Cholopunk, un vato chilo

Al inicio de la década del 90, Ernesto Yáñez Carrillo, conocido también como Cholopunk o Neto, dio sus golpes primigenios a una batería, inaugurando así su primer grupo “Los Atrofiados”.

Su adolescencia fue divertida. Descubrió las baquetas para no soltarlas jamás, porque para él las percusiones representan el corazón de todo grupo. Golpear los platos y la tarola simboliza los latidos en su pecho: sin la batería, la vida no sería igual. 

Pero Cholopunk es diverso, trabaja diario como conserje en un jardín de niños y es cocinero bajo su marca personal, “Verylichux”, donde elabora de los más solicitados antojitos mexicanos del municipio de Mexicali, Baja California, donde vive.

Bajo una apariencia que podría confundirse con rudeza, es un lienzo andante con amplios tatuajes en los brazos y el cuello que retoman la cultura prehispánica mexicana: el calendario azteca, Quetzalcóatl, Nezahualcóyotl, Xochipilli, guerreros, jaguares, máscaras y flamas que emulan al guerrero azteca son obras grabadas en su piel. Está pensando “rayarse” también la cara, pero aún no lo ha hecho.

Fotografías: cortesía de Cholopunk

A simple golpe de vista, se nota su personalidad. En el brazo derecho tiene tres calaveras que significan su vida loca, aunque “más que loca, es divertida”, explica. En el cuello, la frase “Punkrock, mi vida está bien” refleja su pasión por este género que le ha regalado las mejores amistades y algunas profundas tristezas. El punk simplemente es su vida, porque lo motiva a crecer.

“Creo que voy a morir en esto, la verda no pienso dejarlo nunca”, dice.

Con esta aseveración, no cabe duda de sus convicciones: es punk, conserje y cocinero.

Comprometido con la música

La música está en todo su alrededor. En estos días de pandemia, siente frustración al no poder tocar y ni siquiera ensayar. Su batería está esperándolo en el estudio donde surgen las piezas del grupo Chelsea, uno de los tres en los que colabora, con el que vibra al son del ska punk ya hace más de quince años.

El grupo tiene un sonido definido, con la distorsión musical necesaria y el ingenio de sus letras. Sus temas provocan brincar, cantar, gritar y agitar la cabeza de lado a lado o en círculos; de lo que se trata es de soltar el cuerpo para descargar la energía y los Chelsea en general —y Cholopunk con su particular batería— lo logran.

Aunque ya tenían un estilo trazado en el género, hace algunos años y con la llegada de nuevos integrantes, decidieron que la línea lírica se profundizara y fuera orientada a la fuerza interior, el amor, la superación personal y algunas piezas destinadas a la crítica de la gente falsa.

“Cuando entré a la banda, grabamos el disco La Colorado River Gang. Teníamos las bases, pero todos los arreglos los hice yo. Es así como comencé a involucrarme en la producción”.

Lo que motiva a este hombre diverso respecto a la creación musical son los aplausos de su público: “Quienes estamos en la música, queremos en un principio ser famosos, que nuestra música suene en todo el mundo, pero en mi caso no: el pago es que la gente nos siga, nos escuche, es muy bonito saber y sentir que le gusta lo que hago”, explica.

https://www.youtube.com/watch?v=NsH1NjxmXY0

“Me gusta mi trabajo, lo quiero mucho”

En dos años Neto se jubila, acumulando tres décadas de la vocación de conserje. Es el trabajo que le otorga fluidez económica, porque en su caso la música no le deja mayor ingreso.

Neto entra a trabajar a las siete de la mañana y sale a las dos de la tarde (cuando no es época de confinamiento). Su horario lo divide en limpiar las áreas verdes y dar mantenimiento a la escuela y el salón de canto. Uno que otro minuto lo dedica a saludar a maestros y estudiantes.

Durante muchos años ha visto pasar a generaciones de niños que más adelante se encuentra en las calles convertidos en “personas de bien o lo contrario”, dice.

“Me gusta mi trabajo, lo quiero mucho. He conocido niños que ahora son licenciados o abogados, pero también veo que andan de malandrines. Cuando nos encontramos en la calle, es muy bonita esa sensación de que se acuerden de mí”, menciona.

Y también, es habitual que se tope con los padres de los ahora adultos.

“A veces me encuentro a papás de los niños y me dicen ‘me acuerdo cuando mi morrillo se pintó con plumón los brazos, porque quería ser como tú’. Me río a veces, ‘ahí te llevo con el ejemplo’, como decimos en Baja California”, comenta entre risas.

Pozole, costillas y garnachas

Neto es conocido en las calles de Mexicali (y otras ciudades) por su elegante sazón culinaria. Comenzó a cocinar para otras personas hace cuatro años, cuando en una fiesta decembrina de su grupo de amigos más cercanos, un invitado se impactó de forma plácida por el platillo que esa noche elaboró Neto/Cholopunk. Desde esa fecha no ha parado, cocina en su casa y entrega a domicilio.

De los manjares que ofrece cada semana deleita a los cachanillas (y nos deja con ganas a los que estamos lejos) con “quesabirrias”, atún sellado, pozole, menudo rojo y blanco, garnachas, tacos dorados, sopes, flautas, burritos de queso y chicharrón y su plato estrella: las cholostillas. Todos los platillos acompañados con su especial salsa macha “Hot Satán”.

Cholopunk/Neto sabe fusionar el amor por la música, por la cocina y por el trabajo diario. Lo motiva que las personas disfruten de su comida y su música.

“Cuando escuchas una canción o comes un platillo que te gusta mucho, te hace sentir feliz. Hacer dos cosas diferentes, cocinar y tocar la batería, me gusta. Me agrada que tengan ese efecto en las personas que a veces ni conozco, pero que les aporta esa misma satisfacción. Sé que a muchas de las personas que me compran les gusta mi música y mi comida, entonces les aporto doble felicidad”.

En los siguientes meses, desea ser anfitrión de un convivio musical/gastronómico, durante el cual elabore un platillo estelar y los invitados puedan ver a detalle el proceso. Empezar con lavar y cortar verduras, condimentar las carnes, posteriormente que disfruten el manjar al tiempo en que el baterista-conserje-cocinero desarrolla un espectáculo musical.

“La pandemia me sirvió para quitarme el miedo de vender comida. Ha funcionado despacito, sin avaricia, porque la avaricia es lo que chinga”, asegura el artista.

Sus tres pasiones descubren la creatividad de Cholopunk. Un vato chilo que vale la pena.

Instagram: cholopunkc.

 

Estefania Ibañez

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Publicado en: Reportajes