“Un juego peculiar”. Así definen Liz Ruvalcaba y Eliud Ernandes los comienzos de Cian. Ella ha vivido toda su vida de la voz y ese camino la ha llevado a formar parte del Coro del Estado de Jalisco y del Ensamble Coral Escolania Gregoriana, entre otros. Es fundadora del Colectivo Mistura, dedicado a la difusión de la obra de compositores mexicanos de música sacra y jazz, así como canto gregoriano y polifonía; en el ámbito de rock fue tecladista de Los No Humanos.
Él comenzó en la música a los cuatro años, tiene como instrumento base el bajo y sus correrías lo han llevado a integrarse al trío de jazz Caída Libre (con el cual lanzó el álbum Wait for the Rain en 2014), Koffé Tauk y a fundar Berthe Trépat, colectivo de música experimental cuyo disco Términos de viaje apareció hace siete años.
A fines de 2013, luego de un reto que les lanzara el músico poblano Jorge Alveláis para componer música original como ensamble, nació Cian como una entidad formal.

Fotografía: Paola González
“Posteriormente —señala el bajista— recibimos una invitación para participar en el Y2K International Live Looping Festival en Santa Cruz, California, el más importante en su género a nivel mundial. No podíamos rechazar una invitación así, pero hubiera sido poco acertado presentarnos representando a México con un repertorio de covers de rock y pop. Decidimos sentarnos a componer y hacer un arreglo para livelooping de dos temas del compositor jalisciense Blas Galindo. Esa invitación derivó en una gira por toda la costa oeste de los Estados Unidos, desde Seattle hasta Long Beach, y posteriormente San Antonio y Austin, Texas. A partir de ahí quedó definido el camino”.
La dupla trabaja con estructuras bien definidas. En su set la improvisación es mínima. Cada sonido que llega al looper está planeado, aunque ocasionalmente se toman ciertas libertades o finalmente deben claudicar y dejarse llevar por el azar cuando alguno de sus artilugios “decide no funcionar como estamos esperando”.
El motor de esta unión está en la canción “The Wind that Shakes the Barley”, interpretada por Dead Can Dance. Cuando decidieron juntarse a trabajar, Ruvalcaba sugirió esa composición para hacer una versión que luego integrarían a Sh… su primera producción. Dice Eliud “El texto es una belleza y las melodías de carácter modal siempre han ejercido una fuerte atracción sobre nosotros, así que no dudamos en abordarla. Sh… fue un trabajo muy lindo, con cierta inocencia y lleno de ilusión. Lo grabamos todo en casa, como una memoria de aquel viaje por Estados Unidos y al mismo tiempo de nuestro viaje personal descubriendo lo que podía ser Cian”.
Comenzaron a rodar y de esa primera participación en el livelooping pasaron a ser unos de sus principales instigadores. Hoy día, son las cabezas del Y2K en nuestro país, festival en el cual el requisito indispensable es que el músico realice su presentación construyendo loops en directo, sin cajas de ritmo, ni pistas o secuencias pregrabadas.

Fotografía: Paola González
“Iniciamos –comenta Ruvalcaba– el festival debido al impacto que tuvo en nosotros el encuentro en California. Queríamos que más músicos pudieran experimentar lo que habíamos vivido. Cuando le preguntamos a Rick Walker qué se necesitaría para llevarlo a cabo en México, su respuesta fue muy simple: ‘¡Háganlo!’. Iniciamos en 2016 sin idea de cómo hacerlo; hoy se lleva a cabo en cuatro sedes: Ciudad de México, Guanajuato, Guadalajara, Zapopan. Uno de sus objetivos principales es vincular la música y la cultura de diversas naciones y generar una comunidad internacional de artistas que colaboren, dialoguen y desarrollen nuevas formas de hacer música”.
En la versión 2019 participaron 40 artistas provenientes de diez países y Rick Walker, su fundador, ha señalado que el Y2K “es el festival de livelooping más profesional que he visto, en las más de cien muestras que han tenido lugar en 57 ciudades de 21 países alrededor del mundo”. No hay otro festival similar en Latinoamérica y además de conciertos se llevan a cabo talleres, clases magistrales y conferencias.
De esa relación con Walker nace Lunarcianum, una colaboración con “músicos que admiramos muchísimo de la vieja guardia californiana, miembros de The Lunar Asylum y C.T.U (Channel The Universe). Uno de sus líderes es Bill Austin quien es el ‘culpable’ de que Rick Walker, fundador del Y2K Loopfest, conociera nuestra música. Tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente durante aquella primera gira por Estados Unidos y grabar ese álbum al año siguiente. A uno de ellos, creo que fue Gary Rich, vibrafonista, se le ocurrió la idea de unir los nombres de las bandas para rotular los masters en que se grabó la sesión”.
El álbum mencionado es The Halloween Session, del que luego se editaría un segundo volumen, par de obras en las que queda plasmado un intenso viaje que explora los páramos de la electrónica, visita el minimalismo, se regodea en momentos por el krautrock, bebe del blues sicodélico, emplea la voz como un instrumento más y da cauce libre a la improvisación-experimentación y en donde el espíritu del jam está presente. “Montamos todos los instrumentos y una infinidad de pedales de efectos en la sala de la casa de Gary, durante el día de Halloween del 2015. Bill Austin estaba probando un pequeño equipo para grabar mientras Jeff Singh, el tecladista, comenzó a mostrarme unos sonidos nuevos de melotrón y algunos otros timbres. Cada uno se fue sumando sin pensarlo y al final grabamos más de cuatro horas de improvisación colectiva. Lo que se encuentra en ambos discos compactos es la selección que hizo Bill de todo ese tiempo. En 2018 nos volvimos a reunir y grabamos una segunda sesión que se encuentra únicamente en SoundCloud”.

Fotografía: Jaime Martín
Este año Cian lanzó Andén, un trabajo diferente, “no necesariamente en lo musical aunque sí en su concepto”. Es un viaje que comienza en “A06”. El dueto construye ambientes, atmósferas, echa mano de sampleos y a la voz de anuncio de partida, el tren comienza a avanzar (“Variaciones”); al ritmo del vagón se agrega el pulso del bajo que acoge la voz de Ruvalcaba que a lo largo del trayecto nos llevará con su garganta por una vena dream pop en la que sueño y realidad se intercambian constantemente. La dupla hace canciones sí, pero el soporte sonoro es tan atípico que la confluencia de lo extraño con lo familiar (la voz) ayuda a ese toque de irrealidad —¿sería exagerado decir “surrealidad”?— que gana énfasis cuando la guitarra nos transporta fuera de la tierra para permitir vernos desde ahí. En “Baruca” nos reciben delicadas notas de la guitarra, un bajo dolorido, sampleos (una voz que echa la lotería) y adquiere un matiz experimental en la parte media para conectarse, vía otro sampleo, con “Zaranda”, en la que la voz de Ruvalcaba nuevamente nos toma de la mano y lo mismo nos lleva por pasajes melódicos que usa su voz como instrumento.
“B08” es una transición, la escala del viaje, y cuando éste se reanuda, entramos en “Reversa”, un “juego entre sonidos que van al derecho y otros que están al ‘revés’. Hay muchos delays en reversa también a lo largo de todo el tema, incluso en las voces de fondo”, comenta Ernandes.
El disco cierra con “F26”, otra ambientación que marca el fin de la travesía que remata con una bella frase de Héctor Guzmán, un amigo de la banda: “A este andén llegan trenes que nunca se van. Jadean un poco junto a la vía y justo cuando abren sus puertas, mueren. Los pasajeros, siempre desconcertados por la misma cosa, se quedan en el andén. Ellos tampoco se van a ninguna parte”.
“Andén se grabó a lo largo de un tiempo prolongado, por lo que las canciones sufrieron una transformación muy fuerte desde su concepción hasta su conclusión. Algunas pistas se capturaron en una laptop y otras, así como las voces principales, en el estudio. Hay también grabaciones de campo hechas con nuestros teléfonos celulares, que de alguna forma ayudan a contar la historia de quiénes somos o hemos sido. Ciudades, gente, aeropuertos, trenes que han dado forma a las canciones y a nosotros mismos. Cian son paisajes sonoros, une elementos de jazz modal, rock progresivo, ambient y música contemporánea. Así como el cian se mezcla con otros colores para formar muchísimas combinaciones, nuestra música son pequeños elementos que se mezclan para obtener muchos sonidos”, concluye Ruvalcaba.
Cian recomienda: Steve Lawson, Bill Walker, Oscar Galoz, Mauricio Sotelo, Rare Faction.
David Cortés
Felicidades Liz y Eliud. El esfuerzo,el teson, la experiencia y dedicación, rinden frutos inevitablemente. Un reconocimiento bien merecido.
¡Muchísimas gracias por tus palabras, Luis! Abrazo enorme.