La década de los noventa comenzó pocos meses después de la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, en 1989. En México transcurría el sexenio donde el neoliberalismo se constituía como el modelo económico-político imperante. Los tratados de libre comercio comenzaban a abrirle paso libre a las mercancías; algunos países pasaban de una dictadura a una economía de mercado; el panorama de la industria musical estaba expandiéndose, pero aún se encontraba en proceso de transición. Los discos, por ejemplo, no se compraban como ahora por medio de un click en cualquier tienda del globo terráqueo, sino que había que acudir a tiendas especializadas o discotecas sofisticadas para adquirir un compact disc importado a precios exorbitantes. No obstante, las fronteras también se abrían a distintos sonidos como el grunge, el rock alternativo o el brit pop. Este último se caracterizó por su espíritu festivo, la delicadeza de su sonido, la ligereza de las composiciones y la influencia de agrupaciones de la década de los sesenta como los Beatles o los Kinks. Entre las bandas distintivas del pop británico de principios de los noventa se encontraban Blur, Oasis, Pulp, The Verve, Supergrass, Sleeper y Suede.

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Suede o London Suede (como se conoció en Estados Unidos) es una agrupación que se formó en Londres, Inglaterra, justamente en medio de las transformaciones económicas y socio-políticas de 1989, aunque su debut fue prácticamente hasta 1992, con el sencillo “The Drowners”. Ante el predominio de bandas grunge y duetos de música electrónica, la prensa inglesa los recibió con la gran expectativa de que fuese la banda esperada para revitalizar al durmiente pop inglés. La alineación original estaba conformada por el vocalista Brett Anderson, el guitarrista Bernard Butler, el bajista Matt Osman y el baterista Simon Gilbert.

Si bien Suede compartió escenarios con la camada de bandas representativas del brit pop, su sonido deprimente y dramático la hacía contrastar con la mayoría. Su primer LP homónimo, publicado en 1993, rápidamente logró llegar al número uno en las listas de popularidad con los sencillos “Metal Mickey”, “Animal Nitrate” y “So Young”, mismos que demostraron que se trataba de una agrupación heredera del glam rock de T. Rex y el Ziggy Stardust de David Bowie más que del sonido beatle. Su segundo álbum, Dog Man Star, es todavía más oscuro y denso; las composiciones giraban en torno al sexo bisoño, la angustia juvenil y los peligros nocturnos. Con temas como “We Are the Pigs” y “New Generation”, Suede había logrado en poco tiempo ganarse un lugar predilecto en la joven audiencia de los noventa y las publicaciones de música más exigentes. Poco después de que saliera a la venta el single “Stay Together”, Bernard Butler abandonó la agrupación. Debido a que el guitarrista era pieza clave del sonido que los hacía brillar y a que junto con Brett Anderson escribía la mayoría de las composiciones, se creyó que la banda se disolvería. Afortunadamente se regeneró, reclutando a Richard Oakes y Neil Codling. Con esta nueva alineación, Suede produjo uno de los mejores álbumes de su carrera, Coming Up, en el que a diferencia de sus contemporáneos britpoperos cantaba acerca de las descarnadas pasiones que nos destruyen como seres humanos. En este disco, Suede escribe acerca del engaño, el desencanto y la corrosión humana, así como del auge mercantil que nos absorbe y el sinsentido del consumismo que permea nuestras vidas. En ese sentido, todos somos basura, como versa la letra del sencillo “Trash”: “Tal vez, tal vez sea la ropa que llevamos / los brazaletes sin estilo o el tinte en nuestro pelo / Tal vez sea nuestra locura / Porque somos la basura, tú y yo”.

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Aunque el sonido de sencillos como “Trash” hacía de Coming Up un disco festivo, las letras eran reflexivas y crudas, como si se tratara de algo en apariencia dulce al paladar que sólo al ser digerido revela su acidez. Es, pues, el sonido fermentado de Suede el que destilaba Coming Up y que vendría a consolidarse con Head Music, un álbum también enteramente ambiguo, contrastante, con temas de melodías tiernas que en su contenido lírico concentran una ácida crítica al star system. “She’s in Fashion”, por ejemplo, era una aparente oda a la atractiva mujer de pasarela que dicta las tendencias de moda, pero en realidad el tema pretendía evidenciar la frivolidad que envuelve a la industria fashionista. Otro corte característico del sonido acético de esta agrupación inglesa es “Down”, una dramática canción que habla de una joven que en la plenitud de su vida se encuentra agotada de la vida, sin oportunidades reales de cambiar sus circunstancias, carencias a las que se enfrentaban los jóvenes que vivían la crudeza del modelo neoliberal. Una condición de indigencia que no ha cambiado, pues ya sea a principios de los noventa o ahora, todos somos seres insaciados e indefensos en el mundo.

Después de Head Music, tuvieron que pasar once años para que Suede regresara a los escenarios de Coachella en 2011 y editara en 2013 su sexto trabajo de estudio, Bloodsports, el cual versaba sobre la lujuria, la persecución y el eterno juego carnal del amor, aunque pasó inadvertido para las nuevas generaciones y la crítica especializada que estaba más atenta a la nueva ola folk. Este 2016, Suede regresa con otro edulcorante bajo la lengua, Night Thoughts, producido por Ed Buller, habitual productor de agrupaciones como Pulp (ver “El disco de la semana” en este mismo sitio). Night Thoughts contiene tantas notas dulces como frases sombrías que traen consigo un sabor melancólico y melodioso. El disco está acompañado de una película dirigida por el fotógrafo Roger Sargent, editada en DVD en una edición especial.

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Hace mucho que pasó el implacable tren de los noventa. A su paso quedaron vestigios del alegre pop londinense que alegró la adolescencia de quienes no creían en un futuro después del fin de siglo. Quedan algunos exigentes escuchas a la expectativa de un sonido tan suave como ruidoso, quizá el sencillo más adecuado para condimentar esa nostalgia sea “When You Were Young” con el que comienza a despuntar Night Thoughts, pues “cuando eras joven, no había nada correcto ni nada malo”, nada completamente amargo ni enteramente acaramelado, simplemente agridulce.