Lo recuerdo como si fuera ayer. Unos amigos tenían Mad Dogs and Englishmen de Joe Cocker, el álbum doble que contenía un concierto fenomenal del cantante inglés, quien se había hecho mundialmente famoso tras su actuación en el festival de Woodstock, en 1969, sobre todo por su fabulosa versión de “With a Little Help from My Friends”, superior incluso a la original de los Beatles.

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Pronto pude hacerme de la edición mexicana de aquel álbum, prácticamente idéntica a la que apareció en los Estados Unidos en 1971. A mis escasos 16 años, me dejé llevar por la música de aquellos dos discos que hice sonar una y otra vez en mi tornamesa y al leer la información de la funda pude ver el tamaño de los instrumentistas que conformaban a esos Mad Dogs and Englishmen que acompañaban a Cocker.

Ahí estaban entre otros el tecladista Chris Stainton, el saxofonista Bobby Keys, el trompetista Jim Price, el guitarrista Don Preston, el bajista Carl Radle, el baterista Jim Keltner, el percusionista Chuck Blackwell, las coristas Rita Coolidge y  Claudia Linnear (parte de un coro mixto de diez integrantes), pero sobre todo la figura de un tipo de larguísima y leonina cabellera, lentes oscuros, sombrero de copa y expresión un tanto hosca y poco amistosa que respondía al nombre de Leon Russell.

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Russell era el director de aquella enorme banda, casi una compañía circense, tal como se presentaba en las imágenes e ilustraciones del disco. Su piano lo dominaba todo, era él quien marcaba el rumbo de esos Perros Rabiosos y Hombres Ingleses que lo obedecían con tanta disciplina como gozo musical.

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Así supe de Leon Russell y me empecé a interesar en su carrera como solista. Pronto tuve en mi colección de discos algunos de sus elepés en vinil: el peculiar y fantástico Asylum Choir II (1969), grabado al lado del hoy olvidado Mark Benno y que contiene canciones tan buenas como “Salty Candy”, “Trying to Stay Live”, “Lady in Waiting” y la sensacional “Straight Brother”; el estupendo Leon Russell and the Shelter People, de 1971, en el que interpretaba versiones majestuosas de “A Hard Rains A-Gonna Fall” y “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” de Bob Dylan, así como de “Beware of Darkness” de George Harrison, además de varias composiciones propias como “Stranger in a Strange Land” y “Home Sweet Oklahoma”; o el clásico Carney (1972), con temas inolvidables como “Tight Rope”, “Out on the Woods”, “Roller Derby” o la fastuosa “This Masquerade”, una de sus canciones más conocidas junto con las célebres “Delta Lady”, “A Song for You” y “Superstar”.

Russell nació en Lawton, Oklahoma, en 1942, y falleció el día de ayer, de un paro cardiaco, a los 74 años, en Nashville, Tennessee. Luego de sus años de gloria (esencialmente fines de los sesenta y principios de los setenta), quedó prácticamente relegado y lejos de la fama, aunque siguió trabajando y grabando. Sería hasta 2010 que Elton John lo rescatara del olvido e incluso grabaran un disco en conjunto, el excelente The Union, producido por T-Bone Burnett. Esto revitalizó al buen Leon, quien volvió a tocar en público e incluso grabó el álbum en concierto Life Journey (2014) que sería su obra póstuma.

Descanse en paz Leon Russell, seguramente ya reunido con algunos de los viejos camaradas que lo antecedieron en el viaje, entre ellos Bobby Keys, Carl Radle y, por supuesto, Joe Cocker y George Harrison.