Revolution, I Love You.
El amor será revolucionario o no será

Déjeme decirle,
a riesgo de parecer ridículo,
que el revolucionario verdadero
está guiado
por grandes sentimientos de amor.
—Ernesto “Che” Guevara

Humano, demasiado humano es una las obras más difundidas del pensador alemán Friedrich Nietzsche. En ella comenta que “pueden prometerse acciones, pero no sentimientos, porque éstos son involuntarios. Quien promete a otro amarlo siempre u odiarlo siempre o serle siempre fiel, promete algo que no está en su mano poder cumplir; lo que puede prometer son actos o manifestaciones que si bien ordinariamente son consecuencia del amor, del odio, de la fidelidad, pueden también provenir de otras causas”.

Esta idea nietzscheana nos permite reparar en que debido al predominio de la violencia en todo el orbe, hoy resulta revolucionario enunciar un “te amo” y es aún más sedicioso afirmar un “te amaré por siempre”. Lo que quizá se le escapó al filósofo alemán, pese a la violencia que presenció en su siglo, es que los actos de odio, fidelidad o amor están actualmente condicionados por la misma violencia. Por ello “I love you” es una frase que necesita resignificarse, más aún por su desproporcionado uso en la mercadotecnia y su desgastada inserción en la cultura popular, lo que la ha llevado al extremo de la banalidad y, efectivamente, al terreno de las promesas incumplidas.

Quizá por ello J. Reynolds (vocalista/guitarra) y Rob Lindgren (guitarra/teclados) decidieron anteponer la palabra “Revolution” a la agrupación que sin más embrollos acordaron llamar “I Love You”.

Desde luego, el nombre remite a los Beatles, pues el cuarteto de Liverpool es un icono obligado para cualquier banda de rock alternativo, pero si no fuese por el empleo indiscriminado y nauseabundo que han hecho de sus referentes algunos de sus más recalcitrantes seguidores, podríamos seguir hablando de un alcance significativo y no de una fórmula gastada.

Sin enigmas y términos rebuscados en su nombre, pues, Revolution, I Love You se formó en Delawere, Estados Unidos, en 2008. Debutaron con el EP Noise. Pop. Deathray, el cual vaticinaba su ahora característico sonido electro noise. Sin embargo, su debut pasó sin pena ni gloria en la escena independiente, como lamentablemente les sucede a muchas agrupaciones de esta década.

Muchas agrupaciones pasan inadvertidas debido a la inmensa cantidad de producciones musicales alrededor de todo el mundo. Si los músicos no utilizan los canales adecuados para difundir sus proyectos, su creación corre el riesgo de perderse entre miles de propuestas, aunque existan millones de oídos. Además, suele ocurrir que quienes mejor manejan las técnicas de marketing son aquellos que acaparan a las audiencias, llevándolas a la enajenación y repitiendo determinado tema de cierto género hasta el tedio. Afortunadamente, este dúo de músicos se mudó a Philadelphia en busca de nuevas oportunidades y después de lanzar su primer LP, We Choose to Go to the Moon, en 2001, comenzó a llamar la atención de los escuchas de la escena indie norteamericana y de los críticos, debido al fabuloso cover a “There Is a Light That Never Goes Out” de The Smiths.   Después de reseñas cargadas de elogios y de calificar en lugares respetables en competencias internacionales de música, Revolution, I Love You decidió mezclar en sus presentaciones una batería electrónica con una batería en vivo, por lo que se integró el baterista Jeff Ornsby. Ya como trío recorrió escenarios, pero fue hasta 2018, después de siete años de no producir material nuevo, que el grupo lanzón el sencillo “Learn to Sleep”, incluido en su más reciente producción, Black Feathers (2020), la cual ostenta en su portada una hermosa pluma negra, recordándonos que un buen diseño suele ser sobrio y sin artificios del photoshop.

Vivimos tiempos en los que ya no se adquieren álbumes completos. Los interesados podrían descargar un track y prescindir de los demás. Pero en este disco sucede lo contrario: puede prescindirse del tema “We Can’t Die Here”, el cual es bastante malo, y comprarse todas las demás canciones, porque como obra total vale cada megabite pagado en la tienda online que se prefiera, aunque al tratarse de una banda independiente el álbum completo se encuentra disponible en su sitio oficial.

Dicho corte, decía, no es instrumental o letrísticamente interesante. De hecho, podría rezarse para que el entusiasmo de los escuchas no muera precisamente en esta canción. Superada esa prueba, se encuentran joyas como “Vicious Vicious”, una canción que inicia con un sintetizador al más puro estilo de New Order, progresa mediante un sonido vocal envolvente y un insistente teclado. Es una pequeña dosis de ruido a la que podríamos comenzar a engancharnos.

Otro tema extraordinario es “Wait”, probablemente la obra maestra de este plato. El fuzz de la guitarra es mezclado con el down/up de una batería precisa y un ruido armonioso que va creando una pared de sonido de principio a fin, la cual no dejará de remitir a los nostálgicos del shoegaze a agrupaciones como The Jesus and Mary Chain, Spiritualized o incluso a Sonic Youth en sus inicios. La versificación de su letra podría hacernos pensar que puede incluirse en el playlist de temas que deseas dedicarle a quien podrías prometerle amor, odio o fidelidad por siempre. Pero cuidado, la letra revela justo la más dolorosa privación del amor. La ausencia de la persona a la que únicamente en sueños puedes volver a escuchar, a la que sólo en sueños puedes volver a abrazar y ya despierto te acompaña como una canción que no puedes dejar de tararear. Probablemente lo único que puede conseguirse mediante este tema, tal como dijo Nietzsche, es una manifestación fidedigna del amor en el aquí y el ahora, lo demás son promesas vacuas del mañana.

“Learn to Sleep”, grabada originalmente como sencillo en 2018, es la canción subsecuente a la obra maestra. La vocalización de Lindgren nos recuerda el suave sonido de los ingleses British Sea Power y su instrumentación nos lleva por los parajes oníricos que explora esta cuasi desconocida agrupación. Su letra plantea una idea muy básica: poder aprender funciones básicas como comer, caminar, dormir… Un momento, las aprendemos cuando somos niños, pero conforme crecemos vamos dominándolas y olvidamos que es un saber aprendido, tal vez por esa razón deberíamos reaprender a dormir; descansar plácidamente sin la angustia que trastorna nuestras noches, porque ello podría permitirnos soñar otras realidades y no quedarnos quietos, como se intitula el enérgico corte, experimental y con texturas electronicosas “I Won’t Be Still”, de su primer álbum, en el que la canción “With Anxious Smiles and Fitful Swaying” habla precisamente de esta ansiedad y mareo que nos invade en una época de pandemias y catástrofes.

El tema más meloso del ahora trío es “Cotton Shirts”, un sencillo de 2012, pero afortunadamente no se trata de un sonido lánguido y aburrido como el que caracteriza a algunas banditas indie que únicamente sueñan con presentarse en festivales como el Coachella y que los reseñe la revista Pitchfork.

“The Atlantic Ocean”, perteneciente al EP del mismo nombre, grabado en 2014, es un tema refrescante. Se trata de una propuesta arriesgada, con una sólida batería y una vocalización con una marcada influencia de Jim James (My Morning Jacket).

Sin embargo, de toda la obra discográfica de Revolution, I Love You, Black Feathers es su mejor trabajo y lo más contestatario y arriesgado que puede hallarse en estos días en la aburrida y tediosa escena noise rock. Cada uno de sus cortes evoca el espíritu revolucionario del amor, el cual debe ser sedicioso para provocar una verdadera transformación.

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Publicado en: Discos