A Humberto Álvarez le asienta a la perfección la denominación de pionero. Cuando se mira en retrospectiva, cuando se escuchan algunos de los discos en los cuales se encuentran su teclado, su voz o sus composiciones, uno se percata no de la existencia de un trozo de historia, sino de las varias que pueden contarse desde su música, tanto personales como del rock mexicano.
Ya sea en Música y Contracultura, Sangre Asteka, Casino Shanghai o en solitario, así como en los diversos tracks dispersos firmados por La Freakarmónica o La Reata; en combos que nunca llegaron al estudio de grabación, como Grupo Misterio o Los Astekas del Norte, o agrupaciones de performance como Los Garrobos (nada que ver con la banda actual de hardcore-punk-metal), Broken Heart o Los Contentos de Sangolotello, hay una huella difícil de soslayar.

Fotografías: Rodrigo Lemus
Sin embargo, el pasado –incluso el reciente, pues hace un año lanzó el álbum Demos (Producciones Eklektiko) y a la tercera edición de Música y Contracultura 1980/1984 le añadió un corte en vivo– no es lo suyo. Aunque jamás se ha ostentado como visionario, a Álvarez le gusta mirar a futuro, encontrar oportunidades allí donde otros sólo ven el vacío.
Sí, Demos –esa colección en la que lo mismo topamos temas de Sangre Asteka (“yo lo llamé desde el principio rock mexicano, también le puse el nombre Sangre Asteka para que no quedara duda”) que canciones de MCC–, le permitió hacer una pausa para emprender un nuevo andar, una travesía iniciada hace unos meses.
Antes de que el Covid-19 nos enclaustrara, Álvarez presentó Polkas lokas, álbum firmado por Tonantzin, agrupación integrada por él en voz, acordeón y teclados; Donovan Herrera, batería; Armando Ramírez, guitarra y Daniel Soberanes, bajo y voz. Es un disco en el cual hay resabios de MCC y Sangre Asteka, rock progresivo, mexicanidad, rock progresivo con sonido mexicano (“El futuro”), tendencias folk progresivas (“Otoño”), inflexiones románticas –que no cursis– en “Incendio azul” (con la colaboración de Cecilia Toussaint), bolero minimalista (“Creo”, en realidad una oda al amor, casi a capella).
Su visión de la música mexicana (“son piezas influidas por la música norteña, la cual escucho desde la infancia porque mi padre componía también en ese estilo; lo mío siempre ha sido un estilo ecléctico para componer”) aparece en “Huapango swing”, pegajosa melodía con ligeros toques jazzísticos, “Polka Malinalco” (con las congas invitadas del Sr. González) y “Redova loka”. “Omasik mestli II” es una continuación del corte aparecido en Copil (1995) y esa tendencia electrónica, a medio camino entre el ambient y las sonoridades étnicas, se hará extensiva a “Teonanacatl”, ambos cortes en náhuatl.
Ahora Humberto Álvarez ha puesto en circulación Accord, una placa con música para acordeón, todas composiciones originales, algunas de ellas escritas para ser utilizadas como coreografías de danza. Hay que recordar que el músico es un precursor del uso de este instrumento en el contexto del rock en este país. Cuenta: “La primera vez que se usó un acordeón para hacer rock en México fue en agosto de 1986, cuando presenté mi proyecto Sangre Asteka en el Foro El Dinosaurio del Museo del Chopo. Canciones originales. En la guitarra estuvo Jesús González (Hi Fi Orchestra), en la batería Federico Luna, Mingo Nieto en el bajo y yo en voz y acordeón. No tengo información de si en otros países ya se había hecho algo similar”.

Accord es un trabajo completamente instrumental en el que hay ecos de música contemporánea, de concierto, toques de ambient, pero a pesar de ser una música amable, disfrutable, amigable al oído, no es sencilla. Habla de la vocación de su autor para encontrar esa mezcla entre los sonidos provenientes allende el Atlántico y los que, con esa influencia, se gestaron en nuestro país y que en buena medida han nutrido su trabajo, pues en él reconoce “influencia de la música popular mexicana, así como de la música antigua y el rock europeo”.
Además de poner a circular un libro de canciones y poemas cuyo título es Canto de luces, durante la cuarentena estrenó un álbum más llamado Tu luz, de carácter más experimental y contemporáneo, piezas instrumentales, dos con teclado y seis con acordeón. “No tengo alguna palabra para definirlo, pero está ligado a la idea del Renacimiento. Para mí la pandemia del Covid-19 significa una oportunidad de cambio, una nueva era que quiero aprovechar para el crecimiento espiritual, la creatividad y el servicio colectivo”, dice.
En él hay piezas muy visuales (“Bagoas”), otras con miras clásicas (“Renaissance”) y unas en una vena folk (“Inside”), como folk es también la avenida que pisa en su colaboración con el portugués Pedro Alsama en donde a un par de las canciones de éste añadió su acordeón.
Humberto Álvarez suele ausentarse de la escena por temporadas, guarda silencios que a uno se le antojan largos, eternos. En realidad, en ese momento su agenda de trabajo se carga y luego de esa ausencia que en realidad él dedica a la composición, ya sea al piano o al acordeón, nos hace llegar más temas. La suya es una obra regida por una idea en apariencia sencilla: “Yo trabajo por un arte espiritual contemporáneo. Mi propósito es compartir mi felicidad con la gente. Me dedico a hacer melodías. Ya sea con letra o instrumentales”, concluye este sanador que sabe de la potencialidad del universo sonoro como instrumento para aliviar las almas.
David Cortés