Oxomaxoma llega a su 40 aniversario. Cierto, la alineación es diferente (José Álvarez, voz; Rabdoll, guitarra tormenta y drumoxoide; Prosumer, electronic dub grooves) y la música también ha sufrido mutaciones. Han ido de una economía instrumental que los orilló a la experimentación, a una electrónica más cercana a lo industrial. Al cierre del año pasado, el trío puso a circular Laboratorio para la desocultación sonora de la patamúsica 2020 (LDSP2020), un vinil que además incluye un par de discos compactos: Ambientral y Los ciclos del silencio.
Por si no fuera suficiente, a esta colección de música se añaden el EP digital Vox ex machina (el tema original más versiones) y tres extras. En total, 51 piezas sonoras de diferente ralea.
En el white size (o lado A) de LDSP encontramos cortes electrónico experimentales (“Relentless (Virgin Brains)”, temas con un mínimo de instrumentación (“The Fall (from Whom?)”, “The Box”). En “El suplantador de Zihuatanejo”, el trío abre con un sampleo y mientras las máquinas edifican una atmósfera de “construcción”, la voz de Álvarez trata de contar una historia que el escucha debe completar porque el lenguaje es inintelegible. De las producciones recientes de Oxomaxoma, aquí es donde la voz se acerca más al viejo grupo.
El black size (lado B) inicia con “La vida detrás del vaso”, salpicado de ruidos misteriosos, fantasmales y voces de otro mundo, en un corte que es más un ambiente, un paisaje de la desolación; es como si fuera una dimensión paralela, con esos sonidos (con eco) que parecen pasos y esas voces que emanan de distintos lados y construyen una cacofonía de connotaciones babilónicas. Ambiental también es “Wolves Hunt at Night”, cuyas múltiples percusiones forman un track que va del paisaje al sueño. En “Lullaby”, sobre una base monótona, Álvarez logra uno de sus mejores momentos al canto de los últimos años, mientras en el fondo hay una diversidad de ruidos. Pero en esta composición hay varias voces —todas ellas del cantante, incluso en algunos instantes nos acerca a The Residents— que son un gran acierto y hacen de este tema uno de los puntos más altos del álbum.
Ambientral y Los ciclos del silencio, por su parte, son completos desafíos al escucha; sin duda los trabajos más experimentales que ha hecho Oxomaxoma en años recientes y con su nueva alineación. El primero efectivamente se compone de cortes inscritos en una vertiente ambiental, con destellos de la electrónica de la vieja escuela que en ocasiones llegan a adquirir ciertos rasgos psicodélicos. Está conformado por “3 hoyos y 4 agujeros” (¿cuál es la diferencia entre un hoyo y un agujero?). “4 agujeros” se fragmenta en cuatro partes y en la primera se forma un agujero cósmico con ventiscas, ruidos que oscilan, percusiones; la segunda parte se une para encadenar un corte más largo. Es una combinación de un sueño espacial derruido, mezclada con algunas imágenes superpuestas de un futuro más idóneo, amable y acorde con una idea de bienestar, pero las últimas son como un holograma que no funciona: aparecen y reaparecen. En la parte tres, el cambio se da suavemente, crece la intensidad, la opresión y la densidad aumentan, el sonido pierde claridad para convertirse en algo turbulento, para que en la parte final el agujero se ensanche, comience a atraer hacia la nada todo a su alrededor.
En Los ciclos del silencio hay doce cortes cuya duración es similar al número de la pieza. Para el tercer corte, el silencio, que comenzaba a ser un recurso gastado, cambia a un manejo de los planos sonoros y de la atmósfera; sin embargo, aquí la voz es un recurso sonoro más, pero no necesariamente un instrumento: de algún modo se desaprovecha, porque las más de las veces se reduce al rol de ser un lector de noticias para conformar el soundtrack de un mundo distópico. Este álbum pone a prueba el talante del escucha, lo desafía a vivir durante más de una hora en un mundo de música concreta, de ausencia de musicalidad, de ruidos y silencios, cuyo clímax se da en “Onceavo (Las enseñanzas de Alfred Jarry)”, once desesperantes minutos de absoluto silencio.
Acerca de este disco que apareció al cierre de 2019 y buscará colarse a las listas de lo mejor del presente año hablamos con Prosumer, también conocido como Luis “Bishop” Murillo.

Fotografías: Cortesía Oxomaxoma
¿Qué instrumentos usaron en el CD Ambientral y qué instrumentos se utilizaron en los CD?
La manera de instrumentar estos discos fue distinta a lo que hemos hecho en esta etapa de Oxomaxoma, pero siempre siguiendo la veta experimental. Queríamos recuperar mucho la improvisación y el azar, razón por la cual no hay un instrumento como tal. Lo que hicimos fue montar una mesa amplia y sobre ella poner diversos objetos con los que pudiéramos percutir, raspar, golpear, agitar y romper, además de estructuras metálicas con resortes y cuerdas, botes con otras cosas dentro, un ring de bicicleta, micrófonos de contacto, etcétera. Todo lo anterior lo procesamos en tiempo real con un Korg S1, un pedal Rocktek Delay y un sampler Yamaha VSS30 y directo a la computadora para ser grabado. Obtuvimos cerca de siete horas en varias sesiones que trabajamos con esa configuración que terminó llamándose “La fuente que emana”.

Este CD efectivamente tiene mucho de ambiental, aunque no llega a la inmersividad, parece trabajado con mucha conciencia en el estudio y a veces hay una tendencia minimalista.
Efectivamente. Queríamos hacer un trabajo más industrial, apocalíptico, pero desde una perspectiva más cruda, que la masa sonora tomara su propia forma para recrear un ambiente industrial; de ahí el concepto Ambientral. No hay procesos de edición en estudio más que el de crear un master final. Lo que se escucha son fragmentos que elegimos de las grabaciones anteriores y decidimos acomodarlos para darle un sentido conceptual según lo sentíamos en el momento de realizarlo.
¿Por qué no hay voces en él?
Porque decidimos dejar que hablara “La fuente que emana”, que sucedieran las cosas en ella de manera natural al estar manipulando las cosas para producir sonidos.
Los ciclos del silencio es un disco en el que hay dos ejes: a) el silencio y b) los objetos que producen los sonidos. ¿Cómo decidieron utilizar el primero y cómo encontraron la diversificación del mismo para no hacerlo predecible?
Los ciclos del silencio nació de una larga sesión dedicada a trabajar con el ring de bicicleta. Lo giramos todo el tiempo, lo raspamos, percutimos con otros objetos y lo mezclamos en tiempo real con otros elementos. Mientras trabajamos en esa sesión, de pronto el ring se detenía y el silencio dejaba a la deriva otros sonidos fuera de la mesa de trabajo y lo “politizamos”; es decir que le dimos nuestra interpretación con base en realidades sociales. Por eso el silencio es parte del contexto de todo ese disco, es materia sonora en bruto, pero a diferencia del Ambientral, con menos continuidad. Se complementan pero al mismo tiempo se rechazan. Otro de los objetivos era entregar a la gente esa materia prima tal cual sucedió en el momento de generarla, de presentar el concepto de “Patamúsica” como una solución de sonidos imaginarios sin imaginarlos, sino hacerlos suceder.
“La patamúsica es una derivación de la patafísica de Alfred Jarry”, escribe Oxomaxoma, a medio camino de la seriedad y lo hilarante, en el texto que acompaña al disco. ‘Oxomaxoma ha fundado el LDSP2020 para producir y generar todos aquellos sonidos imaginarios que no pretenden resolver nada; sin embargo, son un espejo acústico de la masa mediática que defiende gota a gota la dosis de absenta sonora, ‘ese líquido puro’ que requiere el ciudadano para relajar su conciencia auditiva. Oxomaxoma, a través del LDSP2020 tiene, ‘sin demasiada fe pero no sin ninguna’, serias intenciones de pertenecer al colegio de la patafísica como miembro activo de una ‘sociedad docta e inútil’ dedicada al estudio de una sonoridad imaginaria y a través de la desocultación de la patamúsica como una rama de la disciplina de Jarry para promulgar como punto de partida que ‘la ley de las excepciones es que nada debe escapar del estado de excepción permanente’. ¿Para qué sirve la patamúsica? Para nada. Es inútil, ni siquiera para trastocar el orden convencional de las cosas, ni para levantar el puño revolucionario, tampoco para analizar y criticar la tecnología y la sociedad industrial actual”.
¿Por qué llevar a cabo ese proceso de “producción”, de manipulación “excesiva” en los cortes que lo integran?
Queríamos explorar otros caminos, ver qué sucedía sin premeditarlo. De pronto te salen loops, ideas musicales que se adaptaron al formato de canción; se les construyó una base rítmica y se les dio un tratamiento más musical con la voz y la guitarra, pero también intentando que no cayera en un estándar. Me gusta mucho pensar este disco en la tradición alemana del krautrock, de buscar una libertad creativa, sin importar lo que saliera.
En total son 51 cortes, ¿por qué tanta música de una sola tirada? Incluso hay dos composiciones nuevas: “Verda’ de Dios que es falso” y “Canción de amor” en los compilados Whispers of the Future Vol. 01 y 02. (Subculture Records).
Sucedió. Es decir, las canciones se fueron construyendo de manera muy fluida. Estábamos inmersos en desarrollarlo y de pronto teníamos todo eso y sobró mucho, mucho más, ¡son casi siete horas de grabación! Pudimos seguir, pero decidimos tomar lo que nos inspiraba en el momento. El track de Whispers of the Future Vol. 02 (“Canción de amor”) es una colaboración con Dr. Kontra que tardó mucho en salir y que efectivamente se compuso en los tiempos del LDSP2020 y nos sobraba, así que fue un buen pretexto sacar ese track en el compilado. Tenemos muchas maquetas. Podríamos editar un par de discos más. Lo que no tenemos es tiempo de terminar el trabajo, lo dejamos fluir pero estamos pensando en sacar cosas en un elástico horizonte de posibilidades. Se nos ocurren ideas e improvisamos sobre ellas y obtenemos cosas que nos gustan. Oxomaxoma es muy divertido por eso.