Vyctoria: nuevos jinetes del Apocalipsis

Suenan los platillos y el juicio final se desencadena. El cielo se fractura, caen relámpagos y al unísono, en una demostración de fuerza e intensidad, el cuarteto Vyctoria (Gibrana Cervantes, violín; José Cortés, guitarra; David Herrera, bajo; Pablo Aguirre, batería) ataca “Djinn”, el corte abridor de VAV, su tercera grabación, un registro marcado por la oscuridad. Es un track pesado, denso, una muralla sólida de doom y stoner. Es demoniaco lo que suena, los jinetes del Apocalipsis se han desencadenado, montados en sus instrumentos los espolean frenéticamente. No es una invitación al viaje, es un secuestro a los sentidos. Todo en esta composición es agobio, a veces hay pausas, pero incluso éstas no dejan de ser ásperas, porque bajo y batería cincelan la losa, la guitarra aúlla y el violín emite gruñidos de dolor que en medio de este caos llega a ser lo más musical.

VAV, dice Gibrana Cervantes, “es una letra hebrea que marca una conjunción entre dos mundos: el interno y el externo, espiritual y físico. Es un signo que también aparece en la marca de Caín, destinado a vagar por el mundo. En nuestro proceso creativo, primero viene la música y después los nombres. Pepe, nuestro guitarrista, propuso el título y nos gustó el trasfondo del significado”.

Fotografía cortesía Vyctoria

Hace dos años, apareció Ahora veo más claro, la segunda producción de Vyctoria. Allí quedó asentada una tendencia  cercana al post punk, temas de largo aliento en los cuales los sonidos aparecen, crean un tejido y después, sobre esa alfombra, comienzan a bordar nuevamente para formar un amplio mosaico aparentemente interminable, siempre el mismo, siempre cambiante, diferente. VAV (Audition Records, 2020) es otra clase de creación, otro diseño sonoro. Más rudo, pesado, hiriente.

“Creo que cuando hicimos Ahora veo más claro —señala la violinista—, logramos concretar ciertos intereses que veníamos trabajando en vivo con nuestra música, como la narrativa de principio a fin. Se pueden sentir la luz y la oscuridad que estábamos atravesando en ese momento. Pasaron dos años y medio para volver a grabar nuestra última producción y en ese tiempo cada quien trajo un proceso musical de experimentar una vez más con nuestros instrumentos y vidas personales que lo llevarían a algo más rudo. Nos hizo empatía trabajar en cosas más crudas, jugar a lo disonante y explosivo con ciertas bases que ya veníamos tocando en concierto. Siempre ha sido parte de nosotros encontrar texturas y atmósferas en nuestras presentaciones y quisimos esta vez plasmar más de eso con VAV”.

“Abrahel”, el segundo corte del álbum, no posee un comienzo tan devastador, pero en cambio sí es lento, es una bestia reptante que avanza con dificultad pero que lo devora todo en su travesía y ocasionalmente deja “huecos” en el camino. En realidad la composición es el soundtrack de un apocalipsis interno y por momentos el violín es el encargado de tocar el réquiem. En vivo debe escucharse sublime, porque para refrendar lo que afirma Cervantes, Vyctoria en directo es una férrea unidad que te trastoca la vida con sus atmósferas envolventes.   Confrontarlos es como pararse en la orilla de un gran acantilado y contemplar la vista: te pasmas ante la inmensidad y temes ser devorado por ésta, pero no te puedes alejar. Simplemente has quedado hipnotizado.

Si los dos primeros temas son doom, “Timshell” (“palabra hebrea que quiere decir ‘tú podrás’ y te permite escoger el camino que tú elijas”), “Xompo” y “Transformar” se inclinan al ambient, pero a uno muy oscuro que sondea el alma, las partes más putrefactas de la misma. (“Todos los nombre en nuestra música —comenta la violinista— vienen después; siempre nos escuchamos y platicamos desde nuestras emociones, creencias o simplemente lo que cada quien sintió por tocar algo. Pepe es el más asertivo con las palabras y es quien le da los significados más descriptivos a nuestra música”.)

Hay en las composiciones un guiño o una influencia de Sunn O))): “Siempre nos compartimos música y somos muy propensos a engancharnos con las exploraciones de cada quien. Creo que en este proceso sí estuvimos escuchando cosas más densas, las posibilidades que existen en las frecuencias graves. Davo, el bajista, es el especialista en estos géneros y siempre tenía un buen disco para hacerte sentir lo más oscuto de tu ser. Recuerdo que escuchaba mucho a Shostakovich (siempre lo hago, ja ja ja), pero quizá se me hizo más fácil meterme al violín fantasmal. Sunn O))) nos gusta a todos, creo que sí es una buena referencia, desde hace años los escuchamos y, por qué no, ¡todo lo hacen vibrar tan bien! Cuando andamos de gira y tocan muchos kilómetros de carretera, nunca falta Black Sabbath. Siempre hemos estado vagando en estos tonos menores; en VAV creo que esa fue más la intención y la composición agarró el camino de lo espeso”.

La más reciente producción de Vyctoria estuvo a cargo de Julián Bonequi (SIC, Teatro Holofrénico), importante músico de quien esperamos hacer pronto un semblanza. De esa relación entre el radicado en Berlín y la banda, dice Cervantes: “Transformar el 316 Centro en estudio de grabación, tener a Santi Rodríguez (Evil Tapes) y todas las ideas para captar el sonido fue exquisito. Conocemos a Bonequi de varios años, creo que él más que nadie ha visto a Vyctoria en todas sus etapas, tanto musicales como emocionales y es alguien a quien admiramos por su trayectoria creativa y aprovechamos todo su conocimiento para plasmar el sonido que imaginábamos para esta producción. Haremos una edición en vinil de cien copias por medio de Audition Records. La idea era tenerlo en mayo, con la gira que teníamos confirmada en Europa, pero por el Covid-19 tuvimos que cancelar varias presentaciones. Sin embargo, esperamos no tarde en llegar a Mexico el paquete de discos”.

A la par de su vida en Vyctoria, Gibrana Cervantes y José Cortés son dos de los cuatro administradores (Gustavo Gil e Iván Almanza completan la plana) del 316 Centro, un sitio que, a la manera de un loft neoyorkino, le ha abierto sus puertas a todos aquellos sonidos que escapan a lo convencional. “El lugar —comenta ella— nació por la necesidad de que existiera un espacio donde uno se sintiera cómodo como músico. A veces es tanto el esfuerzo que hace uno por componer algo, dedicarle tiempo y ganas de compartirlo que me sentía frustrada porque siempre pasaba algo en los lugares que llegamos a tocar. Sentíamos que no era tan difícil hacer las cosas bien y decidimos abrir este lugar para trabajar desde el respeto a lo que nosotros también hacemos. Me siento feliz cuando todos disfrutamos esta parte, tanto músicos, como público y toda la gente involucrada en 316 para que esto suceda. ¿Decepciones? Más que hablar de decepciones lo veo como aprendizajes. Al estar del otro lado de la organización, trabajas las cosas desde muchos sitios. A veces no son como esperabas, a veces puede fallar algo fuera de tu alcance, como que no llegue un músico al show de aniversario, ja ja”.

“Disolver”, la composición que cierra VAV, es tranquila, un remanso de paz luego del maesltrom por el cual hemos atravesado. Su ausencia de agresividad permite, efectivamente, diluir el caos, eliminar algo de la oscuridad que ha perlado el viaje iniciado en “Djinn”, pero este ungüento, forjado en medio del dolor, no es todo luz; funciona como paliativo, aunque igual es el punto de partida del futuro Vyctoria, el próximo eslabón de esta cadena que hoy nos ha azotado sin miramientos hasta dejarnos atónitos.

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Publicado en: Discos