En la entrega pasada, hicimos un apretado recuento del trabajo de Julian Bonequi una vez que se trasladó a Barcelona, donde su obra comenzó a ser más conocida y a impactar más a la escena nacional, sin por ello dejar de abrirse un lugar en la escena de la improvisación, el arte sonoro y las nuevas tecnologías en Europa.
Aquí retomamos la charla, justo en el momento en el cual decide viajar a Berlín, ciudad en la que ahora reside, hasta llegar a Prólogo, su más reciente producción bajo el nombre de Teatro Holofrénico.

Fotografías: cortesía Julian Bonequi
¿Por qué Berlín?
Renuncié a mi trabajo de la Universidad en Barcelona en el Grupo de Tecnologías Interactivas para mudarme y dedicarme de lleno a hacer música. Era el 1 de Mayo de 2010, un día bien chingón para llegar. Celebraciones, demostraciones y protestas, pero sobre todo mucha actividad festiva y música por todos lados. Estuve viviendo y trabajando en NK, mi sala de conciertos favorita de experimentación de todos los tiempos –ya no existe como tal–, y justo fue ahí donde nació Audition Records ya en forma. Por eso es que publicamos y documentamos tanto de la escena berlinesa de aquélla década.
Es ahí donde el camino de lo sonoro más puramente hablando se me abrió de par en par. Porque de hecho comenzaría mi ruptura con la improvisación libre, como parte de un proceso de deconstrucción para desaprender mi manera de tocar como baterista y reinventarme como solista.
Háblame de Antagony, la ópera de cámara y realidad virtual. Al parecer es un trabajo revolucionario, ¿en qué consiste?
Más que revolucionario, me parece diferente y honesto en relación a la factura tanto sonora como de lo virtual en busca de formatos performativos. Antagonía fue mi primera pieza de realidad virtual y es un trabajo que se mantiene fuera de cualquier categoría, ya que su fuerza principal radica en lo orgánico y poético de su sencillez en el uso de la tecnología –bastante naïve–, como una mera herramienta que añade al acto de lo performático la emotividad y el sentimiento, cosa que se logró afortunadamente. Es como cantar con los ojos cerrados y que el público pueda ver mientras sueñas. La pieza la hice con la idea de presentarla tanto en vivo, como en exposiciones y sobre todo con la idea de que fuese un EP contemplativo VR para disfrutarse en casa. Así que para cuando toda la gente tenga dispositivos VR en casa, esta pieza ya será parte de la prehistoria de los videoclips musicales con duración de 20 minutos o de los primeros EP de realidad virtual de la era prepandemia, cosa que tristemente tendrá sentido dado que la pieza parte de una reflexión sobre los valores de la simulación con que se rige el mundo, la ironía y la ficción de la democracia y de lo que no funciona. La historia acontece en Marte, cuando el único habitante recibe la noticia del fin del mundo como última comunicación con la Tierra, por lo que decide acelerar el proceso de su investigación y salvar así el futuro de la humanidad mediante experimentos con cortezas vegetales y animales e infecciones en su piel, entre el nihilismo y los bordes del precipicio de la decepción posthumanista, donde la mística de lo vivo y su organicidad le recuerdan del fracaso de una sociedad plagada de constructos que nunca se corresponden en las acciones ni en la realidad.
Tu más reciente trabajo se llama Prólogo, ¿qué anticipa?
Todo mi trabajo, especialmente en los últimos cuatro años, ya sea realidad virtual u otras tecnologías o con música, tiene que ver con la escritura y unos textos qué comencé hace más de 30 años. Así que este Prólogo –como la pared deslavada con textos aún visibles de la foto– es documentación de mapas mentales de nuevas acciones o derivaciones a otras obras de mi autoría que se avecinan hacia atrás y hacia adelante, interconectándose en el tiempo narrativo. Como una máquina del tiempo donde nada es y todo evoluciona o se transforma. Se trata de una compilación de trabajos (2012-2020) que busca expandir el entendimiento de un texto que aparecerá en la segunda edición del libro Músicos en la Ciudad de México. ¿Cómo se conectan?
Mi texto lo podrán leer en su versión digital y en el libro físico, compilado por Zazil Collins y Todd Clouser. Se llama “Prólogo: partitura holofrénica” y habla de qué o quién es Holofrenia. Es una especie de manifiesto, a la vez que efectivamente una partitura de una activación en vivo en que guío a la audiencia (la primera conferencia holofrénica fue en el Centro de Cultura Digital, también en 2018) y al lector en este caso a escuchar y aprender a cantar en sueños. El disco está linkeado para que se entienda de qué hablo. Pasa lo mismo con la música. Me gusta escribir entre líneas y conectar narrativas así como dejar mensajes ocultos. Me dedico a contar historias. Muchas cosas puede que no queden claras en mis textos y que se expliquen con mayor claridad al escucharme cantar. Este disco se mueve en dos planos: hay composiciones que tienen un sonido “clásico”, “barroco” y la mayoría de las veces son diáfanas, luminosas; las otras tienden más hacia lo experimental, juegan con los sonidos, los acercan al ruido. Son universos muy contrastantes.
¿Por qué te gustan los extremos, qué hay en ellos?
Hay un tema de Guillaume de Machaut que me conmueve cada que lo escucho, al igual que al cantar con falsetto o trémolo se me eriza la piel y me transporta a una especie de no-lugar, retroalimentando todo el sistema nervioso y alterando la percepción de la realidad, hiperoxigenando los sentidos con una hermosísima nada indescriptible que me llena, a la vez que me libera del ser y la existencia. La división entre música y ruido para mí no existe en términos sonoros. Yo le llamaría gesto, no ruido. Ni siquiera considero que sean extremos, pero entiendo el punto entre el grito y la lamentación o el dolor y la melancolía y el sentimiento profundo del amor y que mientras uno canta relaja o estresa a la materia, lanzando pócimas y conjuros al sistema nervioso, con una especie de electroshocks y descargas sutiles que revisten lo corpóreo. Es desde ese temblor placentero –eléctrico– de estar vivo que lo que intento comunicar verdaderamente está más allá de cualquier extremo. El ser humano al cantar se convierte en una especie de antena que conecta.

¿Podrías desglosar track por track quiénes colaboran en el disco?
El disco abre con “Zero”, un dueto con la genial Mabe Frattti, grabado por Santi Rodríguez (Onda Mundial/Mutek). “Before the Words” es un experimento mapeando con sensores la electrónica y usando la batería como controlador de arreglos orquestales, grabado a finales de 2019, en la línea de mi trabajo más reciente con interfaces en tiempo real. “Ballad for Nothing” y “Only Lovers Left Alive” son versiones extendidas de extractos musicales incluidas en el diseño sonoro del radiodrama La muerte del Antropoceno, presentado en 2017 en el Festival CTM de Berlín. En “Only Lovers…”, cuento con unos acordes al piano de Tamara Dauenhauer como invitada. “A Body Defeated by Anarchy” fue grabado por Daniel Goldaracena (Bestia/Aural) y enviado al espacio al lado de otros artistas como Pierre Henry, Amanda Palmer, etcétera, incluidos en el Golden Record for the 21st Century en 2013, por el proyecto australiano Forever Now. “Brain Loves Conspiracy” es una de mis grabaciones en Bei Roy, una sala de conciertos en la que ensayaba y organizaba presentaciones en Berlín en 2012.
“Hay una línea” es la primera vez que canto una letra en español o en cualquier idioma y es un improvisación hecha con arpa de juguete amplificada, improvisando encima la letra. Y para cerrar, terminamos en trío de cuerdas con “The Great Invisible Spirit”, con Mabe Fratti y la excelente violinista Gibrana Cervantes de Vyctoria.
El disco está dedicado al recién fallecido Carlos Alvarado, ¿que te motivó a hacer esto?
Tanto él como su familia fueron muy generosos conmigo en mi juventud. El disco se conecta a mucha gente que amo. El concepto que inspira a su vez el porqué de esta compilación habla de eso, de la relación y el poder de la voz para sanar y reconectar con aquellos seres amados con los que no tuvimos la oportunidad de despedirnos en vida y de todas esas energías que nunca dejan de acompañarnos: el primer recuerdo de la conciencia, el amor recíproco, la otra humanidad y cómo quisiéramos irnos de este mundo llegado el momento.
Audition Records, tu sello, ha cumplido una década, ¿has conseguido los objetivos que te trazaste?
Ha sido más que satisfactorio. Organizamos un centenar de actividades entre Berlín y México, grabaciones en directo en Ex Teresa, temporadas de radio con Ruido a Ciegas en el Centro de Cultura Digital, algunos tours y residencias artísticas en la que fuera la casa estudio de Audition en México. Son más de 200 artistas nacionales e internacionales, si sumamos todas las actividades, y además publiqué más de 120 releases, incluyendo trabajos de más de 500 artistas de todo el mundo. Los objetivos han variado año tras año, dependiendo de si estoy yo solo o si cuento con colaboradores y colectivos asociados. Así que poco a poco, en los últimos años, me he ido relajando en busca de un nuevo modelo de autosustentabilidad mucho más profesional. Desde esa perspectiva, creo que el proyecto no ha terminado de explotar todo su potencial y posibilidades y lo considero como una especie de propedeútico curatorial.
La producción es otra de las cosas que haces. Recientemente produjiste Vav, de Vyctoria, ¿qué buscas en un grupo, qué te llevó a trabajar con ellos?
El caso de Vyctoria fue especial. Los conozco desde 2014 más o menos y los vi crecer muy cabrón, especialmente el año y meses previos a su presentación en el Nrmal 2019. En una ocasión que tocaban en el 316, y durante una parte muy densa de su set casi que Black Metal, me emocioné muy cabrón, por lo que les sugerí trabajar un disco. no sin antes hablar con Santi Rodríguez y decirle: “Ven a escucharlos y dime si le entras para que los produzcamos juntos”. Esa es la breve historia del por qué del disco. Son cosas que ocurren naturalmente.
¿A quién te gustaría producir aquí en México?
Ahora mismo sigue el vinil de (SIC). Tenemos mucho material impresionante en estudio. En realidad no busco producir a más bandas. Estoy curioso de ver qué pasa con el mundo en los siguientes meses y ya si en efecto todo este sueño discográfico sobrevive a lo que se avecina, entonces podré ir anunciando qué sigue para Audition. De momento, no tengo prisa de nada.
¿En qué trabajas por estos días? ¿Tienes algún proyecto con gente de Berlín?
Estoy haciendo una interfaz interactiva con realidad virtual para el Konzerthaus Berlin, en colaboración con el compositor Mark Barden, la Orquesta Sinfónica de Berlín y la Universidad de Ciencias Aplicadas HTW.
¿Qué has escuchado recientemente?
Recién escuché Analog Fluids of Sonic Black Holes de Moor Mother. He estado escuchando a Beatrice Dillon, AS Acá (feat. Lalita) de Amnesia Scanner. Me gusta Eartheater, un poco de brutalprog con The Best of the Worst de Weasel Walter y estuve orejeando el catálogo de Staalplaat.
Por último: has grabado con Machinations of Joy, Konstrukt, Angry Lords, Ultraspießer y otros más. ¿Dónde se pueden escuchar esos discos?
Mucho de ese material se encuentra en archive.org y bandcamp. Otro se encuentra descatalogado, como The Sun, the Moon & the Stars, con Konstrukt. Algunas otras cosas en físico como la caja de Decibel (Fiat Lux: The Complete Recordings [1977-2000]), en el que aparezco en el tercer disco. En mi web está listada mi discografía.
David Cortés