Dos caras de Giovanni Piacentini están presentes en su reciente disco, Chiaroscuro. La primera es la de su notable capacidad como guitarrista clásico y la segunda, su enorme talento como compositor.

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La idea de Piacentini es la de repetir con la guitarra la técnica del claroscuro que han utilizado muchos pintores a lo largo de la historia, con el fin de retratar la luz y la sombra. Para ello, explora los más diversos contrastes entre frases, armónicos, dinámicas, pulso y rubato, al tiempo que aplica tratamientos electrónicos para matizar el sonido del instrumento de la manera más sutil.

Nacido en la Ciudad de México, este músico comenzó a tocar la guitarra a los nueve años y desde entonces ha desarrollado un extraordinario dominio técnico sobre el instrumento, sin que ello vaya en detrimento de su sensibilidad artística.

De madre pintora y padre médico, italiano y amante de la ópera, desde pequeño Giovanni estuvo rodeado de las más diversas expresiones artísticas y los más enriquecedores sonidos: música sinfónica y folclor mexicano, canciones italianas y bossa nova, jazz y rock, géneros que lo ayudaron a dar forma a su muy particular visión musical.

Informa un boletín de prensa que “su hambre por nuevos sonidos e ideas lo condujo a estudiar a compositores como Takemitsu, Britten, Berio, Ligeti y Xenakis, además de graduarse en el Berklee College of Music y más tarde hacer un Master en la Manhattan School of Music”. Toda esta gama de experiencias lo han llevado a componer una música en la que se combinan elementos clásicos y contemporáneos.

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Piacentini ha escrito y producido obras para músicos como Sharon Isbin (ganadora del Grammy por el mejor álbum clásico en 2010) y el violinista Tim Fain. Su primera obra sinfónica, “Animus”, fue interpretada por la Filarmónica de Nueva York en el Kennedy Center de Washington, bajo la batuta del director David Gilbert.

Al referirse a Chiaroscuro, el compositor y ejecutante afirma que “mi visión detrás de estas piezas es utilizar todo el potencial de la guitarra clásica para reproducir la técnica del claroscuro de manera sonora”. Esto queda claro cuando escuchamos los contrastes musicales entre las frases, los silencios, las secuencias armónicas de una cuerda abierta, el rango dinámico, el pulso rítmico y el rubato, que son su manera de retratar la textura y la perspectiva, como se hace en la pintura.

En el álbum, editado por el sello Navona Records, queda claro también que el músico sabe resistir cualquier tentación de deslumbrar al oyente con su virtuosismo, para concentrarse en la belleza inherente al sonido de la guitarra.

El disco aparecerá a mediados de este mes de junio.