Memorias de un melómano sarnoso
El órgano melódico de Juan Torres

Cuando escucho la palabra kitsch, en lo primero que pienso es en “El órgano melódico” de Juan Torres… y no es un pensamiento grato.

Seguramente muy pocos se acuerdan de dicho organista y del sonido de su teclado. Para las nuevas generaciones ni siquiera es una referencia.

Debo algunas de mis peores pesadillas de adolescencia al llamado órgano melódico de Juan Torres. A mi padre le encantaba. ¿Por qué? No tengo la menor idea. El caso es que durante largos años, cada noche que estaba en casa (que no eran muchas, porque su trabajo lo obligaba a viajar por diversas zonas del país) gustaba de servirse un brandy con hielo y refresco de cola, sentarse en la sala y ponerse a escuchar sus discos en el extraño aparato que teníamos: un híbrido (por cierto muy kitsch) entre consola y tocadiscos que nunca supe cómo llegó a nosotros pero que sonaba durísimo y se escuchaba en cada rincón de nuestro sacrosanto hogar (ocupábamos una casita pequeña, a dos cuadras del centro de Tlalpan, en una calle empedrada de nombre Magisterio Nacional).

Nunca me quejaba del aparato de sonido cuando ponía mis discos a todo volumen (de Led Zeppelin a los Beatles y de Iron Butterfly a Janis Joplin) y provocaba las iras de mi madre (“¡bájale a ésa tipa que canta como gato!”, me regañaba cuando ponía el Kosmic Blues de la Janis), pero cuando mi papá lo usaba, no sabía yo en dónde esconder la cabeza para no escuchar aquello. Porque él era un hombre ecléctico y lo mismo oía a Ray Coniff, Doris Day o Frank Sinatra que a Cuco Sánchez, Javier Solís o el trío Los Panchos. Yo los aborrecía a todos (entiéndase: estoy hablando de fines de los años sesenta, cuando la lucha generacional estaba en su máximo esplendor; por eso odiaba cuanto escuchaba mi progenitor, así como él odiaba lo que a mí me gustaba. Se trataba de una lucha a muerte entre dos visiones de la música que en estos tiempos eclécticos hasta parece irrazonable y absurda… y de hecho lo era). No obstante, mi mayor aversión era contra dos “artistas” que a don Juan García Ayala (mon père) le encantaban: la Rondalla de Saltillo y el inefable Juan Torres, amo y señor del órgano melódico.

Pero centrémonos en este último (podemos obviar a la dichosa rondalla y su insoportable éxito “Novia mía”). No es que Torres me chocara porque me pareciese kitsch (creo que en aquellos tiempos ni se usaba la palabrita, al menos no entre mi gente cercana). Era, sencillamente, que me sonaba horrible. ¿Qué clase de órgano usaba ese hombre? No era ciertamente un Hammond como el que tocaban Al Kooper con Bob Dylan en “Like a Rolling Stone” o Steve Winwood con Traffic en “Dear Mr. Fantasy”. Tampoco se parecía en absoluto al Vox de Doug Ingle en “In-A-Gadda-Da-Vida” de Iron Butterfly. No era como el órgano maravilloso, casi catedralicio,  de Mattew Fisher en “A Whiter Shade of  Pale”de Procol Harum o el órgano lleno de soul de Booker T. en “Green Onions”.

https://www.youtube.com/watch?v=PDgmr8YjuuM

No, no. Aquello era en verdad espeluznante. Sin embargo, el irritante sonido que conseguía sacar de su célebre y ya mencionado organito melódico (un X66, por cierto), lograría volverlo sorprendentemente popular entre la tropa.

Pero, ¿quién era Juan Torres, de dónde diantres había salido? Contra lo que pudiera pensarse, no se trataba de un músico improvisado. Todo lo contrario. De origen guanajuatense (nació en 1930), había estudiado piano y órgano en la Escuela Superior de Música Sacra de León, Guanajuato, aunque le dio más por la música popular, de la que empezó a hacer arreglos una vez que tuvo su órgano melódico al alcance. Grabó un sinfín de discos y hasta su muerte, en 2002, logró convertirse en la pesadilla auditiva de muchos melómanos.

Jamás olvidaré su bigotito y su bisoñé. Juan Torres me dejó marcado. Lo suyo era el kitsch. ¡Pinche órgano melódico!

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Columnas

4 comentarios en “Memorias de un melómano sarnoso
El órgano melódico de Juan Torres

  1. ¡Suena horrible! Mi madre también tenía un long play de él pero afortunadamente nuestra consola casi nunca funcionaba.

  2. Sí, era terrible pero con tu artículo me sacaste una honesta carcajada, que malo era a mi madre le sigue gustando.

  3. Sí, yo tampoco entiendí ese gusto malsano de mi padre por el “órgano melódico” a mi me avergonzaba , si algo le puedo cuestionar como hijo fue ese…

Comentarios cerrados