Duffy: un torrente de emociones profundas

El río me enseñó a escuchar;
de él lo aprenderás tú también.
Lo sabe todo este río;
de él puede aprenderse todo.
Mira, el agua también te ha enseñado
que es bueno tender hacia abajo,
hundirse, buscar las profundidades.
—Yibrán Jalil Yibrán

Es muy común escuchar que el pulmón de la Tierra es la selva tropical más grande del planeta conocida como Amazonia. Esta idea popular se sustenta en la creencia de que los más de 600 mil millones de árboles hallados en esa región septentrional de América del Sur absorben el dióxido de carbono contenido en el aire y lo convierten en oxigeno. Pero desde hace no más de dos décadas, los ambientalistas descubrieron que la cuestión no es tan simple: si el bosque tropical de esa área ocupa un papel determinante en la producción de oxigeno, se debe a que al mismo tiempo es un importante regulador de agua para todo el planeta.

El gigantesco bosque de la Amazonia no sólo es el hogar de miles de especies animales, sino también una gran máquina de evaporación. Es decir, los árboles se encargan de bombear agua subterránea desde sus raíces profundas hasta sus hojas, desde donde cada día lanzan miles de litros de vapor de agua a la atmósfera, debido a la energía solar que reciben. La acumulación de este vapor es empujada por los vientos atmosféricos dominantes; por ello, estos flujos masivos de nubes han sido nombrados por los especialistas como «ríos voladores». Su principal función radica en bombear humedad del interior del continente hacia los océanos y al precipitarse alimentar los ríos terrestres del planeta.

Se necesitaría de mucho tiempo libre y de condiciones climáticas adecuadas para poder observar los ríos de nubes que fluyen incesantemente en el cielo, elementos con los que no solemos contar en las grandes urbes ni siquiera para disfrutar de un día despejado. Quizá por ello no se tiene presente que aquellos fenómenos que mantienen con vida al planeta emergen desde lo más profundo de sus entrañas. Aquello que nutre nuestra existencia suelen ser las emociones más profundas que yacen concentradas en el subsuelo de nuestro ser. Sólo en determinados momentos de extremada felicidad o dolor logramos sustraerlas, convertirlas en palabras y dejar que se evaporen, conformando ríos de nubes que en cuanto se precipitan son capaces de mojar el alma de otras personas. Tal es el caso, de “Rivers in the Sky”, la más reciente composición de la cantante británica Aimee Anne Duffy.

Fotografía: José Goulão bajo licencia de Creative Commons.

Fotografía: José Goulão bajo licencia de Creative Commons.

Es probable que algunos escuchas muy jóvenes no hayan escuchado antes el nombre de Duffy o que, en primera instancia, piensen que se trata de una cantante debutante. Pero Duffy es una experimentada cantautora de soul que debutó en 2007, con el extraordinario tema “Mercy”. Además de poseer una asombrosa belleza, Duffy tiene un descomunal talento para escribir letras inteligentes y con feeling. En aquella década vendió cientos de miles de discos por toda Europa, al fascinar con su voz profunda e intensa. No sólo logró colocar “Warwick Avenue”, “Stepping Stone” o Rain on Your Parade” en el número uno de las listas de popularidad inglesas durante semanas, sino que su álbum Rockferry (Polydor, 2008) consiguió decenas de premios y el codiciado Grammy por “Mejor Álbum de Pop Vocal” en 2009.

¿Pero quién en plena cúspide de su carrera artística abandona los escenarios? ¿Por qué después de ganar uno de los premios más codiciados por los músicos, esta joven promesa desapareció del espectro público? ¿Qué pasó con una de las voces británicas más potentes que, sin lugar a duda, le hubiese hecho sombra a Amy Winehouse o hubiese opacado la multipremiada discografía de Adele?

Hace poco tiempo, Duffy reapareció y abrió una cuenta de Instagram. En ella declaró, el pasado mes de febrero, que su desaparición durante más de una década se debió a que fue secuestrada, drogada y violada durante varios meses. Aunque logró sobrevivir a esta terrible experiencia, a lo largo de muchos años vivió aterrada, escondiéndose de su victimario, mudándose de casa, encerrándose en sí misma, cargando con mucho dolor. Pasó mucho tiempo para que la cantante pudiese relatar lo sucedido y denunciar a su agresor. Tras su desgarradora confesión, pudieron emerger emociones que se volcaron en la maravillosa “Something Beautiful”, una canción que se estrenó durante el mes de marzo, únicamente por la BBC Radio 2 y que por desgracia aún no es de acceso libre en la red. Sin embargo, después de este sentido tema Duffy compartió en su cuenta de Instagram “Rivers in the Sky”, una delicada y hermosa balada que formará parte de su futura producción y con la que ella misma asegura que vendrán días mejores.

Recientemente se estrenó en Netflix la película 365 días, la cual desarrolla como temas principales el secuestro y el tráfico sexual, aunque de forma pretendidamente erótica. Debido a ello, Duffy ha escrito una inquietante carta a Reed Hastings, el CEO de Netflix, pidiendo que la exitosa productora use su influencia “de manera más responsable”. Ella explica que quiere que todos los que han visto 365 días reflexionen sobre la brutal verdad detrás de las escenas “románticas” representadas en la película, pues en el mundo hay miles de mujeres que sufren o pierden la vida a causa de esos delitos.

La portentosa voz de Duffy ahora resuena de otra manera en el espacio social, donde cientos de víctimas encuentran eco en sus palabras. Por ello “Rivers in the Sky” no nada más es una emotiva invitación para revalorar el talento de esta cantautora inglesa, sino también una oportunidad para conocer el desgarrador testimonio de una mujer que admirablemente pudo reponerse a los horrores del mundo. El tema se construye sobre un sencillo piano y la letra hace alusión al momento en el que el llanto sobreviene como un torrente de emociones cuando se está sola y aterrada en la oscuridad, momento en el que llega una presencia paciente y comprensiva que nos ayuda a comprender el dolor que trae consigo la existencia. Incluso podría considerarse que esa presencia amistosa es la propia persona en reconciliación consigo misma. Una catártica melodía que nos recuerda que a veces la belleza y la esperanza emergen después de las peores tormentas.

 

Yareni Torres Castillo

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Publicado en: Noticias