era, pero había algo que me convocaba cuando escuchaba algún riff de guitarra de blues (que era blues lo supe después); algo me tocaba, sentía algo en lo profundo de mi ser. Llegué al blues por medio del rock, por una serie económica de discos en la que conocí a John Mayall y Savoy Brown”.
Su trayectoria habla de los tropiezos que padecen quienes se inician en este camino y más cuando comenzaron en los setenta. Su primera agrupación fue J. A. L. E. (Arturo Sánchez, batería; Lorenzo Partida, segunda guitarra; Efraín Espinozza bajo; y él en guitarra) y con ella grabó un primer cassette; luego pasó a Artillería, con el que también asentó una grabación. Con Cádaver Caliente grabó cuatro álbumes, mientras que con otras agrupaciones (Tigres del Blues y Cuervo y El Horla) nada logró dejar. “Es con San Luis Blues que le damos al blues con toda la intención de hacernos escuchar”, dice, agrupación con la que participa en el acoplado Cuántos años blues y que ha grabado el álbum Ni puro blues, ni blues puro. Mexican Blues in Spanish.
En el título de ese disco encontramos una de las claves de la vida de este género en México: el blues que se hace aquí no es puro, no nace en el Mississippi. De hecho, en México se accede a él a la inversa de cómo sucedió en Estados Unidos o Inglaterra. Mientras en el país del norte el blues fue una de las semillas que al germinar dio origen al rock and roll, aquí primero llegó éste, luego se le pasteurizó y fue a mediados de los sesenta cuando el blues hizo su aparición en lo que entonces era el Distrito Federal.
Dejemos a Jorge García Ledesma contarnos esta parte de la historia: “Fue en la vuelta de los sesenta, cuando las fronteras bullían con la gringada que bajaba a reventarse de lo lindo en los antros fronterizos: Reynosa, Tamaulipas; Tijuana, Baja California, y Ciudad Juárez, Chihuahua, principalmente, verdaderas zonas de tolerancia a donde llegó la música del blues y el R&B [rhythm and blues] antes que a cualquier lado de la república. Tenían las estaciones de radio que podían escucharse del otro lado y al mismo tiempo llegaban músicos de vez en cuando y palomeaban con las bandas en los antros nocturnos de las fronteras”.
En 1963, proveniente de Tijuana, llegó a la ahora Ciudad de México el guitarrista Javier Bátiz a ocupar el puesto de Johnny Laboriel en los Rebeldes del Rock, “lugar que no pudo cubrir ya que la cuerda que traía ‘El Brujo’ era más apegada a las raíces negras y no encajó en los grupos modositos del momento”. Bátiz introdujo el blues en la capital del país, mientras que en Guadalajara, Fachada de Piedra, Spiders, Chester Blues son considerados los iniciadores, “aunque no quienes habrán de desarrollarlo”, señala García Ledesma. A finales de la década, agrupaciones como Hangar Ambulante de Blues (“banda icónica del género”), Three Souls in My Mind, Árbol, Ginebra Fría, Vampiro Bues Band, Norma Valdez, Mayita Campos, Cosa Nostra y División del Norte aparecen en las marquesinas.
Himber Ocampo, quien también es autor de los libros Aire de blues y Haikúblues, coincide en señalar como un hito el arribo de Javier Bátiz a la capital del país y que en la década de los setenta surgen grupos más preparados como Briseño, pero se ven afectados por el síndrome de Avándaro. “En los ochenta –dice–, surgen Real de Catorce, Betsy Pecanins y Follaje, músicos más estudiosos del blues; pero se trata de logros particulares y no se genera un movimiento general”.
García Ledesma comenzó a hacer blues con Vampiro Blues Band, en 1973, pero a partir de 1981 formó Follaje, cuarteto próximo a cumplir 40 años y con el cual ha registrado 21 grabaciones, más colaboraciones con Vago, Javier Bátiz, San Luis Blues, Crystal Ship Band y Cecilia Toussaint, entre otros. Para él, una de las razones por las cuales el blues, no obstante ser fundamental para el desarrollo del rock y el jazz, ha tenido un desarrollo precario en nuestro país subyace en el contexto: “Primero: su característica principal es la del poco apoyo de autoridades culturales, empresarios y del mismo público que es muy conformista, poco solidario, cargado a los tributos de refritos extranjeros y nacionales. Segundo: debemos reconocer que son músicas (blues, jazz, rock) que hemos adoptado por ser gringas; por tanto, su crecimiento ha sido y es muy irregular. Tercero: falta de conocimiento de la tremenda cultura del blues-jazz-rock que casi pasa desapercibida tanto en músicos como en los oyentes, quienes sólo buscan pasar el rato y no se interesan por el carácter social de la música. Cuarto: los programas de las pocas escuelas dentro del rock y el jazz en donde, si acaso, le dan un semestre a la temática del blues. Es triste ver que dentro del desarrollo del rock y del jazz en México, nuestros músicos casi no conocen el género y por lo tanto no lo pueden interpretar. Es como querer correr sin haber aprendido a caminar”. Señalamiento lapidario, pero no por ello menos certero.
Para Himber Ocampo, esta pobreza tiene varias razones: “El precario conocimiento de los músicos sobre el blues y sus raíces; el poco compromiso para trabajar por y para el género, ya que no da para vivir; añejas agresiones gubernamentales sobre los géneros musicales ‘peligrosos’; nula promoción en medios de difusión de los materiales de los grupos de blues; pocos espacios decentes para tocarlo y problemas individuales y de grupo para el desarrollo musical del blues”.
No obstante, a pesar de los reveses, nuevas agrupaciones surgen.
Posiblues está integrado por Vinicio Beltrán Villegas (guitarra y voz), Manuel Rodríguez Corona (bajo y voz), Milthon Velázquez (guitarra) y Cristián González Carrillo (batería). Oriundos de Dolores Hidalgo, comenzaron a trabajar en 2010 y como la mayoría de las agrupaciones enfrentan problemas para difundir su trabajo: “Coincidimos con la mayoría en que gobiernos y medios se han enfocado a propiciar música y eventos que les dejan ganancias y hacen a un lado lo que a muchos nos interesa que es lo cultural y la originalidad”.
En cuanto a difusión se refiere, probablemente uno de los momentos “dorados” fue a fines de los años setenta y principios de los ochenta, cuando se llevaron a cabo los Festivales de Blues organizados por Raúl De la Rosa y que nos permitieron ver a grandes figuras del género. El mismo De la Rosa condujo un programa de radio dedicado a la música negra, pero el récord en cuanto a permanencia al aire le corresponde a Mario Compañet, quien tuvo a su cargo El blues inmortal durante 27 años (1986-2013) por las frecuencias de Radio UNAM.
En 2004 se abrió Ruta 61 como un lugar exclusivo para el blues, pero con el paso de los años, cuenta García Ledesma en El camino triste de una música, se inclinó a “un lugar de ambientación bluesera más que de blues en sí mismo, pero sí presentando, de vez en cuando, a los intérpretes del género, pero donde los propios músicos nacionales se ven excluidos y discriminados”.
Otro problema a enfrentar es el centralismo, como señala Posiblues: “En Dolores Hidalgo, escena como tal no hay. Hasta la fecha, sólo existe un grupo de blues en el municipio que somos nosotros y cada año se realiza el festival de blues allá nomás tras lomita, en conjunto con la comunidad rockera dolorense y la Casa de Cultura que han tenido mucho que ver para que el grupo siga desarrollándose y presentándose en diferentes lugares”.
Oriundo de Zacatecas, el también cuarteto Castalia (Luis Valenzuela, guitarra principal y voz; Alfredo Valenzuela, segunda guitarra y voz; Erick Castañeda, bajo; Martín Bandin, batería) se formó en 1987 y a la fecha han grabado tres discos y llegaron al blues “por influencia de su abuelo y tíos, ya que ellos tenían un grupo”, dice Luis Valenzuela, quien afirma que en Zacatecas “sí hay escena para el blues; no muchos grupos, pero sí hay con quien alternar”.
Para Spíritu Labonne “han sido pocas las propuestas dentro del blues en México. Muchos covers, mucho blues de Chicago, de Texas y de todo el mundo, en inglés; y en español pocas propuestas que yo conozca”. Para él, una forma de atraer a los jóvenes al blues es hacer “las rolas en español, para que entiendan lo que decimos. Que la gente disfrute, baile, cante la música sin necesidad de saber que es blues. La calidad técnica de los músicos ha mejorado y creo que estamos empezando una etapa de renacimiento del género”.
Himber Ocampo cree que llevar nuevo público al blues requiere “de mayor organización de los grupos de blues, que parece ser una misión imposible; mayor compromiso de estudio y trabajo hacia el blues de parte de las bandas; y elaborar programas con las instancias del gobierno para promoverlo. Otra misión casi imposible”.
Los nombres se agolpan en la memoria y aunque Mario Compañet señala que en el país “hay pocos grupos de blues y la mayoría tocan rock urbano y lo confunden”, se trata de una lista en donde podemos incluir a Chivo Azul, Años Blues, Callejón Azul, Sammy Boy, Dalia Negra, La Rambla, Ten Con Ten, Horacio Reni, por mencionar a unos pocos y que también han logrado asentar sus composiciones en una grabación, aunque en su libro Jorge García Ledesma hace un comentario demoledor: “[…] no se puede hablar siquiera de un disco completo que represente al género, hay una serie de piezas sueltas básicamente […] y que pudieran ser las rolas más representativas del blues mexicano”.
Una última pregunta surge: Si es tan difícil sobrevir, ya no vivir, del blues, ¿por qué seguir en la necia?
Posiblues afirma que “principalmente para mantener vivo y vigente algo que nos gusta hacer y consideramos parte esencial de nuestra vida. No sabemos si algún día se presenten todos los cambios que muchos esperamos y queremos, pero sí sabemos que si no hacemos algo, jamás se van a dar”.
En la respuesta de Spíritu Labone pervive un viejo idealismo: “Por necesidad. Por gusto. Por Placer. Por amor. Suena muy romántico, pero creo que muchos tocamos blues sin esperar nada a cambio”.
Luis Valenzuela, por su parte, señala: “La gente dejó de oírlo porque hay muy pocos programas de blues en la radio y mucha preferencia por los géneros nuevos que opacan nuestro blues; pero Castalia cree en su música y su blues, así que seguiremos en la necia”.
Himber Ocampo es optimista por el futuro: “Hay músicos y bandas que han dedicado toda una vida para tocar blues Sin recibir (con alguna excepción) alguna recompensa monetaria, social o de reconocimiento. Es el amor al blues y aferrarse a una forma de vida. Lo interesante es que desde hace algunos años se han generado algunos músicos y bandas más estudiosos y apegados al blues y parece asomarse un movimiento bluesero importante”.
Jorge García Ledesma concluye este apretado recorrido: “La dificultad del blues radica en su misma sencillez, la manera de interpretar y de sentir. En ese sentido, en nuestro país se tiene que redefinir lo realizado en más de 50 años dentro de estas tres músicas (blues, jazz y rock) y todos sus derivados. Tiene que replantearse el aprendizaje. Hay mucha tela de donde cortar para hacer las cosas de mejor manera y, como conclusión, podemos decir que el movimiento rockero, por así decirlo en general, es un reflejo de lo que sucede en la sociedad y de que no hemos crecido muy saludablemente que digamos; pero siempre existen la idea y la posibilidad de corregir las cosas y eso es lo que tenemos que hacer: saber de dónde venimos, trabajarlo con amor, con pasión y así después tomar el camino que la encrucijada nos pone para elegir. Se han escrito algunos libros. Hay unos ocho o diez programas de radio que lo van difundiendo. Las grabaciones han aumentado. Comienza a haber escuelas para el género. Hay nuevos y jóvenes intérpretes que empiezan a destacar aquí en la ciudad y en otros estados. Hay chavas cantándolo. No es ni ha sido un gran movimiento, pero ahora ya tiene su historia para contarse”.
David Cortés
El 11 de julio de 2013, aniversario virtual de la fundación de la ciudad de Tijuana, en la frontera noroeste mexicana, dio inicio un programa al que nombramos Blues & Jam Fronterizo Tijuana… El proyecto se inicia conmemorando el aniversario de esta ciudad, pero ademas exaltando un genero musical que fue adoptado por esta frontera desde las primeras décadas del Siglo XX, en los bares y cervecerías de la Av. Revolución o el Casino de Aguacaliente (que en su momento llega a ser el mejor del mundo entero y donde se gesta mucho del cine hollywoodense) y que llega a tener su momento culminante en el despegue del blues y el rock de los años 60’s (donde surge la figura de Javier Bátiz) y 70’s… Olga «Lola» Perez, Armando «Rocanroñero» Bravo y Fernando Quirós inician este movimiento que a la fecha sigue activo en diversos foros, a través de diferentes grupos y personajes que participan y siguen trabajando en esta corriente musical… Me permito compartir el link que a su vez comparte el musico y cineasta Francisco Victoria Ranfla: «Primera Parte del documental «Las Almas del Blues», realizado durante el Taller de Cine Documental en Centro Estatal de las Artes, Tijuana en el año de 2015″… https://www.youtube.com/watch?v=PDDde7VfMDs
En México existen grandes intérpretes y músicos de blues, desafortunadamente no cuentan con el apoyo para el impulso de esta música y no les a hecho justicia la revolución mexicana la falta de apoyo y foros para impulsar y promover a estos grandes músicos es un gran impedimento para todos estos grandes intérpretes de la música como dice la gran señora Cristina Pacheco aquí no tocó vivir donde son más grandes los intereses personales que de reconocimiento y apoyó