Julián Bonequi es uno de esos músicos cuyo nombre no se encuentra en boca de todos; sin embargo, cuando comienza a desplegarse su palmarés, éste se revela formado por una cauda sonora impresionante. Pocos recuerdan su paso por grupos como Decibel (en uno de los álbumes de Fiat Lux: The complete recordings 1977-2000), Humus, Metaconciencia (Bestiario, 2001), Saena o su colaboración al lado de Víctor Méndez (Transfiguración, 1998). Trabajos con Reptilian Mambo, Machinations of Joy, Konstrukt o (SIC), cincelados ya en el extranjero, son todavía menos conocidos en México.
Además de su obra en solitario o como integrante de algunas bandas, desde Audition Records, su propio sello, ha desarrollado una labor como curador de algunas de las compilaciones más interesantes en las que se ha visto envuelta la música de vanguardia de este país en los últimos tres lustros, entre ellas Ruido a ciegas (dos volúmenes) y The Other Mexico. Beyond the Pyramid 2005-2013 (tres volúmenes).
Luego de varias intentonas y con el pretexto de la aparición de Prólogo, su más reciente álbum, finalmente pude concretar esta larga charla con el vocalista-baterista-compositor-improvisador que, dada su extensión, se presenta en dos partes. Al final de la misma, si comienzan a escuchar su música, ya sea en la página de Audition Records, en la de Discordian Records o en el bandcamp de (SIC) o Teatro Holofrénico, llegarán tranquilamente al final de la cuarentena y aún necesitarán tiempo para asimilar su producción.

Julián, cuando te conocí, empezabas a tocar y si bien tus inquietudes eran hacia la vanguardia, éstas aun no se habían manifestado como lo harían años después. ¿En qué año te fuiste a España y qué sucedió entonces que te volviste más radical?
A Madrid me fui en 2004. Empecé a tocar en la Orquesta FOCO en 2006, año en que conocí a Ricardo Tejero y quien me invitaría a tocar con la London Improvisers Orchestra. En 2008 armamos con Dave Tucker (The Fall) el proyecto Machinations of Joy y le seguirían varios ensambles en Barcelona con Don Malfon y el Pricto de Discordian Records, en 2011; con Umut Çağlar y músicos de Konstrukt se grabó The Sun, the Moon & the Stars a mi paso por Estambul y ya más noisero, Ultraspiesser con Julian Percy de Last Dominion Lost, más presentaciones con la Berlin Improvisers Orchestra al lado de Ute Wassermann, Tristan Honsinger y el dúo de Animales Varios con Klaus Kürvers e invitados como Mat Pogo, entre las grabaciones más destacadas. Cuando nos conocimos, alrededor de 1999, yo tenía 24 años y sí, mi idea de vanguardia era otra. Más que radicalidad ha sido una cuestión natural de procesos. Nací en 1974 –año en que se formó Decibel–, y fue justo en 1999 cuando ellos me invitaron a tocar para abrirle a Magma. Antes de eso tocaba con Victor Méndez (Oxomaxoma) y con Germán Bringas, en el Jazzorca o en mi casa. Todos esos encuentros fueron agregando matices. Es importante comentar que trabajo con tecnologías interactivas, haciendo 3D, desde hace 16 años. Lo que quiero decir con todo lo anterior, es que mi visión de la música no viene exclusivamente de lo sonoro. De ahí que con el paso de los años te parezca mucho más aventurado o radical. Finalmente son 27 años tocando.
Comechingones es uno de tus primeros trabajos solistas, ¿cuándo lo grabaste, qué buscaste con él?
En realidad no es un disco solista, dado que el Pricto, compositor y fundador de Discordian Records, intervenía mis improvisaciones con señales a la usanza de la conducción de las orquestas de impro, mismas que yo podía darme el lujo de ignorar o seguir al antojo. Para todos los solos y proyectos de esa época, me gustaba disponer de pautas o instrucciones a manera de concepto. En el caso de Comechingones, fue a partir de una charla con el Pricto sobre discordianismo y acordar algo así como: “drinking and celebrating, calling the devil”.

Otro de tus proyectos es (SIC), ¿cómo lo defines, cuántas grabaciones existen de él?
(SIC) es el dúo que comparto con Rodrigo Ambriz y es bastante difícil de definir, dado que cada grabación o concierto mutamos en algo más. A (SIC) hay que verlo en vivo. De lo más crudo, primitivo y ritual de la historia de la música experimental en México en términos de electroacústica, composición gestual, mucha glossolalia y oscuridad. Existen dos grabaciones disponibles en Audition Records: Live at NK, Berlín (2014) y (SIC) + AG Davis (2017).
Uno de tus trabajos más recientes es el Teatro Holofrénico, ¿por qué el nombre?
Es un proyecto relativamente nuevo, pero en el que vengo trabajando desde hace muchos años en términos narrativos. Comenzó como un proyecto de escritura: “Si un ser sostiene que aprendió a cantar mientras dormía, ¿cómo sería estar todos dentro del mismo sueño o traer conocimiento e interfaces sonoras y narrativas inspiradas de los sueños?”. Por eso que me gusta trabajar con la realidad virtual, por su paridad con el mundo de los sueños y la manera como funciona la imaginación construyendo y proyectando sonoridad y visualidad a nivel espacial desde la mente. El término holofrénico, es un juego derivado de la palabra holografía (todo, entero, completo) y esquizofrenia (dividir, escindir, romper el entendimiento, la razón, o la mente). Para este proyecto me enfoco en interfaces de música invisible, con tecnologías interactivas, realidad virtual o aumentada y sensores. Básicamente son interfaces en mi intención de juntar narrativa, sonido e interacción. Y cada álbum, partitura, o texto se conectan entre sí con otras obras de realidad virtual.
Uno de las primeras grabaciones de Teatro Holofrénico es The Death of the Anthropocene y tiene como punto de partida la transmisión de La guerra de los mundos de Orson Welles, ¿por qué esa obra en particular?
Dado que La muerte del Antropoceno, en su versión original en inglés ocurre treinta minutos antes del fin del mundo tal y como lo conocemos y que es un guión escrito e interpretado en formato de radiodrama, quise hacer un guiño narrativo con la maravillosa interpretación y adaptación de Orson Welles, porque el solo hecho histórico de la cita añadía esa información a los escuchas y entonces podía concentrarme en contar la historia desde otra perspectiva totalmente distinta, donde los alienígenas vienen a cotorrear, drogarse y a decirnos textualmente que ya valió… Luego la historia dará un giro, porque el alienígena tiene un extraño acento mexicano y se descubre, conforme la pieza avanza, que en realidad es un sobreviviente del Apocalipsis. La versión en alemán les recomiendo que la escuchen en términos musicales. Sí se capturó un espíritu retro sci-fi en ambas interpretaciones. Y obvio, la figura de Welles y su voz radial desde luego me inspiraron en el intento de la apropiación radiofónica histriónica, por lo que me divertí muchísimo haciendo el 90 por ciento de las voces, la música, las animaciones 3D y el performance en directo. Como pieza me demandó muchísimo trabajo y tiempo y sería el comienzo de la Trilogía holofrénica (The Death of the Anthropocene, Festival CTM Berlín, 2017; Antagonía. Ópera de cámara y realidad virtual, PAPIAM, CDMX, 2016-2018; Tulpa. El Libro de los Sueños, pieza para realidad aumentada, Laboratorio de Inmersión/Centro de Cultura Digital, CDMX, 2018), a la vez que es la antesala directa del proyecto en curso de Teatro Holofrénico.
En tu bandcamp, al hablar de esta obra, dices que buscas una “disturbing performance”, ¿tu trabajo en general busca ser molesto, perturbador?
Para nada. A mí me interesa la belleza, pero a veces el camino de la humanidad está plagado de oscuridad. Y el tratamiento que se le da a la obra en términos narrativos no me interesa que sea tautológico, didáctico o aterrador. Lo que parafraseas es una cita a las expectivas que despertó en uno de los jurados, cuando la pieza resultó ganadora de la convocatoria del Radio Lab, previa a su presentación en vivo en el Festival CTM de Berlín.
Hace unos años, en Discordian Records, publicaste tres volúmenes de una compilación dedicada a la escena de vanguardia de Mexico. Sin embargo, la han bajado de la página. ¿Cuál fue la intención y quiénes estaban representados en esa compilación?
Todo el catálogo sigue en línea, pero en realidad se publicó en Audition Records. El nombre del proyecto fue The Other Mexico. Beyond the Pyramid 2005-2013. Son los releases 85 al 87 del catálogo documental. Estaba de regreso en México y por una parte todavía teníamos una serie de conciertos corriendo en Berlín con Salon Bruit, en el K77, así que llegando mi idea era continuar con nuestras actividades aquí. De los ocho años que estuve fuera de México, mantuve contacto con muchos artistas sonoros del país y lo lógico era continuar con nuestra propuesta documental, tal y como lo habíamos venido haciendo a nuestro paso por distintas ciudades y en colaboración de colectivos europeos. La compilación contiene 64 tracks en total. Aunque también hay otras compilaciones más de experimentación sonora e improvisación mexicana en Audition, como Ruido a ciegas, 3 volúmenes de nuestro programa de radio en el Centro de Cultura Digital 2014-2015 o el release promocional del fantástico (Ready) Media, curado originalmente por Manuel Rocha e Israel Martínez para el Laboratorio Arte Alameda. Por lo que existen más de 184 proyectos mexicanos y 17 horas de música de la escena experimental en México de las últimas décadas disponibles para su escucha y descarga gratuita en Audition Records.
Desde tu partida a Europa hasta tu regreso, ¿encontraste cambios significativos en la escena mexicana, avances importantes?
Voy a intentar sintetizar esta pregunta para que cobre sentido, tanto si la contestaste diez o veinte años atrás en el tiempo. Me parece quizá más interesante dirigir nuestra atención al presente y reflexionar sobre cuáles serán las nuevas estrategias de la experiencia musical como parte de la sociedad del futuro, dado el actual estado de la cultura del país como del mundo en general. Siempre me ha parecido difícil encontrar el hilo conductor en la música experimental y el arte sonoro y aunque pareciera ser la misma cosa, al igual que la improvisación o dependiendo qué se entienda por música electroacústica, noise o música extrema, quizá la principal diferencia o lo más emocionante es que a veces y por temporadas colindan. Son ciclos de vida proporcionales a su momento histórico. Los nuevos organizadores y colectivos se han ido refrescando y mezclando, rejuveneciendo o revitalizando escenas, dado que ninguna música o estilo de intención experimental tendría por qué verse limitada exclusivamente a un menú selectivo de underground para una audiencia limitada que siempre es la misma. En México siempre ha habido artistas de avanzada, rifando dentro y fuera del país. En términos musicales, me gusta mucho cuando la división de estilos, nichos y audiencias desaparece y se rompe y ya no puede llamársele x o z. Grosso modo, esa línea aparentemente discontinua, entre los nuevos talentos, los nuevos organizadores y los anteriores o los más establecidos, así como la infinita audiencia cambiante, es la continuidad real que generación con generación va pasando una estafeta invisible de lo que podríamos llamar escena. Pero en el momento en que ya no sabemos si es música, arte o qué diablos está pasando, pero que percibimos algo especial como parte de la experiencia sonora o performativa, quizás es que entonces estemos presenciando algo que tenga que ver con la vanguardia en relación a su tiempo. Así sean esbozos. En los últimos dos años son otras generaciones las que están emergiendo, abriéndose paso con otro tipo estrategias y mucha visibilidad y hasta popularidad que nada tienen que ver con el underground tal y como lo conocimos los últimos diez, veinte o treinta años en que todo parecía construirse a contracorriente, para encontrarse con solidez de pie por un tiempo, hasta derrumbarse y desaparecer. Como le pasa a tantos colectivos de los que ahora nadie se acuerda y en que los modelos de ahora le deben mucho a esos otros tantos partícipes que picaron piedra. Repito, me parece que son ciclos de vida y que todo fluye de manera natural. Incluso por oleadas, temporadas y modas. Por lo que el acto de experimentar no ha dejado de migrar ni mutar de significado, adaptarse o reinventarse cambiando rostros, géneros y sonidos, creciendo y retroalimentándose con nueva propuestas, en ruptura o adhesión a lo que estuvo antes, con conocimiento de causa o entusiasmo novel, pero claramente, hay muchísima más actividad y fuerza lindando con la creación no convencional y de eso va la experimentación.
Recordemos que es en los momentos de crisis como el que hoy vivimos –en que hay una sensación generalizada de final y principio de los tiempos o de una especie de reset–, cuando puede ocurrir algo hermoso, algo que cambie todas los aspectos del significado, del sentido o interpretación de lo que es para nosotros vanguardia en 2020. ¿Avances ? Esta es una historia de más de 50 años que no ha parado nunca de avanzar. Existe un coctel de creatividad del que es imposible hablar a la ligera. México es inmenso.
(Continuará)